LA MISION 2018: ULTRA TRAIL POR LA PATAGONIA ARGENTINA (110k-160k-200k). CRÓNICA PERSONAL FEDE SANCHEZ PARODI.

Las CARRERAS DE MONTAÑA EN AMERICA han celebrado esta semana con LA MISIÓN uno de sus grandes clasicos.  La Misión es más que una carrera, se asemeja más a un peregrinaje donde las personas completan un recorrido de 110, 160 o 200 km, en un máximo de 80 hs, en forma autosuficiente, en pleno contacto con la naturaleza, en un entorno montañoso.

Para muchos ultreros veteranos, cruzar la meta de La Misión significa que uno ha terminado la carrera más dura y difícil de Sudamérica y una de las más duras del mundo. Para ellos,  obtener la medalla de “Misión Cumplida” es un recuerdo que no se olvida nunca más y una gran recompensa por el enorme esfuerzo realizado.​ Así lo vió nuestro compañero Fede Sanchez Parodi, finalista de los 200k. 

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LA MISIÓN 2018: ULTRA TRAIL POR LA PATAGONIA ARGENTINA.

 

Para completar La Misión no se deben tener habilidades especiales. no es necesario ser un escalador temerario ni un súper atleta. Con un entrenamiento adecuado uno puede llegar a la meta, los ejemplos sobran. Lo más importante para completar una Misión es el factor mental, la “cabeza” manda…… Factores como la determinación, la perseverancia y la paciencia son algunas de las claves para completar una Misión.​

​Se suben enormes montañas, se recorren largos valles, se cruzan arroyos, se bordean lagos y la carrera no se suspende por mal tiempo. Pero lo mejor es que una persona puede completar éste hermoso pero duro recorrido solo caminando, tomándose los cuatro días y las tres noches para llegar a la meta.

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Esta 14º edición La Misión volvía a Villa la Angostura. La propuesta es recorrer los valles y montañas de la zona pero en el mes de diciembre, es decir con las montañas aún con nieve. El desafío está lanzado!…. No te pierdas esta oportunidad de realizar una de las carreras más duras y espectaculares del mundo!…. La Misión….una auténtica aventura…donde llegar es ganar!!!

En 2018 llegaba con tres distancias!!!

  • 200 Km
  • 160 Km
  • 110 Km

Los recorridos pasan por siete grandes valles: Cajón Negro, Ujenco, Bonito, Cataratas, La Negra, Minero y Ragintuco. Pasarán por el Mallín de las Nieblas y el Col Tres Nacientes, y por la cumbre de los Cerros Bayo, O`connor, Piedritas, Buol y Newbery. Tiempo máximo de carrera: 80 hs

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La Misión, una carrera que se corre con la cabeza. 

Crónica personal, por Fede Sanchez Parodi

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Circuitos de 200, 160 o 110 kilómetros para recorrer en menos de 80 horas. Cerros de más de 1800 metros de altura, valles interminables, cruces de arroyos con aguas gélidas, sin puestos de abastecimiento, tormentas de lluvia, viento y nevisca. Ese fue el panorama que se vivió en Villa La Angostura, en la Patagonia argentina, con la carrera La Misión, una de las pruebas más exigentes de Latinoamérica. Arrancamos con el perfil de carrera para los 160km, que habla solo. 

A la hora de hablar de la carrera, hay que tomar dos puntos de vista. Por un lado, el de los corredores Pro, los que aspiran a ganar la carrera y que ni duermen en la prueba. Ellos no tienen problemas con el peso de sus equipos y apenas se detienen para comer algún snack.

Por el otro, está el del corredor popular o amateur, ese que sabe que no la tendrá fácil, que deberá planear una logística de tiempo completo, diagramando la alimentación, regulando el ritmo y eligiendo sus tiempos y lugares de descanso.

Lo cierto es que es una carrera particular, que al ser de autosuficiencia, obliga a la mayoría a trasladar una mochila de alrededor de 6 u 8 kilos en la espalda, lo que impide correr más que algunos pocos kilómetros.

Muchos entrenadores le escapan a esta prueba y no son muchos los inscriptos. Por lo general, la cifra suele acercarse a los 400. No más que eso. Es que más que una carrera, se asemeja a un vía crucis, una cuestión de fe, casi una peregrinación. Con una enorme exigencia física, pero también mental.

¿Una particularidad? Si bien despierta cierta polémica, la organización permite que todos los corredores anotadores en una distancia, en determinado punto del recorrido pueden elegir cambiarse a un circuito menor. Así, el de 200 puede terminar haciendo 160 o 110k sin ser descalificado.

Campeones 2018: En cuanto a los mejores, Nacho Raigoso y Dalila Bosco Haussler en 200k, y Francisco Dragone y la holandesa Anouk Baars en los 160k, fueron los más veloces. En la menor de las distancias, los 110k, Pablo Chiurchiu fue el que menos tardó. Entre las damas ganó Sofía Cantilo, la bonaerense que se impuso en varias ocasiones en las máximas distancias y en esta oportunidad, si bien iba a competir en un recorrido mayor, por una lesión en un tobillo prefirió bajarse y correr un tramo menos.  

Un poco de historia: En el 2005, poco más de 80 competidores participaron de la primera edición organizada por el Gurí Aznarez. La prueba consistía en recorrer 150 kilómetros, portando una lista de elementos obligatorios que permitieran a todos ser autosuficientes. Además, la carrera tenía un factor clave: era con orientación. Recién en 2011, los corredores comenzaron a seguir cintas y marcas, sin tener la necesidad de orientarse con brújulas o mapas.

El mes de diciembre en el Sur lleva a combinar climas en un poco margen de horas. En un mismo día, uno se puede enfrentar a una nevisca, lluvia, frío, vientos y un sol que haga subir la temperatura en un abrir y cerrar de ojos.

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La otra carrera: Los números de la competencia, con el análisis de las estadísticas, explican la dureza de la prueba. Si no hubiera existido el cambio de distancia, más del 50 % de los corredores hubieran abandonado.

Sólo el 20 % de los inscriptos en 200 kilómetros logró cruzar la meta. 22 en los 200k y 65 en los 160k tuvieron su medalla finisher. Pero estos números tienen su porqué.

La carrera inició el miércoles 13 de diciembre en Villa La Angostura, a 800 metros por sobre el nivel del mar. Desde el centro de la pequeña ciudad de poco más de 10 mil habitantes, los competidores debieron dirigirse al Cerro Bayo, donde subieron hasta los 1782 metros de la cima por un camino de autos y luego recorrieron los filos, para luego bajar y dirigirse al Cajón Negro, un escenario con una vista panorámica imponente, con valles y cerros por doquier. De allí, luego de que una tenue lluvia le diera la bienvenida a todos, comenzó una fuerte ráfaga de vientos combinada con nieve. Un cocktail letal, más si se tiene en cuenta que para ese momento, el grueso de los corredores debían subir el Cerro Boul, el lugar más técnico de la competencia.

Piedras sueltas y escalonadas hacen que correr sea imposible. El trabajo en el gimnasio, con escaleras, estocadas y subidas al cajón genera que los insultos al coach hoy se transformen en bendiciones.

Todos lo sufrieron y eso se vio reflejado en las horas posteriores. El valle Cataratas y 10 kilómetros de ruta hacia el poblado de Traful sirvieron para recuperarse del cansancio, pero sólo a medias. La gran mayoría eligió parar en un check-point que tenía lugar en un gimnasio para dormir un par de horas.

Un poco de agua caliente para preparar alguna comida congelada permite recargar las energías y encarar el cerro Piedritas, a casi 1900 metros. Una subida larga, con diferentes niveles de pendientes, abren juego a lo que será uno de las vistas más imponentes. Si bien a nuestras espaldas está la bella Traful, delante nuestro tenemos nieve por todo el recorrido, y una pared blanca que nos golpea. Nada hace suponer que tras unos cuantos minutos por los filos, al descender nos vamos a encontrar con una postal completamente diferente, con el color verde predominando por el Mallín de las Nieblas y el Río Minero con un importante caudal de agua.

Los 30 kilómetros que le seguirían hasta la Estacada (segundo check-point) serían eternos. El paisaje casi ni se aprecia, por el malestar de querer pasar ese tramo. La Angostura no cuenta con muchos senderos “limpios”, sino que al ser un circuito trabado, cuesta encontrar un ritmo veloz.

Allí, en La Estacada, la gran mayoría define bajarse, ir por lo seguro, tener su medalla finisher aunque sean 110 kilómetros. Sólo unos pocos valientes se atreverían a una distancia mayor.

El Cerro Newbery, con una bajada muy técnica, y el Río Voruco sólo sirven para entrar en calor para el punto más exigente. El Cerro O´Connor, con un recorrido por los filos. Lluvia, frío, viento, mucha arena…impiden que se disfrute a pleno la mejor vista del recorrido. Un paisaje conmovedor, de esos que te llenan el alma.

En ese punto, luego de otro check-point, los competidores de 200k deben hacer nuevamente el Boul y el Bayo completo, mientras que el resto sólo debe pasar por la mitad del Bayo hasta llegar a la meta.

Un poco de mí: Ustedes seguramente considerarán que es la parte menos importante de la nota y los entiendo, pero les deseo contar quien soy para que comprendan con qué ojos miro la carrera. Admito que hice 160 kilómetros, cuando a priori pensaba hacer 200. “Al Buol no vuelvo”, me dije ni bien lo superé…y así fue.

Oriundo de Buenos Aires, las elevaciones y el desnivel no están en mi vida diaria. Con pasado como encargado de prensa de los clubes de fútbol de Banfield e Independiente, empecé a correr con continuidad para eliminar el stress que implica depender laboralmente de un partido y que la pelota determine tu suerte, hasta que en 2011 empecé a correr carreras de montaña y me volví adicto.

Hoy tengo dos K42, un K21 de Cali, en Los Farallones, seis carreras de 100 millas en toda la Patagonia, una prueba de 52k en Bariloche (Paso Vuriloche) y dos de 80 kilómetros en el Champaquí, un cerro de la provincia de Córdoba con 2800 metros de altura. Además, una de dos jornadas de 30 kilómetros en las sierras más antiguas de Argentina, en Tandil (el Cruce Tandilia).

Aparte, seis maratones y más de un centenar de carreras de calle de diferentes distancias.

Amo la montaña y en especial, ir al Cerro O´Connor, o recorrer los refugios en Bariloche.

Y en esta prueba me sentí muy a gusto. Ya sea por los corredores, la gran cantidad de conocidos y amigos, o porque realmente estaba muy bien entrenado si definía cumplir el recorrido de 160k en tres noches. Hoy no dispongo de velocidad ni ritmo para una distancia mayor, y el aceptarlo me permitió encarar la carrera con una gran felicidad. Juro que nunca sentí malhumor ni estuve alterado. Mis pies, más allá de una pequeña ampolla, están bárbaros y estoy ansioso de volver a correr, aunque ahora estoy disfrutando de ricos asados, panqueques con dulce de leche y un merecido descanso.

La Misión es una de esas carreras duras, exigentes, de esas que te detonan las rodillas, te llevan al límite y te hacen cuestionar para qué te anotaste, pero que al menos una vez en la vida uno debe hacer.

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Info redactada por Mayayo Oxígeno para Carrerasdemontana.com