LA PEDRIZA: ESCALADA PEÑA SIRIO POR EL ESPOLÓN (190m/V+)

RESUMEN:

LA PEDRIZA: ESCALADA PEÑA SIRIO POR EL ESPOLÓN: 190 metros de escalada con sabor pionero. Peña Sirio tiene un lugar especial entre quienes visitamos La Pedriza. Su cumbre, a 1.394 metros, levanta un obelisco de granito que atrae la mirada desde el valle y permite reconocerlo entre tantos riscos. Su nombre guarda también un recuerdo de los pioneros: los hermanos Kindelán lo bautizaron por la estrella que observaban desde su chozo. 

Para quien camina es una referencia en el paisaje; para quien escala, su espolón reúne buena parte del carácter pedricero, con placas de adherencia, fisuras y tramos donde el grado moderado viene acompañado de una buena dosis de compromiso. Así la vivimos, con María y Sergio un frío día de invierno. 

María y Sergio en cima Peña Sirio.


LA PEDRIZA: ESCALADA PEÑA SIRIO POR EL ESPOLÓN

190 metros de granito, con sabor pionero

 

Peña Sirio tiene un lugar especial entre quienes visitamos La Pedriza. Su cumbre, a 1.394 metros, levanta un obelisco de granito que atrae la mirada desde el valle y permite reconocerlo entre tantos riscos. Su nombre guarda también un recuerdo de los pioneros: los hermanos Kindelán lo bautizaron por la estrella que observaban desde su chozo. Para quien camina es una referencia en el paisaje; para quien escala, su espolón reúne buena parte del carácter pedricero, con placas de adherencia, fisuras y tramos donde el grado moderado viene acompañado de una buena dosis de compromiso.

Llevaba muchos años queriendo subir Peña Sirio por su espolón. Al fin llegó el día, el 29 de noviembre de 2025, junto a María Benito. Por delante teníamos unos 190 metros de escalada para acercarnos a una cima que, de tanto mirarla, llevaba tiempo siendo parte de mis montañas pendientes. El gps empieza a grabar un 30 de Noviembre las 9:22 de la mañana. Salimos desde un gélido Canto Cochino, a 1.024 metros de altura que nos vio partir rondando los cero grados. A cambio, viento en calma y la promesa de un día azul en lo alto. Cruzamos el río y tomamos el sendero que lo acompaña. El camino todavía permite avanzar con comodidad, mientras la peña va dejando de ser una silueta para convertirse en la pared donde tendremos que encontrar nuestros pasos.

La aproximación al espolón.

En los primeros veinte minutos recorremos casi un kilómetro y ganamos unos ochenta metros de altura. Después, a la altura de la pradera del gran bolo, buscamos la senda perdedora que asciende en diagonal hacia Peña Sirio y el ritmo cambia. Los hitos nos guían entre bloques y pequeñas canales, por una pendiente que va reclamando más atención. Hacia las 10:15 el registro ya nos sitúa en torno a los 1.270 metros: hemos ganado casi 250 metros de altura desde la salida, en menos de kilómetro y medio de recorrido. Ya no tenemos frío, qué calentón de trepada…

Esta aproximación a la antigua forma parte de la aventura. Toca leer el terreno, encontrar el paso entre las piedras y aceptar que La Pedriza tiene su propia manera de medir las distancias. María la llamaría después una «aproximación punki», una descripción bastante más expresiva que cualquier horario.  A cambio, los paisajes son de primer nivel desde la salida, como siempre ocurre en este mar de granito incomparable.

 

Cinco largos de granito pedricero

Nuestra vía ronda los 190 metros, repartidos en cinco largos y combinando el Espolón con tramos de Maldita Vecindad. Conviene distinguir ambas líneas, porque sus variantes cambian mucho la dificultad y la exposición. Bajo un mismo perfil de granito caben jornadas bien distintas según por dónde decida pasar cada cordada. Abajo te dejo un croquis detallado, que espero te ayude.

El arranque por la fisura, en torno al IV, nos pone en contacto con la roca y con el tipo de escalada que nos espera. Desde abajo, la línea parecía resumirse de un vistazo; metidos en ella, cada tramo pide su atención. Empieza ese trabajo de ir resolviendo lo que tenemos delante, hasta que la siguiente reunión vuelve a juntar a la cordada.

En el segundo largo optamos por la placa de Maldita Vecindad para evitar la expuesta travesía clásica. María la reseña como 6c+ en libre, con posibilidad de recurrir al artificial, y según vamos subiendo agradece en voz alta al veterano Tino Núñez por su equipamiento. La elección cambia el problema que tenemos delante: una placa dura y equipada exige una escalada diferente a una travesía de menor grado con poca protección. Yo la subo apoyándome en A0, que no doy para tanto.

Los largos centrales mantienen un gran ambiente. Son placas y canalizos muy pedriceros, donde el grado moderado deja mucho espacio al compromiso. En este terreno, un IV o un V de adherencia en placa pueden exigir toda nuestra concentración cuando los seguros quedan lejos. Toca confiar en los pies de gato, acertar con los apoyos y seguir escalando con cuidado aunque el siguiente anclaje tarde en llegar. En el último largo dejamos a la derecha el muro más difícil, que alcanza el 6a+ en libre, y salimos por la variante clásica de la izquierda, en torno al IV. La cima estaba ya cerca y aquella peña que llevaba años mirando nos iba concediendo sus últimos metros.

Peña Sirio desde la cima

A las 13:47 el reloj alcanza los 1.395 metros de su cota máxima registrada, estamos en todo lo alto. Han pasado cuatro horas y veinticinco minutos desde Canto Cochino. En el mapa, el tramo recorrido apenas ocupa espacio; para nosotros ha llenado la mañana entera, largo a largo, con todo lo que cabe entre dos reuniones. Desde arriba se abren el Yelmo, el Cancho de los Muertos y la cuerda de las Milaneras. Las formas redondeadas y los grandes bloques componen ese mar de granito que cambia con la luz y cuesta abarcar con la mirada. Después de la atención sostenida de los largos, poder detenerse allí trae una alegría tranquila, de las que justifican por sí solas haberse puesto en camino.

María contaba después que tras haber escalado por su parte en el Yelmo, el Pájaro y el Hueso, le faltaba Peña Sirio para sentirse una pedricera completa. Entendí muy bien lo que quería decir. Hay riscos que terminan ocupando un sitio en nuestra historia de montaña, y compartir con ella aquella cima daba a mi vieja ilusión algo más que una fecha de cumplimiento.

El descenso también cuenta

Coronamos y tras saborear las vistas, comer y beber algo empezamos a bajar casi cinco horas despues de salir del coche. Había dado para llenar muy a gusto la mañana, pero aún quedaba bajar, lo que acabaría ocupando tambien un buen sitio en el recuerdo. Hubo un sustillo en el primer intento de rápel qus os detallo abajo y una vez resuelta la vía de bajada más segura tocó seguir resolviendo el regreso hasta Canto Cochino. La cima nos había dado una gran satisfacción, pero la jornada continuaba de vuelta entre bloques y canales donde apenas vimos un alma en todo el día. Sí nos cruzamos con abundantes cabras, en cambio.

El rápel corto de la cumbre tiene unos 15 metros y es volado.

Esta es la salida más sencilla y va por la cara Norte. Existe también una instalación para un descenso de unos 60 metros por la cara este. Nos asomamos tambien, pero no nos daba…y es que son opciones distintas y la longitud de cuerda disponible resulta decisiva para elegir. Nos tiramos abajo pues desde el rápel corto y en este caso aún hay que rodear la peña y buscar el camino entre callejones y destrepes hasta recuperar la canal de aproximación, donde llega directo el rapel largo. Piénsatelo si eso al pensar que cuerdas llevas.

En nuestro regreso hubo también un par de rápeles de fortuna en árboles. Aquellos recovecos prolongaron la aventura y completaron el sabor pionero de la jornada, con la atención puesta en encontrar la salida y volver al valle. Para el retorno conviene contar con más de hora y media, según el itinerario y la soltura de la cordada en este terreno.

Celebrando en Manzanares el Real.

El remate llegó en Manzanares el Real, como es tradición. Dado el frío que hacía, la verdad que más que cervezas nos entraron mejor unos capuchinos dobles, echando un rato al calor del bar para repasar los mejores monentos. Mas de 30 años despues de mis primeras escaladas en La Pedriza, me quedo con esa mezcla que nunca pierden las escaladas en estas placas, combinando tensión y alegría como en pocos lugares.

Al calor del bar, los pasos y los sustos encuentran por fin su tamaño y se convierten en una historia compartida. Peña Sirio llevaba muchos años esperándome. Ahora, cuando vuelva a reconocer su perfil desde el valle, tendré el recuerdo de esos largos y de la aventura con María. Una vieja ilusión, al fin completada.


LA PEDRIZA: ESCALADA PEÑA SIRIO POR EL ESPOLÓN. Guía práctica y gpx.

Peña sirio por el espolón: Descarga track gpx Mayayo aquí.

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