RICARDO MEJÍA HERNÁNDEZ: LEYENDA TRAIL: A comienzos de los años dos mil, cuando Europa descubría el skyrunning moderno de la mano de Italia y España, apareció desde las montañas de Oaxaca un corredor menudo, silencioso y devastador. Un atleta capaz de correr a más de 3.000 metros de altitud con la misma naturalidad con la que otros trotan por el parque. Un mexicano humilde que terminó conquistando carreras míticas como Zegama-Aizkorri, Sierre-Zinal o el circuito mundial de skyrunning.
Ricardo Mejía, el «Rey de las Montañas» presenta 14 Mayo en Madrid su libro: «Un paso más, un paso menos» En el recuerda experiencias en ultras como Maratón des Sables. Lo hará junto a nuestro editor Mayayo a partir de las 16h en el Instituto de Mexico en España, frente al Congreso de los Diputados.
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RICARDO MEJÍA HERNÁNDEZ:
LEYENDA DEL TRAIL.
Hablar de Ricardo Mejía Hernández es volver a una época donde las carreras de montaña todavía no eran una industria globalizada, ni existían retransmisiones en directo, ni contratos millonarios, ni zapatillas de carbono diseñadas para cada perfil biomecánico. Para muchos veteranos de montaña, como yo mismo, Ricardo representa además una generación irrepetible.
Aquella donde se corría casi sin asistencia, viajando durante días para competir allá donde fueras, durmiendo barato, enlazando carreras por pasión y sobreviviendo gracias a pequeños apoyos. Su figura pertenece al tiempo en que el trail running todavía conservaba mucho del alpinismo clásico y del atletismo popular. Y precisamente por eso creo que sigue siendo hoy una referencia moral para muchísimos corredores.
Su historia no crece en un centro de alto rendimiento, sino en el trabajo duro desde su ferretería. Nace en la Mixteca mexicana, en las montañas de Oaxaca. Un rincón rural donde correr no era un entrenamiento sino una forma práctica de desplazarse. Ese origen marcó para siempre su manera de entender el deporte. Mientras Europa profesionalizaba la montaña, Ricardo seguía defendiendo una visión profundamente humana del correr: resistencia mental, adaptación natural a la altura, humildad y kilómetros acumulados durante toda una vida.
OAXACA: LAS MONTAÑAS COMO ESCUELA
Ricardo Mejía Hernández nació el 24 de abril de 1963 en Oaxaca, México. Su infancia estuvo muy lejos del modelo habitual del deportista moderno. No había pistas sintéticas, ni entrenadores especializados, ni fisiólogos. Había caminos de montaña, trabajo duro y desplazamientos interminables entre pueblos.
Aquella realidad moldeó un motor fisiológico excepcional. El organismo de Ricardo aprendió desde niño a gestionar el desnivel y la hipoxia de manera natural. Décadas más tarde, cuando científicos y marcas empezaron a investigar la adaptación en altura, él ya llevaba toda una vida viviendo en ella. Su caso recuerda mucho al patrón que después veríamos en corredores kenianos o etíopes: economía de carrera extraordinaria, resistencia sostenida y una capacidad brutal para soportar esfuerzos largos.
El propio Ricardo me ha explicado en persona que comenzó a correr inspirado por su hermano mayor. Aquellas primeras carreras populares en México terminaron convirtiéndose en un salto inesperado hacia el atletismo internacional. Primero llegaron los maratones en asfalto y después la montaña. Y una vez descubrió el desnivel, encontró su territorio natural.
DEL ASFALTO A LAS CUMBRES
Durante los años noventa, Ricardo Mejía empezó a destacar en pruebas de montaña de Estados Unidos y México. Allí encontró carreras mucho más cercanas al alpinismo competitivo que al trail moderno. Subidas salvajes, grandes desniveles y recorridos donde importaba tanto saber sufrir como correr rápido.
Fue precisamente en Estados Unidos donde construyó parte de su leyenda gracias al mítico maratón de Pikes Peak Marathon. La carrera de Colorado era entonces una referencia absoluta del mountain running mundial. Subir y bajar un cuatro mil a ritmo de competición no era apto para cualquiera. Ricardo terminó convirtiéndose en uno de sus grandes dominadores históricos, acumulando varias victorias y demostrando una capacidad extraordinaria para competir en altura extrema.
Aquel dominio llamó rápidamente la atención de Europa. El circuito de skyrunning impulsado por Marino Giacometti buscaba corredores capaces de competir por encima de los 2.000 metros en carreras alpinas extremadamente técnicas. Ricardo encajaba perfectamente en ese modelo. Su ligereza, su eficiencia subiendo y su enorme resistencia lo convertían en un rival peligrosísimo. Además, aportaba algo muy poco habitual entonces: una visión latinoamericana de la montaña. Hasta ese momento el skyrunning estaba dominado principalmente por italianos, españoles y algunos británicos. La llegada del mexicano rompió completamente ese equilibrio competitivo.
EL REY DE LAS MONTAÑAS.
El apodo de “Rey de las Montañas” no apareció por casualidad. Llegó después de años enlazando triunfos en algunas de las carreras más duras y prestigiosas del mundo. Ricardo no era un corredor explosivo al estilo moderno. No ganaba con cambios de ritmo brutales ni con descensos suicidas. Su fortaleza aparecía desde la constancia. Subía fuerte, regulaba mejor que nadie y rara vez explotaba. Mientras otros atletas se hundían en la segunda mitad de carrera, él seguía avanzando casi al mismo ritmo.
Esa regularidad terminó siendo decisiva en el circuito mundial. En 2006 conquistó la general de las Skyrunner World Series tras ganar cuatro de las cinco carreras disputadas. Aquella temporada sigue siendo una de las exhibiciones más contundentes de la historia del skyrunning clásico. Ganó en México, venció en Andorra y volvió a dominar en la brutal subida del Mount Kinabalu Climbathon de Malasia. Pero el triunfo que más impacto tuvo en Europa fue probablemente el de Zegama.
ZEGAMA 2006: EL DÍA QUE MÉXICO CONQUISTÓ EUSKADI
La victoria de Ricardo Mejía en Zegama-Aizkorri durante 2006 tiene hoy una dimensión histórica enorme. En aquel momento Zegama todavía estaba construyendo su mito internacional. Ya era una carrera durísima y tremendamente respetada, pero aún no había explotado el fenómeno mediático que llegaría después con Kilian Jornet. El nivel competitivo era altísimo y el barro habitual de Aratz y Aizkorri convertía la carrera en una auténtica batalla alpina.
Ricardo dominó aquella edición con inteligencia extraordinaria. Salió fuerte desde el principio y resistió el regreso final del británico Rob Jebb, campeón defensor del circuito mundial. Ganó por apenas cuatro segundos tras más de cuatro horas de carrera. Aquel triunfo tuvo además una lectura simbólica muy potente. Un corredor mexicano venciendo en la catedral vasca del mountain running demostraba que la montaña ya era verdaderamente global. Ricardo abrió camino a muchos atletas latinoamericanos posteriores.
Su victoria también tuvo un enorme impacto emocional en la afición española. El público de Zegama siempre ha respetado profundamente a los corredores valientes y resistentes. Y Ricardo representaba exactamente eso. Pequeño físicamente, humilde en las formas y gigantesco compitiendo. Zegama Aizkorri: Previa completa en Carrerasdemontana.com
SIERRE-ZINAL: EL EXAMEN DEFINITIVO
Si Zegama es la catedral emocional del trail europeo, Sierre-Zinal representa probablemente el examen técnico definitivo del mountain running clásico. La carrera suiza, disputada desde 1974 entre el valle del Ródano y Zinal, reúne todo lo que define la montaña alpina: subida salvaje, altitud, velocidad y descenso final demoledor. Allí han brillado auténticas leyendas del deporte de montaña.
Ricardo Mejía logró convertirse en uno de los grandes dominadores históricos de Sierre-Zinal. Según las referencias históricas internacionales, acumuló múltiples victorias y una larguísima colección de puestos de honor. Su adaptación a la prueba resultaba perfecta. El recorrido favorecía corredores capaces de mantener ritmos altos en altura durante mucho tiempo. Y precisamente ahí Ricardo era devastador. Su eficiencia biomecánica subiendo le permitía ahorrar energía mientras otros corredores se vaciaban demasiado pronto.
Además, Sierre-Zinal exigía algo muy importante: experiencia. Saber cuándo acelerar y cuándo conservar. Ricardo entendía perfectamente ese tipo de competición. No corría contra el reloj únicamente. Corría contra el desgaste. Muchos veteranos siguen considerando aquellas ediciones de Sierre-Zinal como una de las épocas doradas del mountain running mundial.
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SKYRUNNING: UNA DISCIPLINA HECHA PARA ÉL
El skyrunning de principios de siglo era muy diferente al actual. Había menos carreras, menos corredores profesionales y muchísimo más componente alpino. Muchas pruebas incluían pasos técnicos, altitud extrema y recorridos donde la meteorología podía cambiarlo todo en minutos. Ricardo encajó perfectamente en aquella filosofía. No necesitaba grandes estructuras alrededor. Su experiencia vital ya le había preparado para competir en condiciones difíciles. Mientras otros corredores sufrían en altura, él parecía crecerse.
La temporada 2006 fue el mejor ejemplo. Ganó el UltraTrail de México, Zegama, Andorra y Mount Kinabalu. Cuatro victorias de enorme prestigio internacional en escenarios completamente distintos. Ese dominio le dio la general del circuito mundial y confirmó definitivamente su condición de leyenda. México tenía ya un campeón mundial de skyrunning.
EL ESTILO MEJÍA: MÉXICO EN EL MAPA MUNDIAL TRAIL RUNNING.
Ver correr a Ricardo Mejía era contemplar una economía de movimiento extraordinaria. Nunca parecía correr acelerado. Nunca transmitía ansiedad. Su zancada corta y rápida resultaba tremendamente eficiente subiendo. Además, tenía otra gran virtud: sufría bien. Puede parecer una frase simple, pero en montaña eso marca enormes diferencias. Ricardo sabía convivir con el dolor físico sin descomponerse técnicamente.
Muchos corredores rápidos pierden eficiencia cuando aparecen la fatiga y la altitud. Él no. Seguía moviéndose igual. Esa regularidad explica buena parte de sus grandes resultados internacionales. Tampoco dependía obsesivamente de la tecnología. Pertenecía a otra generación. Una donde se entrenaba muchísimo por sensaciones, acumulando desnivel y kilómetros reales de montaña.
La importancia histórica de Ricardo Mejía para el trail latinoamericano es gigantesca. Antes de él, muy pocos corredores mexicanos habían logrado reconocimiento global en carreras alpinas europeas. Ricardo rompió aquella barrera cultural y deportiva. Demostró que desde México podían salir atletas capaces de ganar en los Alpes, en Euskadi o en Estados Unidos. Su figura abrió camino a generaciones posteriores de corredores latinoamericanos.
Además, siempre mantuvo una fuerte conexión con su país. Nunca abandonó del todo Oaxaca ni sus raíces populares. Esa cercanía le convirtió también en una figura enormemente querida. Hoy, como director de la carrera de montaña La Mixteca en su tierra sigue siendo referencia absoluta para muchísimos corredores mexicanos. No sólo por sus victorias, sino por la forma de entender el deporte.
LIBROS RICARDO MEJÍA:
“REY DE LAS MONTAÑAS”
Uno de los proyectos más importantes de Ricardo fuera de la competición fue la publicación del libro Rey de las Montañas. Se trata de una autobiografía deportiva donde repasa desde sus orígenes humildes hasta las grandes victorias internacionales. Pero el libro tiene interés especial precisamente porque evita el triunfalismo exagerado. Ricardo cuenta también las dificultades económicas, los viajes imposibles y la dureza de abrirse camino desde México hacia el circuito mundial.
Para muchos corredores veteranos, el gran valor del libro está en mostrar cómo era realmente el mountain running de aquella época. Sin glamour. Sin grandes contratos. Sólo pasión, resistencia y muchísimas horas de montaña. También aparece muy presente la importancia de la familia y de la comunidad. Ricardo nunca construyó un personaje artificial alrededor de sí mismo. El libro, que he podido leer yo mismo ya, mantiene esa misma honestidad.
“UN PASO MÁS, UN PASO MENOS”
Su segundo libro es el que viene a presentar mañana en Madrid: Titulado «Un paso más, un paso menos» yo mismo no he podido aun leerlo. Ricardo me ha contado que ha querudo profundizr en la dimensión humana del corredor. De ahí que la obra gira especialmente alrededor de experiencias vitales y deportivas extremas, incluyendo desafíos de resistencia y carreras de enorme desgaste físico y mental como el Marathon des Sables. El propio título resume muy bien la filosofía de Ricardo: avanzar siempre, aunque sea lentamente. Un paso más. Un paso menos. Pero seguir adelante.
El libro tiene además una dimensión muy interesante para corredores populares veteranos. Ricardo habla mucho menos de ritmos y mucho más de perseverancia, adaptación y resistencia emocional. En una época donde gran parte del contenido deportivo gira alrededor de métricas, potenciómetros y datos fisiológicos, sus reflexiones aportan una mirada mucho más esencial del correr en montaña.
RICARDO MEJÍA, EL LEGADO
Para mí, reducir la carrera de Ricardo Mejía únicamente a sus victorias sería quedarse muy corto. Su verdadera importancia está también en cómo ayudó a construir el imaginario moderno del trail running latinoamericano. Representó una manera distinta de competir. Más austera. Más humana. Mucho menos obsesionada con la exposición mediática.
Además, fue pionero en conectar culturalmente el mountain running europeo con las montañas mexicanas. Muchos corredores internacionales descubrieron gracias a él el enorme potencial deportivo de México para las carreras de montaña. Hoy el trail mexicano vive una expansión gigantesca. Existen carreras internacionales, equipos profesionales y corredores de gran nivel. Pero buena parte de ese camino empezó con Ricardo.
Creo sinceramente que para un corredor veterano de montaña, la figura de Ricardo Mejía Hernández sigue teniendo hoy muchísimo valor porque recuerda algo esencial: el trail running nació mucho antes del marketing moderno. Nació en corredores capaces de cruzar montañas con muy poco. En atletas que viajaban por pasión. En hombres y mujeres que competían sin convertir cada carrera en un escaparate digital.
Ricardo pertenece a esa generación irrepetible. Y precisamente por eso su legado permanece intacto. Porque sus victorias fueron reales, durísimas y logradas en algunos de los escenarios más salvajes del planeta. Ganó en Zegama. Triunfó en Sierre-Zinal. Conquistó el circuito mundial de skyrunning. Pero sobre todo dejó una forma de entender la montaña que todavía hoy sigue inspirando a muchísimos corredores veteranos.
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