Alex Honnold y el riesgo de muerte en directo como espectáculo.

Alex Honnold y el riesgo de muerte en directo como espectáculo. Nuestra sección ACCIDENTE MONTAÑA repasa los pros y contras del enorme éxito de audiencias logrado por la escalada de un rascacielos de 508 metros sin cuerda en Taipei por el maestro de la especialidad.

Repasamos quien es Alex Honnold como guru del free solo, su escalada en Taipei 101 para a partir de ahí repasar pros y contras éticas de esta deriva, antes de cerrar con la opinión personal de Mayayo.

Podcast: Alex Honnold y el riesgo de muerte en directo como negocio


ALEX HONNOLD Y EL RIESGO DE MUERTE EN DIRECTO,

COMO ENTRETENIMIENTO.

Ocurrió a plena luz del día, bajo un cielo insultantemente sereno para lo que estaba en juego: Alex Honnold, el escalador en solo integral más famoso de la historia, se lanzó a la vertical sin cuerda, sin red y sin la antigua cortesía del error. Pero esta vez había algo esencialmente distinto. La escalada no solo estaba sucediendo: estaba siendo retransmitida. En directo, en Netflix Live. Para millones de personas,

El rascacielos elegido TAIPEI 101 era icónico, precisamente por la impresión visual que mostraba: Eran 508 metros de altura, con una caída potencial que no admitía margen de error. Horario de máxima audiencia para un público global. Se quiso «vestir» como una celebración del potencial humano, de la maestría, del valor destilado tras décadas de disciplina.

Por supuesto, en realidad era puro espectáculo: La prueba de que la televisión, siempre hambrienta de atención, podía colonizar tambien el último santuarios de silencio y riesgo de los montañeros, la escalada en solo y sin cuerda. La emisión no fue completamente en vivo, pues se hizo con un retraso de seguridad (¨falso directo») que segun Netflix buscaba evitar imágenes de un accidente mortal, si llegara.

“Me pagaron una cantidad ridícula de dinero por jugarme la vida” diría después Alex. “Nos salió tremendamente rentable” Responderían los ejecutivos de Netflix. Los gladiadores y lanistas del Imperio Romano no lo habrían expresado mejor.


ALEX HONNOLD:

DE “FREE SOLO” A TAIPEI 101 EN NETFLIX LIVE.

Honnold escaló como siempre: despacio, con economía absoluta, con esa calma inquietante que hace que su movimiento parezca menos un desafío que una consecuencia lógica. Sin gestos dramáticos ni pausas teatrales. Solo dedos buscando verdades microscópicas en la roca y pies confiando en la fricción. Las cámaras lo siguieron desde ángulos imposibles hace apenas una década. El espectador estaba en todas partes. El escalador, solo.

Para entender por qué esto importa, hay que entender quién es Alex Honnold y por qué la escalada en solo integral ocupa un territorio moral tan extraño dentro del deporte. Honnold no inventó el solo, pero redefinió su significado cultural. Mucho antes de Netflix, antes de las audiencias globales, antes de que los patrocinadores aprendieran a pronunciar “El Capitán”, Alex ya escalaba sin cuerda. No por aplauso, sino por coherencia. Para él, la cuerda no era seguridad; era interferencia. La pureza del movimiento y la concentración absoluta que exige el solo se convirtieron en su idioma.

FREE SOLO.

Su escalada sin cuerda en “El Capitán” (2017-2018) fue la base de la película  “Free Solo” que ganó el Oscar al Mejor Documental en 2019.  Criado sin ambición escénica, Honnold se acercó a la escalada con una mente de ingeniero y la austeridad de un monje. Ensayó rutas de forma obsesiva. Redujo el riesgo no con valentía vacía, sino con una preparación tan meticulosa que rozaba lo patológico. Cuando escaló El Capitán en solo integral en Yosemite, el mundo de la escalada dejó de respirar. Cuando la película Free Solo ganó un Óscar, el resto del mundo por fin se dio cuenta.


FREE SOLO: Un soberbio documental de montaña.

Pero aquella escalada, por monumental que fuera, ocurrió en una relativa intimidad. Había cámaras, sí, pero discretas, secundarias, casi respetuosas. La relación principal seguía siendo entre el hombre y la roca. Y por supuesto, de haber tenido un final trágico, todo el equipo implicado hubiera editado con escrupuloso respecto las imágenes que solo habríamos visto mucho tiempo depues.

La retransmisión en directo de Netflix rompió esa jerarquía. La pared dejó de ser solo pared para convertirse en escenario. El silencio dejó de ser silencio para convertirse en contenido y ser tesgigo de una muerte en directo se erigió en gancho comercial para el gran público.

Y por eso creo que esta escalada, técnicamente impecable, marca un punto de inflexión. No en la carrera de Honnold —su maestría no admite discusión— sino en la relación incómoda entre el riesgo extremo y los medios de masas. Porque cuando la muerte se convierte en una posibilidad en directo, la pregunta ya no es “¿puede hacerse?”, sino “¿debería mostrarse?”.


A FAVOR DEL RIESGO DE MUERTE EN DIRECTO.

Existen, sin duda, argumentos a favor de este tipo de retransmisiones. De hecho, nuestras  corridas de toros contienen, obviamente, un riesgo de muerte para el torero y ahí siguen. La facturación de sagas de películas como “Los Juegos del Hambre” o “El Juego del Calamar” también ha probado que este concepto engancha comercialmente y resulta rentable. Os dejo cinco razones a favor de un espectáculo así:

  • Auténtico: Sus defensores sostienen que los eventos en directo devuelven autenticidad a una era saturada de heroísmo prefabricado. Sin cortes, sin repeticiones, sin manipulación narrativa. Lo que el público ve es realidad en estado puro. En un mundo donde incluso el fracaso suele estar guionizado, el riesgo en directo reintroduce la verdad.
  • Talento humano al máximo: Estas retransmisiones muestran el máximo nivel de pericia humana. Alex Honnold no es un amateur imprudente. Es el resultado de décadas de entrenamiento, experiencia y autoconocimiento. Verlo escalar en directo no es presenciar caos, sino maestría bajo restricción absoluta. Para muchos espectadores, esto inspira respeto por la disciplina, no apetito por el peligro. No falta quien vea la Formula 1 con una luz similar.
  • Valor educativo: Se argumenta que la cobertura en directo desmitifica los deportes extremos, mostrando no solo el glamour, sino la preparación, las pausas, la toma de decisiones. Puede fomentar una comprensión más profunda de lo que realmente implica el rendimiento de élite, combatiendo el mito del heroísmo espontáneo.
  • Consentimiento personal: Honnold es un adulto plenamente consciente de los riesgos, que elige escalar de este modo. Negarle el derecho a retransmitir su ascenso podría interpretarse como paternalismo. Si la autonomía es sagrada, ¿no debería extenderse incluso a decisiones que incomodan a otros?
  • Impacto cultural: Quinto, los defensores señalan el impacto cultural. Estos eventos llevan disciplinas marginales al gran público, potencialmente aumentando la financiación, la conciencia conservacionista y el respeto por los entornos naturales. Mucha gente aprendió el nombre de Yosemite no en libros de geografía, sino viendo a un escalador moverse lentamente sobre la roca.
  • Demanda del público: Por último, existe un argumento incómodo pero real: la demanda del público. La gente mira porque le importa. Porque se emociona. Porque, en algún lugar, ver a un ser humano equilibrarse en el límite de lo posible le recuerda que la vida es frágil, finita y, por eso mismo, valiosa.

Estos argumentos no son triviales. Explican por qué la retransmisión ocurrió y por qué muchos la celebraron como un triunfo y no como una transgresión.


CONTRA EL RIESGO MORTAL EN VIVO, COMO ENTRETENIMIENTO

Y sin embargo, creo si elegimos cinco argumentos clave en contra son más profundos, porque no atacan la logística, sino la ética.

  • Riesgo letal como entretenimiento:  Cuando la posibilidad de morir se convierte en un elemento central, algo esencial se desplaza. El público ya no asiste a un logro; apuesta emocionalmente por la supervivencia. Esto no es admiración. Es voyeurismo con mejor iluminación.
  • La muerte en vivo y en directo: En los documentales grabados siempre existe la red implícita de la edición, de la elección. La televisión en directo no ofrece esa misericordia. Si algo sale mal, millones de personas serán testigos de una muerte que no necesitaban ver —y que nadie puede justificar éticamente como “contenido”. Y no, no quiero que tengamos que poner jamás a prueba como de rápido o respetuoso resultaría en la práctica ese «falso directo».
  • Riesgo de imitación: Aunque los defensores insistan en que Honnold es único, la historia de los medios demuestra que los actos excepcionales rara vez permanecen aislados. Cuanto más se celebran estas gestas, más presión generan —sutil pero real— sobre otros deportistas para escalar, diferenciarse y dar “un paso más”. La inflación del riesgo no es hipotética; es estructural.
  • Presión sobre el atleta: Existe la carga psicológica sobre el propio atleta. Escalar solo es una cosa. Escalar sabiendo que un fallo será reproducido globalmente, analizado sin fin y monetizado para siempre es otra muy distinta. La presencia de una audiencia en directo altera el paisaje mental de formas que no pueden medirse ni controlarse del todo.
  • Intereses comerciales y consentimiento: El argumento del consentimiento se derrumba cuando entran en juego los intereses comerciales. Netflix no es un observador neutral. Gana dinero con la tensión, con la espera, con la posibilidad misma de la catástrofe. Cuando la muerte se convierte, aunque sea implícitamente, en parte del modelo de negocio, las líneas éticas se difuminan peligrosamente. No todo lo que se puede vender, debería ser vendido. En España está prohibido vender tus hijos, tu sangre o tus órganos, mientras otros países sí lo tienen regulado y legalizado. Y yo, estoy orgulloso de esa prohibición.
  • Alimentar los excesos: Por último, existe una preocupación cultural más amplia. Vivimos en una época adicta a los extremos: más rápido, más alto, más peligroso. Convertir el riesgo mortal en programación de máxima audiencia alimenta esa adicción. Enseña que el valor no reside en la profundidad o el significado, sino en lo cerca que se baila del abismo —a ser posible, en alta definición.

Esto no va de escalada, un deporte que a Netflix live le da absolutamente igual en sí mismo  Va de lo que decidimos aplaudir.


MI OPINIÓN:

ADMIRACIÓN Y HORROR, A PARTES IGUALES.

 

Seamos claros: Alex Honnold es uno de los mejores escaladores que han existido jamás. Su control, su inteligencia y su compromiso están fuera de toda duda. La escalada en solo integral, practicada de forma privada, reflexiva y sin exceso teatral, puede ser una expresión legítima de maestría personal.

Pero convertirlo en Streaming Live, creo que cruza una línea.

No porque Honnold pueda morir —los montañeros siempre hemos aceptado esa posibilidad— sino porque creo que yo, como espectador, no debería ser invitado a esperar ser testigo directo de ello en vivo y en directo. Para mí existe una diferencia moral profunda entre respetar la elección de alguien y monetizar su posible fracaso.

El riesgo cero no existe, claro que lo sabemos:

El deporte de montaña siempre ha implicado riesgo, pero tambien ha implicado límites. Los cascos sustituyeron a las cabezas desnudas. Las cuerdas sustituyeron a las oraciones. Las normas existen no para esterilizar la aventura, sino para proteger su significado. Cuando el riesgo se convierte en el producto y no en el precio, corremos el riesgo de que el deporte pierda su alma y se transforme en espectáculo al más puro estilo del Circo de Roma.

Las retransmisiones en directo de actos potencialmente mortales quizá invitan al público a participar en algo insano: una respiración contenida que solo se libera si hay supervivencia. Eso no es inspiración. Es extorsión emocional.

Como corredor de montaña, montañero y cronista de la cultura de resistencia desde hace décadas, creo profundamente en el enorme valor que tiene enfrentarse al miedo personal de cada uno. Pero así como creo que el miedo afrontado en privado ennoblece, entiendo que el miedo consumido colectivamente como entretenimiento, corre el riesgo de corrompernos.

Que Honnold escale siempre que lo desee en libre, si esa es su verdad. Pero ojalá que las cámaras sepan respetar su compromiso y lleguen solo después, humildes, a contar la historia cuando la supervivencia ya no sea un suspense y la muerte no sea una métrica de audiencia.

Hay aventuras extremas que no deben retransmitirse en directo.

No porque dude de la grandeza humana, sino porque creo que asumir el máximo compromiso con la montaña  merece también el máximo respeto y dignidad.

Helicoptero GREIM al rescate. Foto Mayayo

 

 

 


ACCIDENTE ANETO, EN RADIO TRAIL:

Así lo vivimos, con María Benito y Mayayo.  Nuestra sección ACCIDENTES MONTAÑA repasaba así los primeros casos del pasado verano en el Pirineo Aragonés.

Volved sanos, volved como amigos, volved con la cima. En este orden Nuestra patrón María Benito fue testigo directo de dos accidentes en Aneto el pasado semana.  Arrancamos con ella y con Mayayo, ayudando en rescates con final feliz, despues vamos con las lecciones que aprender:

Podcast: ACCIDENTES ANETO: Testigo directo. Cómo prevenirlos.

Accidentes Aneto. Foto María Benito


 

RADIO TRAIL EN PODCAST:

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