100Kms del Sahara 2019 (8-13OCT) ¡Ven a vivirla con nosotros! Concurso #100kSaharaMayayo. Ganador Alex Fraguela.

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Los 100km del Sahara 2019 se disputarán en Tunez del 8 al 13OCT. ¡Queremos que la vivas con nosotros! Una veterana ultra trail que alcanza ya su 19ª edición diseñada y realizada como una puerta amable en precios, servicios y exigencias para descubrir las carreras por etapas en el desierto.

Gracias al apoyo conjunto de Tunis Air, la oficina de turismo de Tunez y la organización ZitoWay un lector de CARRERASDEMONTANA estará allí como corredor-reportero. Si quieres ser tu, atento a este video: Síguenos en las redes sociales, comparte este articulo y por supuesto, dejanos abajo en comentarios la respuesta a la pregunta: ¿QUIEN FUNDÓ LOS 100KM DEL SAHARA?

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LOS 100KM DEL SAHARA, por Raúl García Castán. (Campeón 2014)

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Reencuentro en el aeropuerto de Barajas con viejos amigos viejos y viejos amigos nuevos: Alma Obregon, Sergio Mayayo y Luis Blanco son mis compañeros de aventura desértica. Hay que ver lo rápido que vuelan los aviones y lo lento que funcionan los aeropuertos. A la espera consabida en estos casos se suman las dos horas de retraso con que vuela nuestro vuelo. Pero volamos, volamos al fin y llegamos a nuestro primer destino.

Allí nos recoge el que será nuestro chofer y guía en la primera parte de este gran viaje, y nos deposita sanos y salvos -lo que dicho aquí y ahora parece normal, pero visto desde el asiento de un coche circulando a toda leche en medio de la noche Tunecina no lo es tanto- en nuestro hotel. Lo primero que me sorprende de Túnez es la modernidad de la red de carreteras: lo que es autopista, es autopista, y lo que no es autopista también es autopista: al menos para nuestro chofer, que ocupa impertérrito el carril izquierdo, como si en vez de ser descendiente del corsario Barbarroja, lo fuera del Corsario Sir Francis Drake. Como si aquello fuera la Gran Bretaña, o sea.

Puede que aquí, en Túnez, emitieran el capítulo de Barrio sésamo donde se establecía la diferencia entre arriba y abajo, pero desde luego no el que diferenciaba entre derecha e izquierda. El día siguiente, lunes, lo dedicamos por la mañana a arreglar ciertos asuntos necesarios para poder emprender nuestro viaje, como por ejemplo cambiar, en el banco central, o nacional o como se llame, de Tunez, todo el dinero que nos han dado en la oficina de cambio de divisa y que, según nuestro guía está fuera de circulación.

Afortunadamente resulta que no, es decir, que sí, que sí que vale el parné, según nos cuenta el funcionario de turno después de efectuar el saludo especial que para los españoles tienen en Tunez y que no es salam alekum ni nada parecido, sino una extraña alocución de significado indescifrable que suena más o menos así: “¿Espanioles?: ¡REALMADRIDBARCELONA!” . No sé qué querrá decir.

Horas después emprendemos viaje nuevamente, esta vez rumbo ya al desierto, y pasamos unas horas de agotadora odisea en todoterreno, con transbordo en un siniestro ferry incluido, en cuyo retrete dejamos encerrada a Alma durante unos minutos por no traer Cupcakes.

Llegamos, ya a las tantas de la noche, a nuestro anhelado destino, y allí nos encontramos con la primera sorpresa desagradable del viaje: el encargado del hotel donde teníamos reservadas las habitaciones no sabe -ni quiere saber- nada de nuestras presuntas reservas. Él dice no tener información al respecto, y por tanto no existimos para él. Resolvemos el contratiempo repartiéndonos por los tenduchos del oasis, donde ya están hospedados el resto de los participantes de la prueba. A mí me toca dormir –es un decir- con un numeroso grupo de italianos, ya entregados al sueño y al ronquido, a los que despierto, claro, con mi tardía intromisión. A mitad de la noche uno, de nombre Darío, del que luego, en el transcurso de la competición me haré muy amigo, me atiza un par de mandobles creyendo que soy uno de sus amigotes de tienda.

Pasado el tramite nocturno con más pena –y con más peña, que éramos bastantes en la tienda- que gloria, nos preparamos a tomar parte en la salida de la primera etapa, entre… -no recuerdo ahora el nombre, pero para eso están las crónicas de mis compañeros- y no sé dónde. Pronto diviso a los principales favoritos de la prueba, los italianos Migidio Bourifa (de orígen africano y 4 o 5 veces campeón de Italia de maratón con una mejor marca de 2:09, aunque ya retirado del profesionalismo) y Lambruschini, antigua gloria del atletismo italiano y varias veces campeón de esta prueba. Como no hay dos sin tres, está también el campeón de las 4 últimas ediciones, el alemán Wittek.

Comienza la carrera. Aun saliendo con todas las precauciones del mundo, a la expectativa y observando a los más experimentados en estas lides, como el mencionado teutón, pronto observo con sorpresa que el ritmo es sospechosamente lento. De natural desconfiado, mi primer impulso es pensar que la cosa tiene truco y que en cualquier momento se pondrán las cartas boca arriba y todos estos diabólicos atletas correrán como posesos, dejándome atrás con un palmo de narices. Pero, por otro lado, mi carácter de suyo impetuoso me dice que no, que no; que yo tengo callo en los pies y en el alma de correr carreras de esta distancia y similares y que este no es mi ritmo de competición, ni mucho menos.

Así que activo el ON y empiezo a hacer funcionar un poco la vieja locomotora ¡más madera! comprobando, con sorpresa, que mis rivales se van quedando atrás sin demasiada lucha, llegando a la meta con casi 8 min. de ventaja sobre Bourifa. Las demás jornadas resultan ser bastante similares a la primera. En la segunda etapa, contrarreloj nocturna de 7 km –qué noche la de aquel día-, acordamos no atacarnos entre los favoritos y dejar las hostialidades para las etapas diurnas, por lo que Migidio Bourifa, al que en nuestro desconocimiento del idioma… del idioma… del idioma que sea, terminamos llamando butifarra, burofax y otras cosas similares, Bourifa y yo, decía, entramos juntos y en buena armonía en la meta.

El día siguiente, tercera etapa, empieza también de forma muy similar al primero. Me quedo solo desde el principio, pero confiado por la facilidad con que abro hueco, empiezo a pararme cada vez que se me cuela arena en las zapatillas –cosa que sucede cada vez que piso una duna, lo cual no suele ser cosa del todo rara en el desierto- para intentar evitar la aparición de nuevas ampollas en los dedos (En la primera etapa, desde el km 5 ya llevaba ampollas en los pies). A la tercera o cuarta parada veo, sentado desde el suelo y con la zapatilla en la mano, volcando en el suelo la arena como si eso fuera un reloj de ídem, cómo el segundo clasificado, el omnipresente Bourifa, me adelanta. “¡Ostras!”, me digo. “Esto no podía ser tan fácil. Llegó la hora de partirse el pecho, chaval”. Me calzo la zapatilla y le doy caza, y tras cambiar unas cuantas mentirijillas piadosas del tipo de: “quetalestasbienme alegrohalevamosqueteespero y otras trolas parecidas, empiezo a tirar como un condenado.

Consigo abrir hueco y me digo interiormente que puede que Bourifa me coja, pero va a tener que sudar. (Lo cual tampoco tiene por qué ser excesivamente raro en el desierto del Sahara, todo hay que decirlo). Ese fue un día duro, porque hacía mucho calor y lo único que no corría en aquel sitio donde todos corríamos, era el viento, pero al final pude sacarle a mi rival 9 min en línea de meta.

La convivencia en el campamento era muy buena. La organización italiana nos daba de comer estupendamente y las tiendas, montadas en círculo, como las caravanas, los convoyes de pioneros del Oeste cuando atacaban los indios, era como un teatrillo del mundo a escala, donde todos interpretábamos nuestro papel. Cada vez que tenía que ir a otra de las tiendas –la del médico, la de prensa, la de la comida- andaba más tieso que un lord inglés, disimulando el dolor de mis pies, que no me dejaba casi ni pisar el suelo, casi, casi, como si en vez de estudiar en el Agapito Marazuela, hubiera sido uno uno alumno aventajado del Actor’s Studio.

Ya solo quedaba una etapa de 42 km. Toda mi preocupación residía en el maltrecho estado de mis pinreles. La noche anterior me dediqué a vendarme los dedos uno por uno, cuidadosamente, y ya en carrera me quedé junto a mis rivales, el italianos Bourifa y el portugués de poético nombre Manuel Machado, yendo muy lento hasta que los pies me empezaron a doler un poco menos por efecto del acostumbramiento. Entonces ataqué de nuevo y me fui, como ya sucediera en las jornadas anteriores. Los últimos 10 km fueron casi como si estuviéramos metidos en un túnel de viento, que daba siempre de cara y acompañado de una desbocada tormenta de arena.

Tragamos arena por casi todos los orificios del cuerpo (o por todos, a lo mejor. Últimamente estoy leyendo mucho a Bukowsky, lo siento) y al llegar a la meta, unos cientos de metros antes, me dio por pensar que iba a entrar sonriendo en meta y tenía los dientes llenos de arena, así que con el dedo me cepillé los piños y entré vencedor con una sonrisa quizá no apta como imagen de un anuncio de dentífrico, pero de oreja a oreja, en cualquier caso.

A partir de ahí, descanso y parabienes, entrevistas, comida, bebida, visitas turísticas, hoteles, más aviones y a casa. En fin, todas esas cosas malas de la civilización que tanto echamos de menos cuando no las tenemos. Excepcional la actuación de mis compañeros, especialmente de Alma, que conquistó la tercera posición en Féminas, y con el mérito añadido de no perder nunca la sonrisa.

Ellos tres fueron mi sustento, y no es un modo de hablar, infundiendome no solo los ánimos necesarios para afrontar la competición, que también, sino proporcionándome cuantos utensilios materiales fueron precisos para correr con garantias, muchos de ellos obligatorios y que yo por supuesto no había llevado. Sin ellos el triunfo no hubiera sido posible. Va por ustedes, compañeros.

Españoles en 100k Sahara 2014: Raul, Luis, Alma y Sergio

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MECÁNICA CONCURSO #100KSAHARAMAYAYO

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Participantes: Abierta a todos. 

Premio: Viaje ida y vuelta de Madrid a la carrera, más dorsal y resto de servicios en carrera. (Valor 2.000e aprox)

Puntuación: Condicion mínima necesaria + Concurso meritos.

1.Condicion mínima necesaria: Dejar al final de este articulo comentario en la web con nombre, apellidos y mail de contacto

2.Concurso meritos: Hasta el 4FEB cuanto más compartas en tus redes las noticias sobre #100ksaharamayayo más puntos sumas. Puedes hacerlo vía youtube, facebook, instagram, twitter…o en todas ellas. Tu eliges.

OJO! Puntua cada acción de forma distinta segun la persona.

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  • Habrá 3 finalistas que recibirán aviso previo: Titular, primer reserva y segundo reserva

GANADOR: ALEX FRAGUELA. 2º Shirley Avila; 3º Juan Baeza. 

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2019 TRAE MUCHOS MÁS CONCURSOS COMO ESTE. GRACIAS POR SEGUIRNOS.

 

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100kms DEL SAHARA: GALERÍA DE FOTOS.

 

 

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Info redactada por Mayayo Oxígeno para Carrerasdemontana.com