Cien millas por los Alpes Suizos: Cronica personal, Pruden Berrocal

Ultra Monte Rosa, desde dentro. Crónica personal por Mayayo. El pasado finde vivimos una gran aventura en pleno corazón de los Alpes Suizos, con la sexta edición de esta prueba,

Tras compartir la crónica deportiva, con victorias de Oli Jhonson y Jasmin Paris, seguimos con la carrera de los populares: Ya vimos la «Mischabel Lauf» 64k de Mayayo. Hoy vamos con la prueba reina, las 100 Millas por los Alpes suizos.

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CIEN MILLAS POR LOS ALPES SUIZOS

Me pide Mayayo que escriba una crónica de la Ultra Tour de Monte Rosa, y lo cierto es que me pone en un bendito aprieto, porque es muy difícil ser objetivo con alguien hacia quien se siente mucho afecto, y como esa es mi situación respecto a esta carrera y sus organizadores y voluntarios, va a resultar complicado, pero intentaré ser objetivo.

¿Y por qué tienes tanto afecto?. Pues porque fui a las ediciones de 2018 y 2019, y aunque la de 2019 fue suspendida por las malas condiciones meteorológicas, el recorrido es espectacular y el cariño con el que está organizada la prueba y el de los voluntarios, es impresionante.

Es una organización pequeña, para un pequeño número de corredores, seleccionados por currículum, y si interactúas con ellos, te haces de amigos entre los voluntarios, que se desviven por los participantes. De hecho, uno de los objetivos era completar la carrera con dos amigos que finalmente no pudieron viajar, y el otro era visitar a los amigos de la comunidad UTMR.

Digamos que siendo uno de los pocos españoles habituales de la carrera, con un nombre poco común, y habiendo interactuado mucho con los voluntarios, son muchos los que me conocen y a los que conozco.

ULTRA TOUR MONTE ROSA: UN EVENTO EN FAMILIA

La carrera es un recorrido circular desde Grächen, un pueblito precioso, espectacular, del cantón del Valais, y en principio rodea el macizo de Monte Rosa por Zermatt, pasa a Italia, y vuelve a Suiza por Saas Fee.

Debido a las restricciones por un virus del que quizá hayáis oído hablar, este año se desarrolló íntegramente por territorio suizo, a lo largo de teóricamente 175 kilómetros y unos 11.000 m D+.

Como el GPS me hizo algunas cosas raras, no puedo asegurar hasta qué punto esa medición es correcta, pero no debe estar muy desencaminada. La carrera es extremadamente dura; se anuncia como intrépida, bonita y brutal, y todo ello es cierto. 

Estas cien millas son una carrera limitada a 300 participantes, de los que poco a poco se fueron cayendo unos 100 debido a las complicaciones para la movilidad derivadas del Covid. Esto afecta particularmente a carreras muy cosmopolitas, como es este caso, y me explico: la carrera es en Suiza, pero la organizan ingleses, con Lizzy Hawker como cabeza visible, secundada por Richard Bull.

Llegamos el lunes mediante transporte público, fácil pero caro, en el que coincidimos con una holandesa, Karlijn, que va a trabajar como voluntaria en la carrera; adaptación en altura el martes, chequeo estricto de material el miércoles, y a descansar para la carrera.

En definitiva, que en la línea de salida estábamos unos 200 participantes: cuatro que corren mucho, muchos que corren, y otros muchos que trotamos y andamos. Mucha pata gorda, edad media elevada y gente del tipo alpino, de esos que no corren pero tampoco dejan de avanzar.

 ULTRA MONTE ROSA: ¡Arrancamos!

Antes de la salida dejamos las bolsas para las bases de vida, Richard Ball dio su charla técnica, me coloqué en mi sitio, a la cola del pelotón, y a las 4:00 empezamos a trotar en dirección al refugio de Europahütte, que estaba en el kilómetro 17.

Abajo podéis ver el vídeo de la salida. La noche estaba templada y salí con pantalón corto, que no cambiaría en toda la carrera, y dos camisetas. En ningún momento de la prueba usé camisetas térmicas ni guantes, algo sumamente extraño en esta prueba.

Mi idea de carrera consistía en buscar un margen de un par de horas sobre los cortes, no parar mucho en avituallamientos ni bases de vida, e ir gestionando comida, bebida y sueño, durmiendo las dos noches, para intentar llegar sin grandes apreturas.

Los primeros kilómetros son fáciles, por el Europaweg, el Sendero Europa, trotando junto a las acequias de la falda de la montaña, entre el 10 y el 12 tenemos un par de kilómetros llanos y enseguida empezamos a subir seriamente hacia el refugio, 1300 mD+ en 4 o 5 kilómetros, que nos ponen las pilas.

Avituallo rápido y empezamos a bajar hasta el puente peatonal colgante Charles Kuonen, tremenda obra de ingeniería; el puente impresiona, más aún si hay alguien andando cerca de ti, pero no es en absoluto peligroso.

Lo cruzo y empezamos a avanzar por la falda de la montaña en dirección a Täsch; pasamos algunos túneles, el sendero es estrecho y hay que tener cuidado en algunos tramos, pero vamos bien.

avituallo en Täsch, donde están Vince el diablo holandés, que es una mente de muchacho travieso en una persona de 50 años, y Lisette, su mujer, buenos amigos a los que tengo mucho aprecio, bromeo con ellos, y sigo hasta Zermatt, más fácil, con un tramo final en descenso.

Llegando a Zermatt voy notando un calor en la espalda que no me gusta nada, se me mueve la mochila porque la hebilla de la correa de la cintura no retiene el elástico, y me está rozando. Verás tú.

 ZERMATT, TEMPLO DEL CERVINO

Llego a la base de vida en Zermatt, km. 36, con casi hora y media sobre lo previsto para el corredor más lento, y recojo la bolsa, voy al baño, como, me aplican crema hidratante en la espalda, bromeo con los voluntarios, en lo que sería una constante de la carrera, y salgo pitando para hacer un bucle que nos llevará cerca del Matterhorn.

Este bucle me tenía mosqueado, y sospechaba que no iba a ser tan sencillo como podría parecer. Efectivamente, entre el 38 y el 52 nos colocaron otro kilómetro y pico de ascenso, pegaditos a la montaña emblemática, pero bueno, al principio de la subida me encuentro a Keith McIntosh.

Me pregunta por la familia, los amigos y demás, y me dice, bueno, tú has estado aquí otras veces y sabes lo que tienes que hacer; adelante y hazlo. Es tan simple y tan complicado como eso; sigo avanzando y en el 46 llego al avituallamiento en Stafelalp, en el que se podía comer algo, manteniendo la hora y media sobre el horario más lento.

En este punto empezaron a aplaudirme con ganas como unos 40 metros antes de llegar, y al llegar les digo en inglés: “no me puedo creer que a todo el mundo le aplaudáis así; por favor, decidme que esto es algo especial para mí”.

Carcajada general, las manos echando humo, y risas hasta que llega el siguiente corredor, empiezan a aplaudirle y tengo que chistar y llamarles la atención para que no le aplaudan tanto, a ver qué es eso de aplaudir tanto a un cualquiera; más carcajadas y salgo de allí con unos italianos, camino del hotel Trift, un hotel en medio de la nada más maravillosa, a cuyos pies hay un avituallamiento sólo con bebida que llevan Hernán de Lahitte y Helena.

Hablamos de conocidos y amigos comunes, bromeamos otro poco y junto al polaco Rafal y a un alemán cuyo nombre he olvidado, bajamos nuevamente hacia Zermatt. Allí, km. 61, ya atardeciendo, acudo al médico, me limpian y aplican una crema desinfectante en la espalda, pinchan una ampolla, como algo,.

RUMBO A ST NIKLAUS

entrego la bolsa y salgo con un italiano, Augusto, y una francesa hacia St. Niklaus, en un tramo llano de 20 kilómetros por el valle, prácticamente llano y picando hacia abajo, pegado al río y la vía del tren.

Este es un tramo peligroso, porque se puede correr y ganar tiempo, pero después se complicará la cosa, y hay que llegar con fuerzas, porque la carrera todavía no ha empezado y además St. Niklaus está al lado de Grächen y hay que evitar la tentación de colgar los bártulos e irse a dormir.

No obstante, voy apretando y obligándome a trotar y andar, en tiradas de 200 pasos, y me llevo un chute enorme de alegría cuando a las 22:30, que en Suiza es una hora absolutamente intempestiva, en medio de la nada, aparecen Hilde, amiga y voluntaria en ediciones anteriores, con unas visitas que tenía en casa, a animarme.

Sigo adelante, llego a St. Niklaus, como algo y salimos hacia Torbel, que será el kilómetro 98: un tramo de 17 kilómetros con otro kilómetro vertical en 7 kilómetros, y un descenso vertiginoso hasta el avituallamiento; empiezo muy bien este tramo, hablando con Franco, un italiano al que conocí en 2019, y voy con fuerza.

Subo bien, tomo algunos de los geles y barritas que llevo, y aunque tengo algún tramo de debilidad, sigo avanzando y adelantando a algunos corredores. Lo principal es que estoy concentrado y voy manteniendo el margen previsto, incluso ganando tiempo, ¡si es que además estoy adelantando gente!.

EL ATAQUE DEL GAFE

Todo esto se me desmorona cuando en torno al 96 me alcanza un americano bajito que se llama Greg Trapp. Un gafe: en 2018 le adelanté subiendo el Passo del Salati y me dijo “you are a climbing machine”, y a los 5 minutos agarré una pájara que me duró horas, un reventón como una olla.

En esta edición ya había enviado señales de no ser muy buen acompañante, cuando llegó perdido a St. Niklaus, ¡perdido en un camino que no tenía ninguna pérdida!. Bueno, pues me adelanta, y como la noche es así y además la vigilia me estaba afectando, meto la pata y le sigo.

Dos ceporros: uno que corre sin mirar por dónde corre, y otro que le sigue. Al poco le pregunto si está viendo señales, y efectivamente: nada. Vuelta atrás, yo soy idiota, porqué sigo yo a este tío… en definitiva, la renta que había ganado en ese tramo, perdida y llego al avituallamiento diciendo, como Manili, después de un cornalón tremendo: “tanto esfuerzo y tanto sacrificio, para nada”.

Como con Karlijn y compañía, me preparan la espalda y salgo, ya amanecido, sobre las 8:00, con una hora sobre el corte aún después de las dos horas y pico pasadas allí, dispuesto a acabar y teniendo claro que, mientras no me retiren, voy a seguir.

Ahora vienen 13 kilómetros hasta Visperterminen, oficialmente kilómetro 111, al principio en descenso y después de subida hasta la mitad del ascenso al Gibidumpass.

Al principio no puedo mantener el ritmo de un italiano, pero después con unos ingleses a los que dejo atrás; la subida es por medio de un bosque, no es complicada, salvo por el hecho de que en total tiene 1.500 mD+ en 7 kilómetros.

En Visperterminen están de nuevo Vince y Lisette, la sopa de verduras es un espectáculo y paso un rato allí entre comida, y chapa y pintura.

GSPON Y EL KM122

Salgo solo, ya se acerca el mediodía cuando alcanzo el paso, y en torno a las 15:15 llego al avituallamiento de Gspon, en el 122; llevo más de dos horas y media sobre el horario previsto para el más lento, y como y bebo algo, pero todo lo que tienen y lo que llevo es dulzón, y ya no quiero más barritas energéticas, ni geles, ni cereales ni el rayo que los fundó, y sólo quiero unos huevos fritos con chorizo, que son pura utopía.

En este tramo de 17 kilómetros hasta el refugio de Weissmieshütte, que sería el kilómetro 139,  se me torció el aparejo, y se me hizo larguísimo, tuve que pararme y sentarme, comer y beber lo que no me apetecía nada, empezaron a adelantarme los participantes de la prueba de 100, cruzamos unas pedreras en las que no me defendí muy allá y debíamos llegar hasta 2.700 metros; afortunadamente me recuperé antes de alcanzar el refugio y el final del tramo no fue tan malo.

Llegué casi anocheciendo, a las 20:20, comí algo y me fui a dormir media hora, a ver si espabilaba el cansancio y porque faltaban 15 kilómetros hasta la siguiente cama –y porque podía permitírmelo, que tenía margen horario-. Creo que ni en este tramo ni en los dos siguientes las previsiones para el corredor más lento eran reales, la estimación era demasiado optimista.

Pues eso, al rato me levanté, y me dijeron que los diez siguientes kilómetros eran en cuesta abajo, fáciles. Ya, fáciles a 15’/km, y agradeciendo que era de noche y no se veía el fondo, pero bueno, pancita llena, corazón contento, y 8 kilómetros después llegué a Almagelleralp, está Keith McIntosh,

¿Que tal vas?, ¿y la carrera?, “bien, la carrera muy dura, difícil”, “ya, pero eso no es una sorpresa, lo sabes y vienes todos los años”, “ya, pero es que me encanta esta carrera”, jajajaja, y nos dice que el cierre de la salida de la base de vida de Saas Fee no es a las 2:40 sino a las 4:00; hubo un cambio días antes y no me enteré, esas son las consecuencias de tener demasiado lío.

SAAS FEE: DESCANSO Y ÚLTIMO ARREON

Esto me alivia algo, porque quieras que no el margen se hace aún mayor, y más me alivia el perder de vista el descenso y empezar a llanear, y después empezar una ligera subida hasta Saas Fee, donde llego sin grandes necesidades de dormir, pero después nos restarán 21 kilómetros, no muy técnicos pero que, al menos los 17 primeros hasta Hannigalp, requieren estar fresco y concentrado.

Asi que como, esta vez algo de pasta, duermo 40’, me reparan los pies, me coloco la chaqueta de fibra y salgo con Florent, un francés de Lyon, de la prueba de 100. Al poco tenemos que parar a quitarnos las chaquetas porque hace calor. Vamos hablando de temas ajenos a las carreras, desde la ornitología a la gastronomía, y pasando los tramos más exigentes, un sendero colgado y una pedrera de cuidado.

Cuando amanece y ya hemos pasado los tramos más complicados, sería a unos 8 o 9 kilómetros de Hannigalp, Florent, 70 kilómetros, muchos años y muchos kilos menos, me dice que, si ya hemos pasado lo más difícil y no tengo inconveniente en quedarme solo, prefiere ir más rápido.

Obviamente, como mi guerra no es esa y prefiero conservar la maquinaria, le digo que tire para adelante, y no intento seguirle; está empezando a amanecer, ver amanecer aquí es un absoluto privilegio, y me da igual una hora más que menos, así que hasta Hannigalp voy literalmente de paseo, incluso haciendo alguna foto, algo que no suelo hacer en ninguna carrera.

Es importante reseñar que antes de Hannigalp había habido un corrimiento de tierras, y que habían advertido que, si llovía, no se podría pasar por allí. Cuando pasé no había llovido, y había un guía que me dio paso, pero más tarde llovió y a los últimos de una de las pruebas cortas, no les dejaron pasar.

La llegada a Hannigalp, como siempre es engañosa, porque hay varias curvas tras las cuales piensas que se inicia el descenso, y no es así, pero todo llega, y al empezar a descender, también empiezan a adelantarme los corredores de la prueba por etapas.

También aparece corriendo en sentido contrario un corredor sin dorsal, que me suena, a este tío lo conozco, y poco después baja como un cohete en mi mismo sentido.

Llego al avituallamiento, me saluda por mi nombre, se me enciende la bombilla, y lo saludo por el suyo: es el ganador en 2018, un cabra que este año está de voluntario o curioseando la carrera, no lo sé.

Pues eso, que bebo, me ofrecen un poco de pan y queso que me saben absolutamente a gloria después de tanta barrita y tanto gel, un plátano y me los voy comiendo mientras echo a andar los 3.8 kilómetros que faltan, pero veo a un corredor andando malamente y me digo que a este tengo que adelantarlo.

No soy nada competitivo, pero puedo trotar y no quiero ir a ese paso, de modo que echo a trotar, y oye, que sólo paré a felicitarle cuando le pasé, y fui trotando hasta la meta, a la que llegué en 54h55’.

 CIEN MILLAS ALPES SUIZOS: LA META DE GRACHEN

La entrada en meta fue espectacular, sabían que llegaba, y los familiares, amigos y voluntarios me estaban esperando con un bullicio disparatado, dice mi primo que el follón que me organizaron no se lo habían organizado a nadie, cencerros, abrazos, un disparate.

Podemos decir que todas las personas citadas a lo largo de esta crónica estaban allí a darme la enhorabuena y un abrazo. Otras muchas no pudieron estar, pero recibí un montón de muestras de apoyo a lo largo de estos días; a todos ellos, muchísimas gracias.

Después de llegar, pues os podéis imaginar, tómate una cerveza, espera que te voy a por otra, cuánto me alegro de haberte conocido, intercambios de números de teléfono, más cerveza, y por la noche a cenar con los amigos más próximos.

 CIEN MILLAS POR ALPES SUIZOS: LA CARA Y LA CRUZ

Bueno, y además de todo esto, ¿qué le ves bueno y malo a la carrera?. Pues veamos, hay un factor determinante en lo malo y lo bueno de la carrera, y es el muy pequeño tamaño de la organización, que determina el pequeño número de participantes.

 A MEJORAR

Entre lo malo, o mejorable, pues este año me ha parecido que el número de voluntarios era bajo, y que por ejemplo en el punto donde se había producido el corrimiento de tierras, debía haber alguien más.

También la comida me ha parecido poco variada; habitualmente corro en Portugal, donde los avituallamientos suelen ser de nivel boda de tronío, y claro, la comparación es insostenible, y por ejemplo, la clasificación definitiva completa no ha estado disponible hasta el martes, y es demasiado tiempo.

Por otra parte, la carrera no puede crecer mucho más, en parte por el tamaño de la organización, que se vuelven locos durante esos días, en parte porque los senderos son muy estrechos, algunos comprometidos, y la carrera no está al alcance de cualquiera.

También porque Grächen es un pueblo pequeño, con un número ciertamente limitado de plazas hoteleras. Digamos que si se doblara el número de participantes, sería una locura, pero no puede crecer tanto por estas limitaciones; no obstante, la organización debería crecer algo más, para no estar tan apurados.

 LO QUE ME ENGANCHA

De lo bueno, pues os podéis imaginar, que es una carrera impresionantemente bonita, con unos paisajes espectaculares, que la organización se desvive por los participantes, buscándoles alojamiento incluso el día antes de la carrera, buscándoles transporte, organizando autobuses colectivos…

No hay un speaker profesional con un atronador equipo de sonido que lo flipas, ni falta que hace. No te dan un chaleco chulísimo para vacilar, ni una pantalla de 6 m2 que tal…, pero es que a mí no me hace falta nada de eso.

Me vale con una charla técnica antes de salir, sin gritar para no despertar a los vecinos, con Debbie gritando mi nombre, Vince con el cencerro y todos los demás demostrándome que me quieren muchísimo.

El cariño con el que es organizada esta carrera ayuda a la creación de un sentimiento de comunidad; Como os comenté antes, he ido a participar en la prueba, pero también a visitar Grächen y su entorno, y a los amigos de la comunidad UTMR. Este aspecto es tan importante que tengo muy claro que, si algún año no puedo correr, sin duda iré a trabajar como voluntario.

 CIEN MILLAS POR ALPES SUIZOS: ¿UNA CARRERA PARA TODOS?

¿La carrera es para cualquiera?. Pues vamos a ver, soy un culogordo que vive en un llano y que pisa un monte los domingos y poco más. No soy ninguna máquina pero he ido a mis carreritas, y creo que soy bastante perseverante, creo conocer mis capacidades sin sobrevalorarlas, y hago honor a mi nombre, y creo que así se puede ir a esta carrera.

Dicho esto, y por supuesto sin querer ofender a nadie, creo que no es una carrera para recién llegados corredores depilados voladores por debajo de 4’/km, ya sabéis a lo que me refiero.

Esta carrera no puede ser su debut en montaña ni en cien millas, no se complique la vida ni se la complique a los demás. Conózcase, gestione su sueño, su comida y su bebida, y después métase en este lío.

Con estos matices, sólo recomendaros que vayáis a la carrera, que para corredores experimentados y que no quieran carreras masificadas, y que valoren paisajes y afectos, debe ser indiscutiblemente una carrera de referencia.

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