LEYENDA PYRENE Y PIRINEOS: Como Hércules, la princesa Pyrene, el Rey Tubal y el monstruo Gerión crearon los Pirineos

PYRENE Y EL ORIGEN DE PIRINEOS: Leyenda del héroe Hércules, la princesa Pyrene, el Rey Tubal y el monstruo Gerión. Nuestra sección LEYENDAS DE MONTAÑA nos trae hoy la trágica historia de Pyrene . Para los griegos, la cordillera era un monumento funerario erigido por el propio Hércules a la muerte de la bella princesa ibera. Sus protagonistas, son mitos por derecho propio.

En la mitología griega, Pyrene es la princesa que dio su nombre a los Pirineos. Hija del Rey Tubal, amada de Hércules, muere como su padre a manos del monstruoso gigante Gerión, terrible ser de tres cuerpos hijo de Crisaor y Calírroe. Hechas las primeras presentaciones, vamos con el drama tal como nos lo legara Silius Italicus.

 

Circo de Gavarnie. Foto Mayayo.

 

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PYRENE Y EL ORIGEN DE PIRINEOS.

La Leyenda de Pyrene es una de las más bellas dentro de las varias que recrean el origen de los Pirineos. Al final del artículo podreis leer otras alternativas, pero nosotros queremos compartir esta hoy al detalle. Por ser la más antigua y fiel, por ser quizá la más hermosa tambien.

Los protagonistas: Hércules, Gerión, Tubal y Pyrene.

Los inocentes Rey Túbal y su bella hija Pirene, quedarán en la leyenda atrapados y masacrados por la lucha entre fuerzas desatadas como son el semidios Hércules y el monstruo Gerión.

Pyrene era la hija virgen de Tubal. Este era nada menos que el nieto de Noé. Considerado un gran rey y guerrero, quedó encargado de repoblar Hispania y hacerla avanzar con sus grandes conocimientos en metalurgia.

Como décimo de sus doce trabajos, Hércules debía robarle el rebaño a Gerión un ser monstruoso con tres cuerpos. Este vivía en la isla Eritea del archipiélago de las Gadeiras, al oeste del Mediterráneo. Era dueño de un perro llamado Ortro, y de una espléndida cabaña de ganado que era guardado por Ortro y un pastor llamado Euritión.

Hércules, en ruta hacia Eritea, se acoge a la hospitalidad de la corte del poderoso Rey Tubal en Iberia. Allí, se deja llevar del vino y la lujuria para seducir a Pyrene. quien queda embarazada. Hercules sigue adelante: Fiel a su destino herocio de enfrentarse a Gerión, abandona sin miramientos a la princesa. Esta, humillada se refugia en los bosques.

Hèrcules, como en cada uno de sus doce trabajos, logra lo casi imposible. Mata al  perro de dos cabezas, hermano de Cerbero y tambien al pastor Euritión. Así completa el robo de los rebaños, huyendo con ellos despues hacia Micenas.

Gerión le persigue en busca de venganza, siguiendole hasta la corte íbera que lo había acogido. Pero el heroe ya no está allí. Gerión, enfurecido mata al Rey Tubal, decidido a hacerse con sus tierras para resarcirse del robo padecido.

Pyrene huye hacia la Galia para salvarse.

La desgraciada princesa, seducida y abandonada por Hércules, sabe ahora que el monstruo irá por ella, como heredera legítima de Tubal. Desesperada, busca forzar el paso a la Galia para salvarse.

Gerión la persigue, decidido a matarla y con ella, tambien a la progenie de Hércules y ña vieja estirpe del Rey Tubal. Vuela tras Pirene por toda Iberia, siguiéndola hasta la frontera con los vecinos galos, pero no logra sacarla de su escondite.

Enfurecido al no encontrarla, decide qeuemar todo el macizo fronterizo, para que la princesa muriera abrasada sin lograr escapar al país vecino. Así, el fuego («Pyros» en griego) se extiende del uno al otro mar de la frontera, asolando todo lo que encontraba a su paso.

Animales, vegetación y pueblos enteros son borrados de la historia. Pirene, atrapada por el incendio, grita sabiendo que en poco tiempo el fuego acabará con su vida.

Hércules vió las llamas del gran incendio y escuchó los gritos de Pirene.

El heroe, arrepentido de su abandono, corre veloz a socorrerla. Se adentra en los frondosos bosques en llamas, pero todo es en vano. Cuando Heracles llega por fin a la princesa Pyrene esta agoniza. Apenas tiene tiempo de contarle lo sucedido.

Triste y desconsolado, el semidios cubre el cuerpo con un manto cenizas. Sobre ellas, comienza a apilar enormes piedras. Sigue. Y sigue, elevando un gigantesco mausoleo que su padre Zeus contempla asombrado desde el mismo Olimpo.

Piedra tras piedra, Hércules dio forma a este monumento. Alumbró así las montañas más altas y extensas de toda Iberia. del Mediterraneo al Cantábrico.

La muerte de Pirene fue vengada: Tras levantar el mausoleo, Hércules al fin se encuentra con Gerión. Cuando el monstruo se abalanza sobre el, dispara una flecha con el veneno de la hidra que atraviesa sus tres cuerpos y acabó con él.

De esta forma, nos cuenta el sevillano Silius Italicus, se formaron estas montañas dando forma a los más grandes picos de España que hoy conocemos como Pirineos.

 

¿En que parte de la cordillera yace exactamente Pyrene?

La leyenda aquí no nos deja pistas. Pero la gente de los valles no iba a dejarse intimidar por ello. Si preguntas en Benasque, te dirán yace justo en su tierra, guardada por el pico más alto de los Pirineos. Aquel al que todos conocemos como Aneto.

Mientras tanto, si preguntas a la gente de Ariege. te guiarán sin ninguna duda hasta la tumba de Pirene, oculta en la cueva de Lombrives (Ussat), en la que unas espectaulares estalagmitas forman una especie de sepultura colosal

La tumba de Pirene en Ariege. Leyendas del Pirineo. Foto © Grotte de Lombrives

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PIRINEOS, LA HISTORIA TRAS LA LEYENDA DE PYRENE.

Según José Marìa Blázquez, el nombre Pirineos es ciertamente griego– Hoy, por desgracia, desconocemos el topónimo indígena original. Los focenses, que colonizaron Marsella hacia el año 600 a. C. y desde allí Ampurias poco después, dieron a la ciudad el sufijo «ene», Una práctica bien atestiguado en todo el Mediterraneo: De la Pirene del Asia Menor, a Mitilene en las islas griegas o Cirene en la costa del norte de África, como Cirene, etc.

La raíz es pyr- con sentido de fuego. Fue precisamente este significado el que dió origen a la leyenda. El primer historiador romano en recogerla fue Posidonio, quien en tiempos de la Guerra de Sertorio entre los romanos llegó hasta Cádiz para estudiar el fenómeno de las mareas. La leyenda fue transmitida siglos despues de su origen griego por el historiador Diodoro Sicilius que mencionamos al principio, contemporáneo de Augusto

Sin embargo, puesto que esta leyenda fue repetida por diferentes autores de la Antigüedad, el origen griego es aún más remoto que los años en que vivió Posidonio de Apamea. Este, a su vez, quizá la tomó de su predecesor Timeo, con quien nos remontaríamos ya a los años 352-256AC.

La importancia de Diodoro es clave. El nos deja los primeros datos reales fiables sobre el macizo completo de los Pirineos, como son: Es el macizo más alto y extenso de Hispania, pues se extienden del Mediterráneo al Atlántico. Son el límite entre Iberia, y Galia. Miden una longitud de 3.000 estadios, unos 550 km, cifra algo mayor que la realidad.

Aunque Diodoro relaciona la palabra Pirineos con el gigantesco incendio, que abrasó los montes, en su reseña son curiosamente fenicios y no griegos quienes negocian la plata fundida. Así se confirmaría que al Pirineo Sur llegaron antes los fenicios que los griegos, como se desprende de la Ora Marítima de Avieno.

Y es que, fueron los fenicios quienes exportaron la plata de los Pirineos. Una riqueza que llevaron y vendieron en Grecia, en Asia Menor y en otros pueblos obteniendo fabulosas ganancias. Gracias a esa plata hispana, fundaron colonias en Sicilia, en África, en Cerdeña y en Iberia.

Es Silio Itálico, historiador contemporáneo de los emperadores flavios, y de probable origen hispano quien recoge la versión que os hemos narrado arriba. La elegimos entre todas por ser la única quizás de origen indígena sobre la etimología de los Montes Pirineos.  Se remonta así nada menos que a la primera época en que se trae al Occidente el mito griego de Heracles.

Del topónimo Pirene se pasó fácilmente a los Pirineos, según un paso frecuente. Los montes tienen el nombre de la ciudad importante enclavada en ellos. Avieno habla ya de Iugum Pyrenaeum, vertex prominens Pyrenae, que debe ser el Cabo de Creus. También se citan las Penifetae stant Pyrinae Verties. Los textos más antiguos mencionan ya Montes Pirineos, ya la ciudad de Pirene.

Los autores griegos citan los Montes Pirineos unas veces en singular: monte Pirinaion, o Montes Pirineos o abreviado Pirineo; los latinos hablan de Pyreneai Saltus, Pyrenaei Montes, Pyrenaei, Pyrenaum iugum, Pirenaeus, y Pirena.

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