ESQUÍ DE MONTAÑA OLÍMPICO: TERCERA MEDALLA ESPAÑA. Bronce equipo Ana & Oriol. Tras el bronce femenino de Ana Alonso y el oro masculino de Oriol Cardona, nuestra sección ESQUI DE MONTAÑA esperaba con ansiedad la final relevos mixtos de hoy donde los pronósticos auguraban una tercera medalla, dado el enorme palmarés de este duo compitiendo juntos. ¡Y lo han conseguido!
Cierto es que no fue su mejor día pero supieron pelear hasta el final pese a las incidencias para arrancar un bronce olímpico que culmina a lo grande su actuación olímpica. Por delante, Francia firmó el oro y Suiza la plata, pero el bronce de España superó a potencias como EEUU e Italia.
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ESQUÍ DE MONTAÑA OLÍMPICO:
TERCERA MEDALLA ESPAÑA. Bronce equipo Ana & Oriol
Tras el bronce y oro individuales, los pronósticos para el relevo mixto hablaban de un duelo feroz España – Francia con los demás de comparsas. Pero ai alguien pensaba que el debut olímpico del esquí de montaña iba a ser un “qué bonito, salimos en la foto”, Bormio se encargó esta mañana de ponerle un dorsal al argumento y apretar el cronómetro hasta que chirriaron las hebillas. España llegó a Milano-Cortina 2026 con dos protagonistas ya coronados en el sprint y, como hoy tuvo que apretar los dientes con rabia hasta el final para acabar llevándose la tercera medalla nacional en estos Juegos gracias al bronce del relevo mixto. La pareja española está especialmete unida, pues cuando el atropello de Ana, su compañero puedo apostar por elegir otra pareja y minimizar riesgos ante la cita olímpica donde la recuperación de Ana era un incógnita. Oriol no quiso saber nada de ello, si Ana quería posponer la operación para darlo todo en Cortina, lo harían una vez más juntos, como equipo
LOS FAVORITOS.
Y Ana cumplió a lo grande: Si Oriol Cardona Coll llegaba con el oro olímpico del esprint masculino en el bolsillo, una increíble Ana Alonso Rodríguez con el ligamento cruzado roto firmaba el bronce olímpico del esprint femenino, ambos conquistados el 19 de febrero en el Stelvio Ski Centre. El relevo mixto, por tanto, se presentaba como una batalla con nombres y apellidos bien conocidos en el circuito internacional. Los rivales clave estaban señalados desde antes del primer pellizco de piel en la suela. Francia alineaba a Emily Harrop y Thibault Anselmet, una dupla con colmillo competitivo y velocidad de esprint que, además, venía de sumar medallas individuales en estos mismos Juegos: Harrop fue plata en el esprint femenino y Anselmet bronce en el masculino.
Su lectura era simple: si el relevo se convertía en una carrera de transiciones y cambios de ritmo, ellos vivían ahí. Suiza, por su parte, juntaba a Marianne Fatton —oro en el esprint femenino— con Jon Kistler, sólido y punzante, capaz de convertir cada cambio de material en un pequeño atraco a mano armada en segundos. Detrás, Estados Unidos apostaba por Anna Gibson y Cameron Smith, con motor y descaro, e Italia presentaba un dúo con aroma de casa y nieve conocida: Alba De Silvestro y Michele Boscacci, quienes son además pareja en la vida, lo que en un relevo puede ser ventaja psicológica o una fuente infinita de “te lo dije” al cruzar meta.
Oriol había demostrado en el esprint masculino que, cuando el último descenso se convierte en un embudo y el corazón late en modo martillo pilón, él sabe apretar sin regalar una sola huella. Aquel oro lo firmó por apenas 1,5 segundos sobre Nikita Filippov (AIN), con Anselmet tercero y un grupo de perseguidores donde también aparecían suizos peligrosos como Arno Lietha. Ana, en cambio, llegaba al relevo con el bronce del esprint femenino tras una carrera donde el oro fue para Fatton y la plata para Harrop: el mismo podio que definía parte del tablero táctico del relevo. En resumen: España salía con una pareja que ya había demostrado que podía correr, sufrir y decidir bajo presión… y enfrente tenía, precisamente, a quienes más dominaban esa misma presión.
EL TRAZADO.
El trazado del relevo mixto fue una síntesis brutal y didáctica de lo que el esquí de montaña quiere enseñar al mundo olímpico cuando no tiene tiempo para explicaciones: subir rápido, cambiar rápido, bajar sin pestañear y, si toca, correr a pie con los esquís en la mochila como si fuese lo más normal del planeta. El circuito, de 1,41 kilómetros, concentraba en poco espacio todo lo que hace del skimo un deporte tan técnico como ingrato. Cada vuelta combinaba ascensos con pieles, un tramo a pie (con los esquís fijados a la mochila) y descensos que no eran una autopista sino un examen, con secciones tipo slalom que castigaban el error y premiaban al que no se deja la cadera en la primera puerta.
El formato fue el que convierte una carrera en un tablero de ajedrez con guantes: dos vueltas y dos postas por equipo, alternando hombre y mujer para completar, en total, cuatro relevos por nación (dos por cada integrante). Eso significa que no basta con tener “al más rápido”, porque lo repites: vuelves a pasar por el mismo embudo dos veces, repites transición, repites fatiga, repites riesgo. Y, sobre todo, repites ese instante en el que un gesto torpe con la piel o un enganche rebelde de la fijación no cuesta “un poquito”: cuesta un mundo. En un relevo tan corto, los segundos no se pierden; se evaporan. De ahí que el circuito incluyera también escaleras y secciones a pie que, además de espectáculo, funcionan como trampa: obligan a cambiar de patrón neuromuscular, a regular el ácido láctico y a mantener la cabeza fría cuando el cuerpo te pide negociar.
LA CARRERA.
La crónica del relevo mixto fue una lección de control francés, resistencia suiza y orgullo español: Ana recibía una penalización de tres segundos para España por pasarse un pelín en la zona de transición lo que era una piedra pesada en el esquí. Aun así, el bronce no se discutió: se peleó. Francia impuso desde el inicio el ritmo que mejor domina una pareja hecha para este formato. Harrop y Anselmet ganaron el oro con 26:57.44, mandando en la carrera y gestionando las transiciones como quien ya ha hecho el recorrido cien veces con los ojos cerrados. Suiza, con Fatton y Kistler, sostuvo la persecución y aseguró la plata en 27:09.30, a +11.86 segundos, confirmando que la consistencia suiza también existe cuando la pista es un laberinto de pieles, mochila y slalom.
España, con Ana Alonso y Oriol Cardona, firmó el bronce con 27:23.94, a +26.50, pese a esa penalización de +0:03 que dejó claro que aquí hasta el reglamento va con cuchillo. La carrera española tuvo el pulso de las medallas que se ganan con cabeza: no se trataba de vaciar el depósito en el primer giro, porque ambos debían repetir. En la primera rotación, el objetivo era mantenerse en el paquete bueno, evitando que la carrera se rompiera por delante. En la segunda, con las piernas ya “hablándote” en un idioma antiguo, llegó el momento de la gestión fina: atacar donde se puede y no donde apetece. Y ahí la dupla española jugó con inteligencia: si Francia volaba y Suiza flotaba, España se agarró al terreno, a las transiciones y a la precisión técnica, el único lugar donde un equipo puede “fabricar” segundos cuando la potencia bruta ya va al límite.
Para Harrop y Anselmet, el oro supone una segunda visita triunfal al podio en Milano-Cortina. Harrop, plata en el esprint femenino, y Anselmet, bronce en el esprint masculino, demostraron ser la combinación perfecta al detener el crono en un tiempo conjunto de 26:57.4. Su victoria fue toda una lección de control de carrera, aunque no estuvo exenta de instantes de tensión máxima, con Suiza y España empujándoles hasta el límite absoluto a lo largo del formato alterno de cuatro vueltas.
Por detrás del podio, Estados Unidos se quedó con el cuarto puesto gracias a Anna Gibson y Cameron Smith, en 27:40.43, a +42.99. Italia fue quinta con Alba De Silvestro y Michele Boscacci, 27:57.64, a +1:00.20, empujada por el ruido de casa pero castigada por un formato que no perdona un mal cambio o una bajada ligeramente conservadora. Esos fueron los cinco primeros equipos, con márgenes que explican mejor que cualquier discurso por qué el relevo mixto del skimo es una trituradora de nervios: entre el oro y el bronce apenas hay 26 segundos, y aun así dentro de esa estrechez cabe una sanción, una transición perfecta y una puerta mal tomada.
ESQUÍ DE MONTAÑA OLÍMPICO: UN TESORO PARA ESPAÑA.
El cierre, si es riguroso, obliga a una corrección que en realidad engrandece aún más la historia: el esquí de montaña español no ha logrado tres oros olímpicos en Milano-Cortina 2026; ha logrado tres medallas olímpicas, con un oro y dos bronces, y eso ya es un hito descomunal. El oro llegó con Oriol Cardona en el esprint masculino, primer título olímpico de la historia del skimo y, además, primer oro español en unos Juegos de Invierno desde 1972, rompiendo una sequía de 54 años que parecía escrita en granito. Los bronces llegaron con Ana Alonso en el esprint femenino y con ambos en el relevo mixto, poniendo una firma colectiva a lo que empezó como una hazaña individual.
¿Y por qué tiene un valor histórico único?
Porque no es “una medalla más”: es la prueba de que un deporte nacido en la montaña, gestionado con cultura alpina y años de picar piedra competitiva, ha encontrado una ventana olímpica y España ha sabido colarse por ella con precisión quirúrgica. El skimo no ha venido a adornar el programa: ha venido a dar identidad a unos Juegos en los que, tradicionalmente, España competía con valentía pero con pocas opciones reales de podio. En Bormio, esa lógica cambió: el país no solo subió al podio, lo hizo tres veces en el mismo deporte, en su estreno olímpico, y con dos atletas capaces de repetir éxito en formato individual y por equipos.
Más aún, tras el atropello de Ana y su atrevida apuesta por jugarásela con el ligamento roto. Tambien, por su compañero campeón del mundo que no quiso cambiar de pareja y apostó por ella para ir juntos a por este relevo mixto. Entre ambos, la chica de Granada y el chaval de Banyoles, han escrito una página de oro en nuestra historia, que no es casualidad: Es pasión y locura, sí, Pero tambien es cabeza y férrrea determinación: Es estructura, es especialización y es una generación que ha entendido que la montaña también se entrena con cronómetro, reglamento y transición perfecta.
Gracias Ana. Gracias Oriol.
ANA ISABEL ALONSO, MEDALLA DE BRONCE: Esquí Olímpico español: Bronce para Ana Isabel Alonso.
ORIOL CARDONA: Oro Olímpico individual esquí de montaña.
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ENTRENAMIENTO CRUZADO. Del esqui de montaña al mountain running.
Casos Jornet, D´Haene, Cardona y más, en Radio Trail Mayayo
Las carreras de montaña son un deporte tan apasionante como agotador. Y es que, un exceso de entusiasmo puede acabar en lesiones graves por sobrecarga. O en perder las ganas e ilusión por seguir saliendo al monte a correr. Hoy repasamos con Iñaki Sedano y Mayayo, como entrenador de elites y populares, su experiencia en el entrenamiento cruzado. Como aprovechar el salto de invierno a verano, combinando esqui, ciclismo, carreras de montaña, de asfalto…y hasta el remo, como hace el propio Iñaki.
Podcast: Esquí de montaña como entrenamiento cruzado trail running
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