WESTERN STATES 1974, POR GORDON AINSLEIGH: «Un sendero de desgracias». El nacimiento del ultra trail

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Nuestra sección ULTRA TRAIL AMERICA os trae hoy WESTERN STATES 1974. Y es que, el moderno deporte deñ ultra trail   nació el 3 de Agosto de 1974 a más de 42ºC en pleno verano californiano. Su padre fue Gordon Ainsleigh, quien al echar la vista atrás resumía su historia aquel día como «Un sendero de desgracias» .

Y es que solo una increíble concatenación de desgracias empujó a un gigantón de California para salir a correr solo, contra 200 caballos. Esta crónica de carrera, su puño y letra la traducimos aquí al castellano por primera vez en 2012 y desde entonces ha inspirado innumerables artículos en otros medios de nuestro deporte en castellano. Léela aqui en su versión original, según Gordy.

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UN SENDERO  DE DESGRACIAS, POR GORDON AINSLEIGH (Traducción por Mayayo)

 

En la creación de una de los grandes bendiciones de nuestro mundo. La Carrera de las 100 Millas de Western States.

La Western States Endurance Run  (WSER) y sus 100 millas desde Squaw Valley a Auburn a través de la columna vertebral de las motaña del norte de Sierra Nevada en California ha cambiado muchas vidas (en su mayoría para mejor), y siempre de forma silenciosa cambió el destino de nuestro mundo natural. Se están acercando ya a un centenar las carreras de 100 millas en América del Norte, todas más o menos según el patrón original de la Western States, junto con una gran cantidad de carreras trail de más corta distancia y similar inspiración, sobre todo pruebas en las distancias de 50 kilómetros  (31.1 millas), 50 millas y 100Km (62,2 millas), con algún que otro bicho raro con distancias de carrera de unos 40 o 75 millas salñpicados entre medias.

Cada una de estas carreras de trail hacen su trabajo para la conservación de una parte de nuestro mundo natural mediante el fomento de un alto nivel de uso sensato, no destructivo y mínimamente intrusivo de grandes extensiones de tierra salvaje. El ejemplo más notable de esto es que no tendríamos hoy una presa de Auburn hoy si no fuera por una sucesión de acontecimientos que condujeron a la fundación de la WSER, un evento que provocó a su vez que muchos corredores de montaña de gran influencia hayan caído enamorados del país de las maravillas naturales a través del cual serpentea el trazado.

Todo esto vino de un día lleno de calamidades: 3 de agosto de 1974.

Gordon Ainsleigh en 1974.

Gordon Ainsleigh en carrera. Western States 1974

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En ese día, empecé la versión de carrera pie de la Western States 100 al disputar la prueba corriendo, a la vera de  unos 200 caballos y jinetes que participaban en la Cabalgada anual por los senderos de los Estados del Oeste, un evento para recorrer 100 millas en un día que va desde la cuenca del Tahoe a través de Auburn por las altas montañas y profundos cañones de las montañas de Sierra Nevada y hasta las faldas de la misma, rara vez desperdiciando cualquier oportunidad en ruta para bajar a cruzar un arroyo y volver a remontarse de inmediato a una cresta.

Corre por internet alguna leyenda de que mi caballo quedó cojo tras las primeras 30 ó 35 millas y solo entonces arranqué la WSER a pie, abandonando mi caballo a más de 2.000 metros de altitud en la alta Sierra (dejándolo a los coyotes y pumas para que charlaran con él, supongo) y pasé el resto de 65-70 millas a pie hasta el final.  La verdad es que realmente completé esa competición para caballos íntegramente a pie de principio a fin durante un día de  miedo y sufrimiento, al que siguió una noche repleta de experiencias de otro mundo.

Mucha gente hace cosas extrañas y notables en el fragor del momento, cuando la oportunidad y la necesidad les golpean de forma inesperada en la cara. Pero llevar adelante -a sabiendas y de forma muy deliberada- una fantasía tan salvajemente delirante y su promesa de increíble sufrimiento, eso requiere en verdad una persona que ha sido realmente deformada más allá de cualquier vestigio de normalidad. Usted puede preguntarse, amable lector, qué torturado rastro de acontecimientos crearía un ser humano tan retorcido y fuera de la norma como para que acabara de veras haciendo realidad tal cosa voluntariamente, con premeditación y alevosía.

Los científicos sociales han dejado sentado hace mucho tiempo que las personas de vida normal y confortable rara vez logran cosas extraordinarias. Así que tal vez yo debiera estar agradecido por que mis padres fueran dos de las personas más testarudas que he conocido y se separaran debido a una cabezonada inicial de mi madre a la que mi padre respondió del mismo modo, todo antes de que yo naciera. Lo cual nos dejó a mí y a mi hermano para ser criado por mi madre y mi hiper-religiosa abuela,  quienes se dedicaron a la tarea de hacer de mi hermano y de mí  dos personas de un «separado y peculiar pueblo de Dios” porque EL FIN DE LOS DÍAS podía llegar ahora en cualquier momento.

Mi madre era enfermera, y jugó el  rol de padre y sostén económico de la familia, y mi abuela (su apodo se  pronunciaba “Gumma” pero ella siempre lo deletreó como “Gama”) jugó el rol maternal y se encargó de nosotros y del hogar.

Así que allí estaba yo, en la década de 1950, sin padre en una época en que nadie se divorciaba y cada uno tenía un padre, yendo  a la iglesia en el «día equivocado» (sábado)  y obligado a usar calzoncillos largos hasta el tobillo como  ropa interior en junio, porque sino podría acabar falleciendo de frío.

Un día, cuando tenía 7 u 8 años, salí  al recreo con la bolsa de la comida buscando a alguien con quien ir a comer. Miré a mi alrededor  y no pude encontrar a nadie con quien me sintiera bienvenido. Me sentía dolorosamente fuera de lugar y solo, separado y peculiar, tal como el Dios de Gama quería que me sintiera. Pero entonces mi mente lógica intervino y me di cuenta de que nunca me había sentido así en casa (tal vez porque todo el mundo allí era del pueblo separado y peculiar) No cabe duda: Siempre me sentí amado y querido en casa. Así que con el corazón en la garganta y al borde de las lágrimas corrí todo el camino a casa para el almuerzo, recorriendo una milla por Deer Creek Canyon y las empinadas colinas de la ciudad de Nevada. Gama quedó sorprendida y encantada de verme, me trató como a un héroe, me preparó una comida y tras ella me envió corriendo de regreso a la escuela con un cálido abrazo. Me  sentí tan bien que lo hice otra vez y otra vez, cada vez que me sentí abrumado por ser “Diferente y peculiar”              

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Y de este modo, comenzó mi carrera como corredor.

Más tarde, cuando me hice cargo de la ruta de reparto de periódicos de un amigo, creo que simplemente estaba gafado. Me tocó la ruta con el bucle rural más largo, con los buzones más esperados , y encima  terminaba a dos millas de mi casa,  a la que tenía que volver en lo alto de las crestas que rodean la ciudad. La ciudad de Nevada está construida como Roma sobre siete colinas, y ninguna de ellos tenía pendientes suaves, sobre todo las incluidas en mi ruta diaria. Además vivíamos en la época de las bicis de una sola marcha y con más de 22 kilos de peso. Finalmente me di cuenta de que lo único razonable que podía hacer era caminar por la ruta hasta que las bolsas quedaran algo aligeradas, y luego empezar a correr de ahí en adelante en todos los llanos y las y bajadas. Esto me obligó a convertirme en un corredor de a diario, un patrón masoquista y autodestructivo del que en gran medida he renegado el resto de mi vida  juramentado para el resto de mi vida como corredor de 3 días a la semana.

Luego, en mi primer año en un instituto, la desgracia golpeó de nuevo. Tuve un profesor de gimnasia que, o bien acababa de salir de los marines, o que lo tenía como vocación frustrada. En cualquier caso, consideraba que su clase de educuón física carecía de valor sin unos 10 minutos  previos de doloro “calentamiento” antes de ponerlos con el deporte de pelota del día. Hubo sin embargo, un fallo en sus placeres sádicos: El odiaba a correr. Así que  sintió que Dios le hablaba cuando decidió que la pena máxima por no hacer los suficientes fondos sería asignar a los el castigo más doloroso que el hombre conoce. Bueno, al menos, para hombres como el: v-u-e-l-t-a-s-a-l-a-p-i-s-t-a

Al igual que Larry Bird, siempre he padecido la enfermedad del hombre blanco. Tal como Bird lo definió: “Ni puedo correr muy rápido, ni puedo saltar muy alto” . Y sobre todo, hacer fondos se me da fatal. Encima, los odio de todos modos. Y soy un inepto. Y duele. Así que un día, cuando el sargento Sado nos estaba moliendo con su último lote de flexiones, destrozado de dolor, puse un nuevo plan en ejecución. Así que empecé a hacer el vago y el sargento Sado respondió con su castigo habitual: “Ainsleigh, te estás escaqueando. ¡Vete a dar una vuelta!” A mi alrededor, cuerpos sudorosos arruinados por el dolor me miraban con lástima, compadecidos sabiendo que acababa de entrar en un infierno de sufrimiento mucho mayor que el de ellos. ¿Y yo? Yo era el pájaro, libre de las barras y los grilletes de la máquina de dolor del sargento Sado.

Esto continuó así durante un par de semanas, hasta que un día el sargento Sado se dio cuenta de aquello en lo que me había convertido: “¡Ainsleigh! ¡Eres un vago redomado!” -gritó. Y entonces el sargento Sado hizo lo mismo que el muy respetado médico que se desangró el padre de nuestra nación, George Washington hasta la muerte para detener su enfermedad: Redobló el mismo tratamiento que no le estaba funcionando. “¡Dos vueltas!” A mi alrededor, cuerpos musculosos se estremecieron esforzándose con terror, mientras yo flotaba alrededor de la pista envuelto en un extraordinario dolor. Se me podía ver la angustia en la cara,  cada vez que mi cara era visible para el  sargento Sado,  quien sabía distinguir el bien del mal y al fuerte del débil. Él sabía que tenía que ser muy duros  conmigo para prepararme adecuadamente en la vida. Me pregunto si alguna vez se enteró de que me estaba preparando para la vida como corredor ultrero. ¡El bueno del sargento Sado!

Durante un tiempo todo parecía ir bien y entonces, la desgracia golpeó de nuevo. Todos esos años, mi madre había estado conduciendo desde la ciudad de Nevada City para trabajar como supervisora nocturno en un hospital para tuberculosos en Weimar, a través del a menudo nevado Cedar Ridge y hacia abajo por el tortuoso camino de Bear River Canyon. Mientras tanto, yo me estaba aburriendo dentro de los límites de ciudad de Nevada y acabé  con un pequeño matón  como compañero habitual. Comenzamos a deslizar luces intermitentes y linternas rojas fuera de cada sitio de trabajo de las obras públicas como algo interesante que hacer, dejando siempre los suficientes para que no ocurriesen accidentes. Pero después de un par de emocionantes noches, aquello se nos hizo viejo. Luego me enseñó a robar en las tiendas, que era muy emocionante, aunque yo siempre devolvía cada señuelo de pesca robado o similar, al igual que siempre dejamos las luces intermitentes y las linternas de una noche de vuelta la noche siguiente en otro sitio punto de trabajo de las obras.

En realidad, la pubertad me estaba golpeando muy duro por entonces, y rápidamente me interesé mucho más a fondo por una recién descubierta emoción -LA LUJURIA- de lo que lo estaba en el proceso relativamente menos interesante de sustraer y devolver. Así que me pilló un tanto por sorpresa que después de abandonar en gran medida la búsqueda de emociones con mi amigo delincuente juvenil, cuando le atraparon robando dulces en una tienda Safeway en el vecino Grass Valley, y con la esperanza de obtener una pena más leve si cantaba, mencionó mi nombre junto con los de otros  más dignos y expertos cómplices. Así que mi madre y mi abuela y yo  compartimos una amistosa charla al respecto con un oficial.  Y a pesar de que había devuelto todo lo que había robado, me pusieron en una “libertad vigilada” informal. Fue un día muy malo. En ese momento, mi madre decidió matar dos pájaros de un tiro: Alejar a Gordy de las malas compañías y convertirlo en un sano chico de campo. Y para ella, mudarse a una casa  al lado mismo que el hospital donde trabajaba, reduciendo así  sus viajes diarios de 21 kilómetros a través de Cedar Ridge nevado y las carreteras reviradas heladas de Bear River Canyon, abajo a 3 kilómetros de distancia de la base del Cerro Coyote por unas carreteras que rara vez estaban nevadas.

Lo que eso significaba para mí fue que me encontré yendo a un instituto de nueva construcción, Colfax High, con una población total de alrededor de 300 estudiantes entonces y 400 tres años después cuando me gradué. El equipo de atletismo andaba tapando huecos para la sección de larga distancia y mi profesor de educación física era ahora el director del mismo. Siendo un poco más perspicaz para estas cosas que el sargento Sado, mi maestro de educación física en el segundo año de instituto se dio cuenta que en realidad me gustaba correr, y que competía con Jerry Finch cada día alrededor de la pista para nuestra vuelta de calentamiento antes del juego de pelota del día. Así que me reclutó para la milla, una carrera con la que ninguno de los verdaderos atletas y héroes deportivos en mi clase de educación física (y el resto de la escuela) nunca tendría nada que ver. A excepción de los  hermanos nativos americanos García, Pedro e Ignacio: yo fui su suplente para los velocistas americanos durante un año o dos.

Al principio, mis sueños de gloria se desvanecieron rápidamente al darse con el montón de basura de la realidad: Era el segundo corredor más lento de todo el equipo. Así que el hombre más lento y yo nos quedamos con la prueba que nadie más quería: La carrera de 2 millas. Otros chicos disputaban las emocionantes carreras glamoruosas que tenían la gente en las gradas saltando a sus pies. Todo lo que nos quedaba era la oportunidad de ir dando vueltas y vueltas durante ocho óvalos a un ritmo lento y  aburrido, mientras los aficionados veían la final de salto con pértiga y salto de altura. Así que mi ignominiosa y trágica preparación continuó de forma felizmente inconsciente.

Las humillaciones acumuladas: Incluso en el microcosmos de la humilde e universalmente ignorada prueba de las dos millas, fui capaz de encontrar la derrota. En mi último año en el instituto de Colfax High, perdí el campeonato de la liga escolar por un segundo, dejándome con una asignatura pendiente con  las carreras, un agujero vació de por vida, una oportunidad perdida. Un hambre que me impulsó hacia adelante cada vez que no sabía qué hacer.

Otra decepción fue cuando mi solicitud para la Universidad de California en Berkeley fue rechazada. Tuve que conformarme con la Universidad de Santa Bárbara, donde, por casualidad, empecé a alquilar caballos del Departamento de Recreación y finalmente compré mi primer caballo en el establo de la universidad porque era más barato que las tarifas de alquiler acumuladas. Fue en el granero de ese establo donde finalmente ví por primera vez un folleto en el tablón de anuncio para la Cabalgada de los Western States (Copa Tevis) cuando entré a dar de comer a Rebel. Ah, sí, Rebel: mi propio Rocinante (el supremo jamelgo famoso de Don Quijote) que en realidad, sin astucia alguna de mi parte con el tiempo demostró que había comprado accidentalmente un caballo de una resistencia bastante buena.

Envié una solicitud para la Cabalgada en abril de 1970 y una vez más conseguí ser rechazado en algo. Ya me estaba acostumbrando a ello por entonces. En una carta tan cortés como devastadora, Drucilla Barner, secretaria de la organización, me aconsejó que volviera a pedirlo para el año siguiente en noviembre antes de que se llenara el cupo. Así que me presenté de nuevo en noviembre, y comencé a entrenar a mi caballo galopando por él en torno a un accidentado  bucle de 5 millas con una larga subida al final, sin saber que un recorrido así apenas nos preparaba a ninguno de los dos para 100 millas de montañas y cañones.

Era tan increíblemente ignorantes en 1971 que hice el viaje en una silla casi a pelo, sin estribos. De esa experiencia atroz, aprendí que podría tolerar el dolor de hacer 70 millas a pie sin entrenamiento previo, cuando la alternativa era un aún más doloroso desollamiento infinito de mis muslos a caballo. El revestimiento de plata en la nube llegó por fin 10 días después, cuando por fin pude caminar sin cojear: Entré en la oficina de ahorro y préstamos al mando de Wendell Robie -fundador y presidente de la Cabalgata- para obtener los resultados de la prueba y fuí introducido inmediatamente en el despacho privado de Wendell y Drucilla Barner, su secretaria y asistente en todos los aspectos de su vida. Resultó que Wendell y Dru se habían divertido mucho con mi salvaje ignorancia masoquista y me respetabna por permanecer aguantando mi auto-infligida terrible experiencia hasta completar una conclusión satisfactoria. Me aceptaron en su círculo de amigos, lo que cambió mi vida desde ese día en adelante.

Rebel, aquel primer caballo que compré en UCSB en 1970, resultó ser un caballo de resistencia robusto, duradero y competente. Con un caballo fiable como Rebel, podría haber llegado a ser la segunda persona detrás de Nick Mansfield en terminar 10 Cabalgadas de la Copa Tevis del tirón, y el nacimiento de la WS-100 a pie nunca habría sucedido. Así que después de la cabalgada de 1972 con Rebel, que terminé con relativamente poco dolor (porque para entonces ya me había dado cuenta de que una silla adecuada y salidas de 40 millas de entrenamiento eran necesarios), lo que obviamente necesitaba hacer si alguna vez iba a convertirme en «El Padre del Ultra Trail Running” era deshacerme de ese robusto caballo y conseguir otro caballo que fuera muy poco fiable. Esa oportunidad irresistible vino en la forma de una de las chicas más bonitas tías hippies salidas del sur de California en aquellos felices días de «Haz el amor, no la guerra» y hierba a 75$ el kilo.

Le encantaba la cerveza y la hierba, las acampadas y las fiestas, los caballos en general y mi caballo Rebel en particular. Siempre me dijo que me amaba demasiado, hasta que me convenció para regalarle a Rebel y luego me dejó por un tío chaparro, medio calvo gordo, barrigón y paticorto. Un hombre mayor casado y con un don para la charla de una milla de largo, que a menudo aparecía en las cabalgadas con camisetas que decían. “Free Moustache rides” Quiero decir, ¿cómo podría competir con una combinación ganadora como esa? Sin embargo, durante décadas a partir de entonces, me preguntaba cómo pudo haberme dejado por él, para vivir en una choza en sus establos y fingir, siempre que podía, que estaba siendo mi novia, hasta que su esposa finalmente descubrió lo que estaba pasando y le dijo al marido: “O ella se va o me voy yo” por lo que a la mi ahora ex-novia era se le invitó a marcharse y ella regresó al sur de California, con mi buen caballo Rebel.

Nunca pude entender cómo podía preferir a ese tipo antes que a mí, sobre todo porque ella se me confió varias veces que yo era su mejor amigo y tampoco mostró nunca mucho interés en los “Moustache Rides”. Pero entonces, 38 años después, cuando estaba meditando sobre este misterio en voz alta en compañía de mi vieja amigo Diane, la reina de resistencia a caballo en aquel entonces, que conocía muy bien a todos los actores de este drama, me dijo con exasperación: “¡Gordy! ¡Ese tío tenía las mejores drogas de todo el circuito de cabalgadas de resistencia!” Y entonces recordé cómo me había dicho que amaba a la cocaína más que nada, y cómo me dijo tambien que cuando muriera, quería hacerlo despegando envuelta en una nube de polvo blanco…mientras me ponía una sonrisa de oreja a oreja, caliente como el infierno. Así que esta fue la forma en que aquel barril de vino con piernas enanas consiguió llegar a ser un polvo mejor del que yo era. Pero necesitó drogas para alcanzar ese estatus. Ahora ya me sentía mejor.

“¡Oh!” Era todo lo que acerté a decirle a Diane. “Nunca he sentido que valiera la pena gastarme el dinero en drogas así que nunca se me ocurrió que tendría que pillarlas por ahí para mantener a una mujer a mi alrededor” ”Bien Gordy, eso explica muchas cosas.” Me dijo finalmente.

De todos modos tuve que conseguir otro caballo. Ahora, si yo hubiera conseguido otro caballo fiable como Rebelde, nunca habría habido un Western States Endurance Run, lo que habría retrasado mucho o incluso o borrado el futuro del deporte del Ultra Trail running. Así que la Divina Providencia intervino para preservar el destino de la versión peatonal de la Western States 100. La intervención desde lo alto llegó en la poco probable forma de que el hombre que elegí para ser mi mejor amigo durante el invierno de 1972-3 fuera una persona tan moralmente en bancarrota que en nuestra hora de necesidad (su necesidad de dinero, mi necesidad de un caballo) no dudó en venderme un caballo que los veterinarios le habían confirmado ese mismo verano que tenía un problema de cojera permanente, con las palabras: «De lo único que nunca tendrás que preocuparte con este caballo es que se quede cojo., Jamás ha dado un paso en falso hasta ahora.”

 Así que el siguiente verano de 1973, mi nuevo caballo quedó cojo por supuesto, y lo hizo en mi entrenamiento final justo una semana antes del gran evento del año. Estaba devastado, caminando de vuelta hacia la meta de la carrera en el recinto ferial, llevando del ronzal a mi caballo nuevo recién cojo, cuando una voz alegre me llegó desde el jardín de Drucilla a la izquierda de la carrerta: «Bueno, hola Gordy Cómo van las cosas?» Ella estaba fuera regando las flores.

Empecé a desgranar mi larga y triste historia de dolor, pero Dru me detuvo, dejó la manguera, y dijo: “Espera, no te vayas. Ahora mismo vuelvo…” Desapareció en su casa y volvió con una botella del más exquisito vino blanco y dos copas. Nos sirvió una copa a cada uno, se sentó conmigo en el banco junto a un poste al lado de su camino, y me dijo: “Bien, vamos allá.” Y escuchó mi larga y triste historia. Cuando terminé, me aconsejó que mi caballo de nuevo herrado por un profesional (había puesto antes unas herraduras corrientes) y sentenció el asunto con total naturalidad: “Si ese es el problema, en seguida estará bien. Si no es el problema, tu caballo seguirá cojo la semana que viene cojo”

Debía parecer como si alguien hubiera atropellado a mi perro favorito, porque ella continuó: «E incluso si tu caballo queda cojo la próxima semana para la Cabalgada, no es el fin del mundo De hecho, incluso podría ser una bendición oculta» Ni la miré. “Sí, vale.” Murmuré con mi voz más deprimida y un lenguaje corporal a juego. No tenía mucho importante que hacer entonces con mi vida, y aquella Cabalgada de las 100 Millas de los Estados del Oeste era lo más grande de los grandes, desde mi perspectiva.

“Pues bien” -dijo alegremente- “Cada año pareces pasas más tiempo en el suelo que en el caballo, y nosotros nos preguntamos cuando vas a dejar al caballo detrás y hacerlo todo a pie..” Me la quedé mirando atónito. Ese  “Nosotros” era una señal de la realeza. “Nosotros” eran ella y Wendell. Fue un poco como conseguir una invitación directa de Dios. Después de una breve pausa, Dru continuó:. “El año que viene será el 20 º aniversario de la carrera, y creo que sería un momento maravilloso para que dejes solo tu caballo en el pasto y correrla toda entera” .. Así que sabía que estaba recibiendo la invitación de El Altísimo. Todo lo que dije fue. “Bueno, tal vez…”

Sin embargo, la Western States Endurance Run nunca podría haber sido si yo hubiera hecho lo razonable: conseguir otro caballo resistente y duradero. Sin embargo, uno de mis más grandes dones en la vida es mi habilidad para procrastinar las cosas de forma extravagante. En consecuencia, cuando llegó el verano de 1974 todavía tenía el mismo caballo con el mismo problema de cojera. Logré completar varias salidas de 50 millas después de eso, pero quedó claro que nunca haría 100 millas del tirón. Así que no me quedaba más remedio que correr entera la Western States 100, o sentarme en el banquillo y ser un espectador. Y nunca he sido un gran espectador.

A lo largo de la primavera de 1974 había entrenado duro para el otro evento importante del año, el Monta & Ata Levi, a mediados de junio. Yo estaba en excelente condición para una distancia de maratón, pero nunca corriendo en carretera pues mi formación se centró en los senderos. Mi compañero Jim Larimer y yo ganamos el Monta & Ata ese año de forma tan clara que no vimos un solo rival en las últimas 15 millas de un trazado de 42. Incluso nos salimos del recorrido durante varios minutos, y ya estábamos de nuevo secos y descansados cuando llegó el segundo equipo llegó casi 17 minutos después. Pensé que estaba en buena forma, y que la Western States estaba aún a el oeste de siete semanas. Decidí pensar en ello durante una semana y luego tomar mi decisión.

Me decidí a ir, y con seis semanas antes de la gran cita, me puse a pulir mi condicionamiento de maratón enfocándolo a prepararme para mi nueva meta, más distante. Decidí entrenar mi cuerpo de la misma manera que había entrenado a mi caballo: Entrenando sobre las últimas 40 millas de la Ruta de la Western States desde Michigan Bluff a Auburn todos los sábados. Bueno, al menos ese era el plan. Rápidamente me di cuenta de que el camino a Auburn era tan duro para mí que necesité una semana y media para recuperarme lo suficiente antes de intentarlo de nuevo.

Aquel de 1974 fue un verano muy caliente. El trazado de hoy sube suavemente a la Green Gate, a medio camino de la ribera sur del Middle Fork American Canyon, y serpentea durnate 10 millas entre los árboles entradando y saliendo de las verdes barrancas del lado norte. Pero en aquellos días, el camino se quedaba en la orilla norte del río, brutalmente expuesto en un lugar seco y caliente, a pleno sol, para la subida brutal todo el camino hasta la cima de la Brecha Foresthill Divide en Echo Hills un pequeño resort privado de clase media-baja con una piscinita, snack bar y mesas de picnic, que siempre estaba cerrado cuando pasaba a las 10:30. Había incluso alguna rampa brutal de propina en esa subida, porque cuando llegabas casi a la vista de la cima, el camino caía abruptamente hasta llegar al fondo de un cañón y volvía de nuevo a trepar brutalmente hasta el otro lado. Pero por lo menos la parte final de la subida (a diferencia del resto de la subida brutal) tenían buena cobertura arbórea. ¿He mencionado que esta era una subida brutal? Afortunadamente, llegaba allí antes de que se asentara lo peor del calor y siempre había una botella de Gatorade que dejaba mi novia en su camino de regreso tras dejarme con el coche en Michigan Bluff.

Después de eso, era como descender a los infiernos durante las siguientes 10 millas. Yo por lo general llegaba a través de las colinas alrededor de Echo sobre las  10:30-11 a.m., y siempre me llevó hasta las 4 de la tarde para lograr completar tambaleante las 17 millas finales hasta Auburn. El trazado caía tan abruptamente hacia el fondo del cañón que tenía que trabajar para llegar allí abajo, y luego seguía sobre ardientes bancos de arena y tramos con un piso de cantos rodados y pisadas miserables. En la parte inferior del cañón, pero lejos del río  de agua fresca. Nunca hubo nubes y durante el calor del día, el sol me cocía desde arriba y la arena ardiente y las rocas me recocían desde abajo.

Había una salvación redentora en esas 10 millas de infierno integral: Un arroyo fresco y profundamente sombreado en la boca de un cañón lateral. Nunca se secó como todos los demás lo hicieron en aquellas 6 semanas. Me tambaleaba hasta el, me derrumbaba a beber, descansaba allí agotado durante unos 20 minutos y luego tocaba levantarse y reanudar mi viaje a través del infierno. Mirando el lado positivo, estaba haciendo un maravilloso entrenamiento para el calor pero no puedo el lado brillante durante ninguno de aquellos días miserables. Todavía de vez en cuando recorro ese camino en los días calurosos recordando los buenos viejos tiempos y nunca dejo de beber en aquel refugio con sombra fresca en la boca del arroyo.

En aquellos días, andaba montado en una de las mejores motos de trail del mundo, una Kawasaki 350 Big Horn. Así que el jueves antes del gran día, empaqué diez botellas de litro de Gatorade en una mochila, y nos dirigimos a lo que hoy es el avituallamiento de Lyon Ridge. Yo había marcado  en mi mente cada lugar en que pensé que iba a necesitar una botella de Gatorade desde Squaw Valley hasta Michigan Bluff. Hoy en día, con una adición y una omisión, hay un avituallamiento oicial  en cada lugar en que dejé una botella de Gatorade aquel 1 de agosto de 1974. No pensé que iba a necesitar una botella en Dusty Corners, ya que era una mayoría simple, bajando a 3 millas hasta Last Chance. ¡Oh, cómo llegué a lamentar esta omisión dos días más tarde!

El día anterior Sábado, 03 de agosto 1974, empecé a hacer los arreglos para el próximo fin de semana con la novia que me había dejado en Michigan Bluff y dejó Gatorade en las Echo Hills durante toda mi preparación de cuatro entrenamientos en las últimas seis semanas. Nunca se me había ocurrido que ella no querría estar allí conmigo, encontrándonos siempre que se pudiera ni que no me ayudaría tanto como fuera posible, ya que se embarcó en lo que yo sabía era el esfuerzo más importante y difícil que había intentado nunca en mi vida. Así que me sorprendió y me sentí abatido cuando ella me informó que no subiría a la salida en Squaw Valley conmigo la tarde del viernes. Que no estaría ahí toda la noche para sostener y calmar mis miedos, que no estaría allí en la mañana para desearme suerte y verme partir, y que no estaría allí para encontrarse conmigo en Robinson Flat y Devils´s Thumb. “Voy a las carreras de cacharros con Margaret la noche del viernes. Nos vemos en Michigan Bluff. Estarás bien.” Me informó alegremente. Así que empaqué un solo saco de dormir y le pregunté a mis amigos Dave y Diane si podía dormir en la parte trasera de su remolque de caballos sobre la estera de goma, después de recoger la caca de caballo lo mejor que pude. Decir que me sentí deprimido, abandonado y dolorosamente solo sería una obra maestra del eufemismo británico.

3 de agosto 1974, la temperatura es de 42ºC grados en California. Dos caballos murieron a causa de la carrera ese día. Sufrí más allá de mis imaginaciones más salvajes, pero ese fue el día que me encontré con la historia de la fundación de la Carrera de las 100 Millas de Western States y el deporte de ultra trail running, en un día de calor directamente venido del Infierno de Dante, y una noche de extraños sucesos y aún más extraña función mental.

Le debo a mi amiga Diane (de Dave y Diane y el remolque de caballos con la alfombra de goma y el perfume de caca de caballo a través de la noche) el hecho de que llegara a Auburn, y que hoy haya una Western States 100-Mile Run y ​​un deporte de ultra trail running del que puedo disfrutar hoy en día. En la milla 46, en la parte inferior de la mitad norte de Fork Canyon, ayudé a sacar a un caballo exhausto en un vado,  tras haberse hundido en aguas más profundas al cruzar el río más arriba. Sabía que ese caballo se estaba muriendo y llegué a Devils´s Thumb, tras dos millas y 600 metros de ascensión más tarde, en todo un estado: Exhausto, asustado, y habiendo decidido dejarlo. Pero la Divina Providencia había dispuesto que Diane estaría allí con su  caballo ligeramente cojo. Ella corrió hacia mí cuando entré en el control y emocionada me preguntó cómo lo estaba haciendo. Lo dejo. Le respondí. Bien, no lo dejes en este momento,me dijo efusivamente. Pasa bajo este árbol con Page y conmigo para hablar de ello. Así que Diane me alimentó con agua y tabletas de sal (que tontamente no había tomado hasta entonces), masajeó mis piernas maravillosamente, y me habló con mucho cariño. Media hora más tarde me estaba sintiendo muy bien, recuperado y cuidado, y listo para terminar mi carrera en Auburn. La novia que se fue a las carreras de cacharros con Margaret pronto sería historia, Diane ha sido mi amiga desde entonces, y en el mundo de las Consecuencias Imprevistas, un montón de nubes con guarniciones de plata fueron creadas en la vida de un montón de gente que siguieron mis pasos, mientras yo seguía los pasos de Wendell Robie. La mayoría de ellas nunca las conoceré, pero sí sé que el deporte que empecé ha permitido a muchos personas a su vez convertir unos limones muy serios en una estupenda limonada en sus propias vidas.

Tuvo que suceder de esta manera: Un niño al que (1) hicieron sentir  tan peculiar que tenía que(2) empezar a correr a casa para comer sin sentirse solo, (3) tuvo un maestro que lo castigaba con sadismo equivocado al hacerle correr vueltas alrededor de la pista, (4) fue un completo fracaso en todos los eventos de velocidad y se vio obligado a disputar las pruebas de pista más largas que nadie más quería hacer, (5) no pudo ganar el campeonato de liga de la carrera de 2 millas en su último año de instituto, dejándolo con asuntos pendientes en el correr para el resto de su vida, (6) fue rechazado por la Universidad de California – Berkeley, lo que le obligó a (7) ir a la menos prestigiosa UC Santa Barbara donde había un caballo decente resistencia esperando para ser comprado (8), era tan ignorante que intentó montar durante 100 millas con una sillas casi a pelo, sin estribos, lo que le obligó a demostrar que podía hacer 65 o 70 millas a pie, (9 ) eligió como el amor de su vida en el verano del 72 a una mujer sin fe que iba a hablar con él de su caballo, buena resistencia y luego lo dejaría por un tapón gordo, calvo y casado con quien malvivir en un cobertizo en su establo para tener relaciones sexuales con él por la cocaína, (10) era tan mal juez de carácter que eligió como su mejor amigo a un chico que a sabiendas y alevosamente le vendió un caballo cojo, (11) era un vago que iba a dejar pasar un año entero sin reemplazar ese caballo cojo, aunque sabía que era (12) el tipo de hombre que odiaba ser un espectador, incluso en (13) un día tan caliente que hasta los caballos se acabaron muriendo.

Hoy en día, los caballos ya no mueren de calor y agotamiento en el recorrido de la Western States. Como resultado de los conocimientos que adquirí durante mi día en el infierno, viendo un caballo moribundo en el fondo de un cañón de 2,000 metros de profundidad, hice sugerencias a Wendell para la colocación de un puesto de control veterinario nuevo en Last Chance, que tapa el agujero en la red de seguridad veterinaria que protege a los caballos.

Y a causa de todas las cosas malas que sucedieron en mi vida durante todos estos años, nosotros los los corredores de montaña podemos ir hoy a casi cualquier lugar de América del Norte y disfrutar un majestuoso sendero a través de algunos de los lugares más bellos del mundo. Tal como se atribuye a los dichos de Buda: La flor de loto más hermosa es aquella surgida de un montón de estiércol. Y así tenemos hoy la Western States Endurance Run y ​​el deporte del ultra trail running como los frutos gloriosos que surgieron de la pila de estiércol de mi vida anterior.

Carlos y Lorenzo Prieto con Gordon Ainsleigh. Meta Western States 2015.

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Info redactada por Mayayo Oxígeno para Carrerasdemontana.com