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VIGNEMALE Y SUS CINCO TRESMILES: La corona del Pirineo Francés. Guía por Mayayo

VIGNEMALE Y SUS CINCO TRESMILES: La corona del Pirineo Francés. Guía por Mayayo Nuestra sección PIRINEO FRANCÉS se centra en esta perla histórica de la vertiente norte

La Corona del Vignemale sabe a historia, glaciar y roca noble: Pasar por las cuevas de Russell y dormir en Refugio de Bayssellance. Enlazar despues Pique Longue (3.298m) – Clot de la Hount (3.289m) – Cerbillona (3.247m) – Central (3.235m) – Montferrat (3.219m)….Montaña seria, disfrute enorme. Así la vivimos hace unos años, con Corinne y Mayayo

Trepada a Clot de la Hount (3.289m), segunda cima del día. Foto Mayayo


VIGNEMALE Y SUS CINCO TRESMILES:

La corona del Pirineo Francés. Guía Mayayo

La víspera habíamos subido desde el habitual parking en Barrage d´Ossue. Apenas llegamos allí, a media tarde, ya notamos que el viento bajaba del glaciar con prisa, como si alguien hubiera dejado una puerta abierta allá arriba. Corinne y yo salimos del coche con esa mezcla de respeto y hambre que da el Vignemale cuando asoma su murallón.

La línea verde del mapa —esa serpiente prudente que sabe por dónde se puede y por dónde no— nos señalaba el valle y el GR10; la HRP coqueteaba a ratos, como quien no quiere la cosa. La senda remonta primero dócil, siguiendo el murmullo del Ossoue, y enseguida empieza la lección: cada curva del camino abre un plano nuevo del macizo, cada pedrera te adelanta un capítulo.

Antes de ganarnos la cena en Baysellance, rendimos visita y homenaje al pionero Henry Russell y su romanticismo de pico y pala. Las cuevas que hizo tallar como primeros refugios aparecen donde el paredón del Vignemale ensombrece el mundo, como balcones tallados para escuchar el ronquido del hielo. Llevan ciento y pico años respirando historias: guías, nobles, vagabundos de altura; noches de vino, de té y de silencio. Entramos de puntillas, una a una.

El eco repite nuestros pasos y el viento, siempre el viento, se asoma a comprobar si todavía queda gente capaz de subir hasta aquí solo para mirar. Un trago, una sonrisa con los ojos y vuelta a la traza: el refugio nos esperaba arriba, hermoso y sólido, como un barco varado en una playa de piedra.


REFUGIO DE BAYSELLANCE (2.651 m)

Trajimos tienda para dormir, pero quien se resiste a cenar en este refugio que es historia viva del pirineísmo. Disfrutar mientras cae la tarde y llega la oscuridad de ese aire pirenaico donde todo el mundo llega cansado y contento— olía a sopa y a lana húmeda.

La charla con los guardas sirvió para confirmar la meteo y condiciones de la mañana siguiente con oficio de farera: noche limpia, rehielo serio, ventanas cortas pasado el mediodía. Perfecto. En la mesa, el mapa era nuestro mantel.

Dibujamos con el dedo la jornada de cimas: entrar al glaciar temprano por el hombro del Petit Vignemale, flanquear hacia el oeste bajo la Espalda de Chausenque, ganar el collado entre Clot de la Hount y el Gran Vignemale, coronar la primera pareja, y luego dejarse llevar por la cresta para ir enhebrando con trepadas y destrepes sucesivos el Cerbillona, Central y Montferrat. Un desfile de piedra con nieve a los pies. La cena supo a gasolina de la buena. A la cama pronto, que las montañas educan madrugando.

Refugio Baysellance: Historia y servicios


VIGNEMALE: UN DÍA, CINCO CIMAS.

El amanecer del 16 de Septiembre tenía la temperatura exacta del metal recién templado. Abrir la tienda con las primeras luces, arroparse y encender el hornillo…la rutina montaraz de tantas veces. Desayuno de campaña y preparar el equipo:  El día promete y nos espera la corona del Pirineo Francés,  los cinco tresmiles clásicos que jalonan el circo superior del Vignemale.

No íbamos ligeros por coquetería, sino por oficio: piolet, crampones, casco dentro; cuerda corta, por si las grietas pedían formalidades. Septiembre es tiempo de nieve dura a primera hora y de puentes caprichosos cuando el sol se suelta la melena. El glaciar d’Ossue, ese viejo emperador menguante, confirma con su piel lo que ya sabes sin decirlo: aquí no se improvisa nada, o podrás acabar lamentándolo todo.

Salimos con las primeras luces pero ya había unos cuantos compañeros por delante. El rehielo sonaba bajo los crampones como una radio antigua encontrando la emisora. El glaciar d’Ossue nos recibió con ese silencio que no es silencio, sino mil crujidos diminutos. Buscamos un ritmo que caliente sin desgastar, con la mirada atenta a los vientres blanqueados que delaten posibles grietas.

Al llegar bajo la Espalda de Chausenque, el macizo entorna los ojos y te deja pasar si lo haces con la humildad adecuada. El sol, tímido, raya por el este. En el horizonte se asoman Gavarnie y el Taillón, viejos conocidos; nosotros a lo nuestro: La Corona.

El Pique Longue (3.298m) abre el camino:

Se sube por un lomo que parece de juguete visto desde abajo y que, sin embargo, pide manos y atención en sus bloques sueltos. El casco nos da confianza ante las rocas sueltas que cualquiera podría echarnos encina, avivamos el paso y nos plantamos solo en lo alto.  La cima —3.298 metros— abre de golpe el anfiteatro entero. Estamos en el techo del Pirineo francés y corazón del Vignemale. El viento corre libre, y en ese aire nuevo el cuerpo entiende que el día se pondrá serio. En lo más alto, un vértigo amable: la Arista de Gaube cae como un cuchillo hacia el valle; el glaciar, bajo nosotros, se estira con pereza de gato viejo.

¡Seguimos! A dos pasos de allí, como quien pasa a saludar a un vecino ilustre, la arista nos lleva a su vecino al Clot de la Hount, 3.289m, El tramo tiene su punto, pues es una colección de trepadas cortas, roca de la escuela pirenaica —noble cuando está seca, traicionera si la mojas— y patio suficiente para que la experiencia trepando valga doble. En la cruz, un vértigo amable: la Arista de Gaube cae como un cuchillo hacia el valle; el glaciar, bajo nosotros, se estira con pereza de gato viejo. No se conquista, se visita: lo repetimos cada vez que volvemos aquí.

Pique Longue (3.298m) Techo Pirineo Francés. Foto Corinne Crabe

El reloj manda bajar el entusiasmo y subir el oficio. De vuelta al collado, la cresta se deja querer hacia el Pic Cerbillona. 3.247m Hay algo casi lúdico en ese tramo: viras, lomos, un quiebro al sur, y la cumbre llega como un descanso. Nos sentamos un minuto con el mundo a los pies y un bocado en la mano. El sol ya trabaja. La nieve empieza a murmurar otro idioma.

La primera cuarteta culmina con el Pico Central, 3.235 m, hermano discreto y necesario. Ganarlo desde Cerbillona es un sube-baja corto, de los que invitan a mirar más que a pensar. A estas alturas el cuerpo ya ha encontrado el compás y la cabeza traza sin esfuerzo.

La cresta de Montferrat (3.219m) pone la guinda. El glaciar, abajo, enseña las costuras mientras trepamos hacia la arista, arriba. Es una barandilla de piedras de poca complejidad técnica pero enorme ambiente, que te lleva suave al Montferrat (3.219 m). Último vértice de la corona, balcón reservado para quien no se conforma con una sola cumbre. Allí hicimos silencio —el bueno— y dejamos que la vista se regalara: Tapou al sur, el circo latiendo al oeste, las luces puliendo el hielo como si lo acariciaran. Cinco cimas, un mismo latido.


RETORNO CON CABEZA FRÍA.

El regreso pide la cabeza fría que a veces la euforia intenta esconder. Volvemos a besar la nieve, ya blanda, ampliando zancada para no clavarnos más de lo necesario. La rimaya, obediente por la mañana, ha abierto la boca un dedo más. Los puentes de nieve que madrugan honestos se vuelven buhoneros a media tarde. Cruzamos sin teatro, atentos al peso y a la cuerda. En la diagonal bajo la Espalda de Chausenque reaparece la traza de la mañana; la seguimos como quien lee una frase que ya entendió. El glaciar se queda atrás con un susurro que promete invierno. Bayssellance reaparece en su loma, el tejado rojo guiñando desde la distancia.

Dentro del refugio, las cucharas suenan como campanas.

La cerveza —la de después, la que sabe a verdad— cierra el círculo. Afuera, el macizo se sienta por fin, satisfecho, y deja que las sombras le suban por las rodillas. Nosotros recogemos el resto de nosotros mismos y emprendemos el descenso al Barrage d’Ossoue con el sol en la espalda. El valle, por la tarde, es un animal manso. El agua corre por la Rou. de Montferrat; el sendero busca la derecha del torrente; los hitos ya no son señales, sino compañeros.

 


VIGNEMALE CINCO TRESMILES: EPÍLOGO

La corona del Vignemale no es una lista de cumbres, es una conversación: Con el glaciar, con la roca, con uno mismo. Porque el Gran Vignemale —el Pique Longue— podrá firmar la altura, pero son sus satélites quienes escriben el carácter. El Clot, altivo y ventoso; el Cerbillona, amable y ancho; el Central, modesto como esos días perfectos que no hacen ruido; el Montferrat, mirador callado hacia todo lo que importa. Las cinco, juntas, componen una partitura que en septiembre suena afinada si la tocas a primera hora y sin prisa.  Es más, si eres un «coleccionista» puedes perseguir hasta 16 tresmiles en este sector, sin complejos…alguna de ellas con personalidad destacada como el Piton Carre (3.197m), la antesala del Rey..

Volvimos a casa con esa mezcla de cansancio y felicidad que debería recetar la seguridad social. El glaciar, nos dijo adiós con sus grietas enseñando los dientes y nosotros le prometimos volver, con el mismo respeto, con la misma cuerda, con el mismo humor. Porque hay rutas que se repiten por ambición y otras que se repiten por amor. Esta, para mí es de las segundas. Y el mapa —ese mapa que hoy vuelves a poner sobre la mesa— lo sabe: la línea verde no se borra del recuerdo.


VIGNEMALE Y SUS CINCO TRESMILES:

GUÍA PRACTICA MAYAYO

A primera luz, faldea hacia el glaciar por trazas claras. En condiciones invernales o rehielo serio: crampones desde el primer nevero. En pleno verano, la lengua inferior puede obligar a buscar el acceso más limpio entre rimayas. Si no dominas progresión glaciar, encordarse es sensato: hay grietas, y no todas avisan.

La Corona de cinco tresmiles:


Material recomendado (verano “normal”)

Dificultad y riesgos

Cresta Pique Longue – Clot de la Hount. Foto Mayayo

 


REFUGIO BAYSELLANCE (2.651M)

Base ascensiones Vignemale y Transpirenaica norte GR10.

 

El primer alojamiento histórico para montañeros en el Vignemale fueron seis cuevas. Abiertas partir de 1.882 por el pionero Henry Rusell, están repartidas en dos grupos de tres, que aun hoy podemos visitar.

El refugio Baysellance las sucedió a partir de 1899. Fue bautizado así en honor al ex alcalde de Burdeos Adrien Baysselance. Pireneista y ex presidente del Club Alpino Francés de Burdeos, fue precisamente el quien inició su construcción en 1899.

La renovación completa realizada en 2003, ha conservado su peculiaridad arquitectónica: Una cubierta de cobre y estructura abovedada.

OPINIÓN PERSONAL: Pura armonía

A mí, me parece una estructura armoniosa, plena de encanto y de lo más funcional. Que por cierto, gracias a esas líneas suaves y redondeadas queda perfectamente integrada en el entorno- ¿Cómo la veis vosotros?

Refugio Baysellance en Pirineos. Foto Mayayo

 


REFUGIOS DE MONTAÑA, POR MAYAYO

Desde hace ya casi 20 años, cuando arrancamos nuestra sección REFUGIOS DE MONTAÑA celebrando el 80º aniversario de la construcción del Refugio Zabala al pie de Peñalara, os hemos ido trayendo algunos de los más icónicos rincones de este mundillo.

Para los que tengáis cariño a estos lugares, aquí os dejamos una lista con algunos de los más interesantes para nosotros, cada uno en su estilo. Si te gustaría contribuir añadiendo un reportaje de tu refugio favorito, puedes mandarnos la propuesta por email aqui: retelur@gmail.com


 

MIDI D´OSSAU Y SUS TRES HERMANAS, EN RADIO TRAIL

Cuatro cimas clave del Pirineo Francés

Nuestra sección de  RADIO TRAIL nos lleva hoy a visitar cuatro de las montañas más representativas del lado Norte de la muga.

Vamos pues con las vías recomendadas para coronar Midi d´Ossau (2.884m); Balaitous (3.144m), Pic Palas (2974m) y Arriel (2.824m) ¿Te animas con este poker de reinas? Si es asi, dale al play para escucharlo aqui > MIDI D´OSSAU, BALAITOUS, ARRIEL Y PIC PALAS


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