DIA DEL ARBOL 2021: Historia de los bosques de España. Siglo I al XXI.

DIA DEL ARBOL 2021: Historia de los bosques de España. Nuestra sección CARRERAS DE MONTAÑA Y MEDIO AMBIENTE quería hoy rendir tributo a los árboles y bosques que tanto alegran nuestras salidas a la montaña.

Para eso, os proponemos repasar juntos cómo ha sido la evolución y reforestación de los bosques en España. Una odisea con grandes quemas, que hoy está afortunadamente creciendo con vigor y salud. Para terminar, cerraremos con el nombramiento como Arbol Europeo del año 2021 recaído en la Carrasca de Lecina el pasado 17MAR.

La Carrasca de Lecina. Foto: DP Huesca.

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DIA DEL ARBOL 2021: Historia de los bosques de España.

 

En España, el Día del Árbol se celebra cada 21 de marzo, coincidiendo normalmente con el equinoccio de primavera. Curiosamente, hay quien defiende que fue en nuestro país donde se celebró la primera fiesta moderna dedicada a los árboles en todo el mundo. Fue en 1805 cuando  lo hizo Villanueva de la Sierra (Cáceres). Una celebración se mantiene en el pueblo de forma anual cada 22 de mayo siendo además declarada Bien de Interés Cultural inmaterial.

La historia de los arboles en la Península Ibérica ha estado llena de altos y bajos. Tanto así, que hoty día es absurdo pensar en nuestros bosques como una flora original, primigenia. Apenas existen bolsas de bosques relictos, del bosque primigenio original que cubrió estas tierras antes de la llegada del hombre.

Sea para lo bueno, como la creación de las dehesas ibéricas; sea para lo malo, como las plantaciones intensivas de Eucaliptus en la Cornisa Cantábria, debemos ser conscientes que los bosques españoles de hoy son bosques humanizados. Todos ellos, creación del hombre para sus fines. Así pues, tratémoslos con el cariño y respeto que merecen, pero lejos de talibanismos ambientales. Si la historia de los bosques de España nos enseñada algo, es lo absudo de pretender «congelar» en el tiempo un estado puntual de un bosque y hacerlo ajeno a las personas que viven junto a el. Arboles y personas vivimos juntos y mutuamente nos influimos, así debe ser.

 

LOS BOSQUES DE LA HISPANIA ROMANA.

Cuentan las crónicas más antiguas, que allá por el siglo I de nuestra era, la Hispania romana era un vergel. Tanto, que una ardilla podía cruzar la península Ibérica desde los Pirineos hasta Cádiz, de árbol en árbol sin tocar tierra. Quizá sea una exageración, tras las feroces guerras de romanos y cartagineses que sembraron de muerte y fuego toda la península. Lo cierto es que, sin salirnos del Imperio Romano, para el siglo V media España estaba ya desarbolada.

Curiosamente, la caída del Imperio Romano acabó siendo positiva para nuestros bosques. Se derrumbó el comercio, se derrumbaron los grandes flotas militares, incluso bajó la población. Todos ellos, hechos que frenaron las talas indiscriminadas: Ni se vendía la madera, ni había tanta gente quemándola para cocinar como antes.

Hayedos Pirineo Nasvarro. Foto Mayayo

 

 

DIA DEL ARBOL 2021: LA EDAD MEDIA, SOMBRAS Y LUCES PARA LOS BOSQUES DE ESPAÑA.

La lucha por recrecer o talar los bosques, fue durante varios siglos un duelo en toda Iberia. Una lucha económica que enfrentó por un lado a cazadores y leñadores, por el otro a pastores y agricultores. Los primeros amantes del bosque como terreno para sus salidas y medio de vida. Los segundos, necesitados de liberar espacio para sus pastos y campos de arar.

A este duelo, común en todo el planeta, se unirían los ocho siglos de guerra sostenida entre musulmanes y cristianos. Un fenómeno propio de enorme impacto negativo en algunas partes de España.  Y eso, que la época medieval empezó bien para nuestros bosques, Como buenos cazadores, Los visigodos supusieron asimismo un cambio de política forestal: Chindasvinto, a mediados del siglo VII prohibía en su Liber Judiciorum, origen del Fuero Juzgo, talar o quemar bosques.

Tras ellos, la invasión musulmana del siglo VIII no tuvo tampoco un mal arranque, ya que un Mahoma criado en los áridos desiertos de Arabia bendecía la siembra de árboles como obra bien vista por Dios. De hecho, la literatura y construcciones árabe incluyen obras con excelentes instrucciones forestales e introdujeron en España técnicas de regadío que llevaron a las feraces huertas mediterraneas que aun hoy disfrutaron. Como consecuencia de esta visión mejoraron de principio algunas masas boscosas y aumentó la superficie arbolada.

La quema y tala de arboles, arma de guerra en La Reconquista.

Por desgracia, si en el 711 la Batalla de Guadalete marca la entrada de los arabes, la Batalla de Covadonga en el 718 marca el inicio de siete siglos de guerra sostenida entre unos y otros, que no cesarán hasta la rendición de Granada en 1492. Aquellas luchas seculares por recuperar la España perdida tuvieron un gran impacto negativo.

Ambos bandos recurrieron a razzias, algaradas e incursiones en el terrtorio ajeno, año tras año. Cada una, suponía la tala continua e indiscriminada de vegas y montes. A ello se unía la roturación necesaria para que los colonos tuvieran qué comer.

Entre tantas sombras, hubo luces destacadas: Si se vio como necesario sembrar cereales, con el trigo o la cabeza, o pastorear ganador, tambien se entendió pronto la necesidad de replantar frutales y de legislar para proteger el bosque y los campos.

  • En el Libro de las Partidas, de Alfonso X, mediado el siglo XIII, el rey ordena Quienes cortan o destruyen árboles facen maldad conocida, y se castiga a quien queme un bosque con ser arrojado a las llamas que él mismo ha ocasionado.
  • Las Cortes de Valladolid de 1352 condenaban a muerte a quien arrancase árboles para dedicar el suelo a otros usos. Y, pena de azotes a quien derribara un pino o una encina.

Gracias a todo ello, una vez superadas las luchas en cada zona, los bosques de España se recuperaron en el siglo XIV, como refleja el Libro de la montería, de tiempos de Alfonso XI. Y es que, por aquellas épocas se impuso la orden de que se repoblara el doble de lo que se talaba Se veía al bosque es como una parcela grande que debe rendir fruto.

Los Reyes Católicos, cara y cruz para los bosques.

Por desgracia, la alegría nunca duró mucho en los bosques españoles. La explosión de la ganadería trashumante en el XV, organizada en el gran poder que adquirió La Mesta supuso un gran azote para el bosque. La lana de nuestras ovejas merinas ganó justa fama en el mundo entero, sosteniendo la economía de Castilla. Las Cañadas Reales ofrecían un pasillo de trescientos metros de ancho, de modo que el ganado apenas tenía obstáculos. Y a esa red principal la seguían innumerables cordeles, veredas y sendas donde los pastores tenían predominio casi absoluto.

Tal como vemos aun hoy en culturas pastoriles de montaña vivas, como el Valle d´Ossau francés en Pirineos, el pastor quemaba entonces cada año parte del bosque para crear más pastos en otoño, a la vez que exigía paso franco por los caminos.

En el siglo XVI, aunque hubo legislación en pro de los montes por los Reyes Católicos, otros factores hicieron que no se cumpliera. Finalizada la Edad Media sobre el panorama forestal se tendían densos nubarrones. La construcción de barcos del naciente Imperio Español chocó frontalmente con las políticas de reforestación.

 

Los Austrias: Las grandes flotas y el crecimiento de población devoran nuestros bosques.

Aquella visión de los Reyes Católicos, conscientes del problema, no pasó de ser un remedio relativo. La Corona de Aragón luchaba por ser la potencia dominante del Mediterraneo. La Corona de Castilla tenía que serlo en el Atlántico. Ambas necesitaban pues de grandes flotas militares y mercantes. De hecho, se calcula que la flota nacional del siglo XVI que pusieron en  marcha los Austrias, había requerido para su creación de la tala de ciento veinte mil hectáreas. Mantener y renovar las flotas españolas requería oceanos de madera.

En paralelo, la recuperación de la población, tras siete siglos de guerras, tambien perjudicaba al bosque: Los lugareños se aprovisionaban en ellos de leña para cocinar y calentarse. Tras ellos venía el pastor, y al final se transformaba la tierra en cultivo. Por si fuera poco, la inseguridad de los caminos propició la deforestación de extensas zonas en tiempos de Felipe II. Y es que, en muchos lugares no quedó otra para defender a lugareños, viajeros y comerciantes que quemar los árboles a ambos lados de los caminos reales para evitar saqueos de bandoleros.

Todavía entonces quedaban extensos robledales en Castilla y León, y ricos encinares en Extremadura y Toledo. Pero Aragón y Murcia ya adolecían gravemente de falta de arbolado. En otros lugares como Madrid la deforestación era atroz: solo se salvaba la sierra de Guadarrama y  algunos bosques pertenecientes a la nobleza, como los cazaderos reales de El Pardo o Casa de Campo.

De nuevo hubo buenas leyes, que trataron de protegerlos:

  • Carlos I mandó en 1518 plantarlos por todo el reino, y estimuló la formación de nuevos plantíos de monte y arbolado a la par que propugnó conservar los viejos.
  • En 1547 una ordenanza real dice: “Quien en Guipúzcoa o Vizcaya corte un árbol, ponga o plante dos previamente”.
  • Felipe II escribía en 1582: Una cosa deseo ver acabada, y es lo que toca a la conservación de los montes y aumento de ellos, que es mucho menester… temo que los que vinieren después de nosotros han de tener mucha queja de que se los dejamos consumidos, y plega a Dios que no lo veamos en nuestros días.
  • Felipe II ordenó que no se dejase entrar a pacer en los montes quemados para evitar que los pastores vieran rentable prenderle fuego.

En general, los siguientes reyes de la Casa de Austria trataron de recuperar la superficie forestal, pero la crisis económica y la decadencia eran tales que las buenas intenciones no fueron suficientes.  La quiebra de la Corona hizo necesario vender tierras realengas, por lo que cientos de pueblos pasaron de la Corona a la nobleza a mediados del XVII. Con ello, se abrió el camino para que se talaran los bosques reales, que ahora estaban en manos privadas.

Pinares del Guadarrama en invierno. Foto Mayayo

Los Borbones replantan los bosques españoles.

Los Borbones heredaron a partir de 1700 una situación forestal catastrófica: La necesidad de madera inspiró medidas protectoras urgentes. El propio Felipe V ordenó una reforestación rápida, que su largo reinado 1700-1746 le permitió profundizar. Curiosamente, si las grandes floras reales de los Austrias redujeron los bosques, el nacimiento en 1714 de la Marina Real con los Borbones hizo quetomara a su cargo la administración de ciertos montes. Una protección que se impulsó en 1719 con las ordenanzas alusivas a la defensa del pinsapar de Grazalema.

Con Fernando VI la Marina se hizo cargo de los montes próximos al mar y a ríos navegables. Una medida muy positiva, pues incluía la obligación para la propia Marina de plantar tres árboles por cada uno talado. Tambien promulgó en 1748 las Reales Ordenanzas para el aumento y conservación de montes y plantíos, obligándose a cada vecino a plantar cinco árboles por año, se castigó a los pastores que quemaban el bosque y apareció la figura del guarda forestal o guardabosques.

1836. La Desamortización de Mendizábal, nuevo desastre para los bosques. 

El siglo XIX, fue un período negro para el bosque español. La desastrosa desamortización de Mendizábal fue un punto crítico Como los bienes religiosos subastados eran en su mayoría extensas fincas de monte, sus nuevos propietarios civiles los talaron enseguida a fin de recuperar la inversión, al tiempo que otros roturaron las tierras para ponerlas a producir.

En 1848 se creó la Escuela Superior de Ingenieros de Montes. Fue en el castillo de Villaviciosa de Odón, y poco después se creó el Distrito Forestal de Guadalajara, que iba a suponer la puesta en marcha de una administración forestal moderna.

 

El siglo XX: De la Guerra Civil al ICONA

TEl siglo XX no arrancó mal…hasta el desastre de la Guerra Civil: De hecho, el dictator Miguel Primo de Rivera ya en el primer tercio del siglo XX, hizo hincapié en la repoblación forestal. Llegada la República, en 1931, se creó además el Instituto Forestal de Investigación

La Guerra Civil, como todas las guerras de nuestra historia, supuso un nuevo revés para los bosques. Afortunadamente, en la posquerra se restableció la vigencia del Patrimonio Forestal del Estado. Durante esos años, se repoblaron más de tres millones de hectáreas, y por primera vez se plantaron más árboles de los que se talaron o quemaron.

A nivel institucional, en 1971, desapareció la Dirección General de Montes y es reemplazada por el ICONA. Veinte años despues, en 1991 desapareció el ICONA y sus competencias pasaron al Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria. Por fin en 1996 se creó el primer Ministerio de Medio Ambiente español .

 

España en el siglo XXI: La gran recuperación de nuestros bosques,

La superficie forestal arbolada española ha aumentado un 64,5%. Y aquí estamos, de enhorabuena por fin.

  • Por fin, con una población consciente del valor de nuestros bosques.
  • Por fin, con un período de paz y estabilidad vivido en los ultimos 40 años,

Las evaluaciones realizadas en 2018 confirmaron que la superficie forestal arbolada ha crecido un 64,5 % con respecto a la superficie de 1978. Hemos pasado de 11.792.000 hectáreas a 18.418.000 hectáreas en cifras redondas. Las razones fundamentales hay que encontrarlas en dos circunstancias: Por un lado el abandono rural, con el consiguiente abandono de tierras agrícolas y su posterior naturalización. Por el otro, en la reforestación de tierras agrícolas abandonadas a través de la Política Agrícola Común (PAC).

La superficie forestal total de España en 2018 se tasaba en 27.630.000 ha. Algunos datos clave. 

  • De la superficie arbolada (18.418.000 ha) 10,1 millones de hectáreas son frondosas (55,3 %); 6,8 millones de hectáreas están ocupadas por coníferas (37,2 %) y 1,4 millones son masas mixtas.
  • El 41 % de la superficie forestal tiene alguna figura de protección. En total son 11,2 millones de hectáreas, de las cuales el 66 % es superficie arbolada.
  • Otro dato especialmente positivo es la cantidad de carbono que almacenan los terrenos forestales: 717,7 millones de toneladas de carbono, repartidos entre la biomasa aérea (69 %) y la radical (31 %).
  • El 66 % de la superficie forestal es privada, incluyendo los montes vecinales en mano común, bosques de propiedad industrial, particulares y colectivos y los también denominados montes propios.
  • Los públicos (34 %) incluyen los que son propiedad de la Administración General del Estado, comunidades autónomas y ayuntamientos. En el caso de la superficie arbolada la propiedad privada supone el 70 %.
  • Se calcula que hay 1.063 m³ de volumen maderable. El 55 % de este volumen son coníferas y el 45 % son frondosas. El 80 % de las cortas se hace en montes privados y el 69 % de ellas se hace en el arco atlántico, en el 14 % de la superficie del país

 

DÍA DEL ARBOL 2021. LA CARRASCA DE LECINA, ARBOL EUROPEO DEL AÑO.

Imposible terminar un artículo como este sin celebrar con vosotros la alegría por el reciente nombramiento de la CARRASCA DE LECINA como arbol europeo del año. Según informó El Heraldo, la candidatura de la encina de la población oscense se convertía así en el primer árbol español en ganar esta competición.

La Carrasca Milenario de Lecina es un auténtico tesoro natural, resplandeciente de vida. Antaño se salvó del carboneo intensivo tan común en esa zona gracias a la familia Carruesco. Es un arbol muy querido por todos los vecinos de Lecina, cuentan que en los duros inviernos, ella sola producía 600 kilos de bellotas que alimentaban durante meses a sus ovejas, llamada por eso “La Castañera”.

Muchas de sus compañeras no tuvieron la misma suerte que ella y, como si de un homenaje a sus hermanas se tratara, nuestra querida carrasca ha aguantado solemne hasta el día de hoy. Consiguiendo una altura de 16,5 metros y el diámetro de su copa es de 28m con una superficie de 615 m2. Se celebran bodas bajo su copa, se han sellado pactos bajos sus hojas e incluso cuenta con su propia leyenda.

La Carrasca de Lecina ganó además, a lo grande: No solo venció sumando 104.264 votos, sino que además marcó un nuevo máximo histórico en las votaciones de esta cita. Tras ella quedaron el Plátano de Curinga (Italia), segundo con 78.210 votos, y el antiguo árbol sicomoro (Rusia), tercero con 66.026 votos.

El «Arbol Europeo del año» es un concurso organizado desde hace 11 años por la Environmental Partnership Association (EPA), una agrupación de seis fundaciones de Bulgaria, República Checa, Hungría, Polonia, Rumania y Eslovaquia que apoyan proyectos enfocados a la protección del medio ambiente y la movilización de las comunidades locales.

Robledalles Sierra de Guadarrama. Foto Mayayo

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