Spartathlon 2014: Crónica personal por Emilio Comunero. De Atenas a Esparta, 246k de puro ultrafondo en 33h10

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La Spartathlon 2014 completó la semana pasada sus 246km de ultrafondo. Ganaron  Ivan Cudin 22h29m (6º tiempo Hª) y Szilvia Lubiccs 26h54 (8ª en la general. Esta prueba nació en 1983, como homenaje a la gesta del hemeródromo Filípides, quienllevó el urgente mensaje desde Atenas a Esparta, llegando allí al día siguiente de dejar la Acrópolis.

Los records de la prueba pertenecen a dos mitos mundiales: Yanis Kouros y Lizzy Hawker puesto que desde 1983, los mejores ultrafondistas del mundo han soñado con correr tras las huellas de Filípides. Hoy os traemos la crónica de Emilio Comunero, veterano ultrafondista con pruebas como la Western states 100 Miles en su haber, entre otras  muchas. La meta de Esparta fue, para el, algo de veras especial.

Spartathlon 2014: Emilio Comunero celebrando la meta. Foto: Comunero.

Spartathlon 2014: Emilio Comunero celebrando la meta. Foto: Comunero.

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SPARTATHLON  2014, CRÓNICA PERSONAL POR EMILIO COMUNERO. 

Resulta extremadamente difícil plasmar en un papel lo que ha supuesto para mi correr la Sparthatlon.

Este año coincidiendo con mi 40 cumpleaños, quería ponerme por delante un reto especial, una carrera a la que tenia ganas desde hace años. La Spartha por su distancia, por ritmo, y por sus características hacían que fuera “a priori” una carera que se adaptaba a mi forma de correr.

Mark Wolley me metió hace ya varios años el veneno en el cuerpo corriendo una Madrid Segovia por equipos y desde entonces el temor a la mítica carrera y las ganas de hacerla surgían a partes iguales en mi programación de cada año.

La Sparta en resumen son 246 km, recorriendo la distancia desde la Acrópilis de Atenas, hasta los pies de Leónidas en Spartha, supuestamente el recorrido que hizo Filípides en la antigüedad con un 95% de asfalto, y con 3000 metros de desnivel positivos. Tiene 75 puntos de control en los que en cada uno tienes unos tiempos de corte, siendo el primer tercio de carrera bastante exigentes y donde cualquier contratiempo te deja fuera de inmediato. El tiempo máximo para realizarla es de 36 horas.

Mi entrenamiento en este año no había sido demasiado bueno, muchos viajes, mucho estrés, y poco volumen para poder afrontar una prueba de este tipo, sobretodo comparado con las kilometradas que había leído en todas las crónicas de los participantes de otros años. Pero en definitiva lo que había en las piernas es con lo que tendría que afrontar la carrera, no valen lamentos.

La organización de la Spartathlon provée a los corredores y acompañantes, si asi los acreditas de una semana de pensión completa en hoteles de Atenas y Spartha, por lo que desde el miércoles previo a la prueba puedes llegar y acreditarte.

En mi caso llegue con mi equipo de apoyo, María, Mar, y Krisma, el martes y hasta el jueves no pase por el hotel de concentración para realizar la acreditación, supervisión de certificado medico, etc… después charla técnica donde dan los últimos informaciones de la prueba tanto para corredores como seguidores, y poco más. Listos para correr el viernes por la mañana.

El viernes la organización nos recoge pronto para llevarnos a la salida, la Acrópolis de Atenas, donde partimos a las 7 de la mañana. EL tiempo no se prevé caluroso, lo que es un factor añadido para garantizar poder finalizar la prueba. Sin embargo unos minutos antes de salir empieza a llover, aunque la temperatura no es demasiado baja, se está bien. Ahí mi equipo de apoyo empieza su excelente trabajo dándome un cortavientos para la espera.

A las 7 en punto del viernes 26 de Septiembre salimos por las calles de Atenas. En mi caso bastante atrás con la intención de no acelerarme demasiado, a un ritmo de 5:15 aproximadamente. Enseguida remonto posiciones colocándome entre los 30 primeros más o menos. La salida de la ciudad por las avenidas es mitad entre pitos de coches animando y la otra mitad quejándose de los cortes de calles. Todo el mundo sale con demasiadas ganas y demasiado rápido. Hay nervios y vamos comentando entre los corredores que encontramos los objetivos, cuantas “Spartas” llevas corridas, etc… es el ritual del ultrafondo.

En mi caso salí con una riñera y varios geles, ya que no tenía intención de parar casi nada hasta el km 80. Fui hidratándome bien y parando cada 10 -12 km a rellanar agua poniendo mucha atención a la hidratación y a comer. A la salida de la ciudad y hacia el primer punto de avituallamiento donde los supporter podían ayudar empezó a caer una importante tromba de agua.

Luis y Mark woolley en carrera

 

Mi preocupación era doble, una que los coches que pasaban cerca no nos vieran, con lo cual debíamos ir muy atentos, y otra el poder quedarte frio ya que a medida que corres pierdes mucha energía, y más si tienes que mantener la temperatura del cuerpo.

La organización paso con un coche e iba repartiendo plásticos para taparnos, yo cogí uno y me lo plante como pude con el fuerte viento, por lo menos el plástico iría manteniendo la temperatura corporal. Vi pasar a mi equipo de apoyo con el coche y les pedí que preguntaran a la organización si me podían dar un chaleco o algo en el Check point. Un par de km más adelante la gente de la organización en el mismo me lo dio, hasta ahí todo bajo control.

Poco antes del maratón me adelantaron varios corredores españoles, pero el ritmo me parecía demasiado rápido, y la carrera demasiado larga como para gastar más de lo necesario, por lo que decidí no pegarme a ellos, les desee suerte.

A la llegada a Megara, punto de control 42,2 el sol ya lucía. Pase en 3:40, supercomodo. Alli estaba mi equipo con un cantío que tomé de un trago. La humedad que subía del asfalto tras la lluvia era sofocante, por lo que traté de hacer especial cuidado con la hidratación. Alli me comí unos bollos de chocolate y ante la insntencia de mi equipo preferí bajar un poco el ritmo, quizá me estaba excedediendo, pero realmente iba comodo.

El camino desde aquí hasta el siguiente punto de control importante del km 80 era por una carretera de costa llena de curvas, pequeñso sube baja que te permitían seguir un ritmo constante todo el rato, un barco hundido, una planta de cementos, mil perros muertos, y mucha basura eran nuestros compañeros de viaje, el mar azul, y una ligera brisa que hacía no cocernos. Estos tramos se pasan corriendo sin pensar, solo flotando el ambiente, charlando con tus compañeros de carrera y dejando pasar las horas cuidando de que no pase nada raro. Iba ganando tiempo al crono, a los puntos de corte, y eso me hacía ir relajado, pero concentrado en lo que tenía que hacer, correr, no tenía molestias, salvo los calcetines con los que correr siempre que me estaban rozando el tobillo, intuyo que por la lluvia y el polvo.

Poco antes del km 80 está el Canal de Corinto, escavado en plena roca, y que hace que la península del Peloponeso, de manera artificial ya no sea tal. Me hubiese quedado ahí un rato, pero desgraciadamente no podía. Me acercaba al punto del km 82, clave ya que a partir de ahí los tiempos de paso se relajan mucho.

Llegue con 7:45 aproximadamente, muy fresco, y me sorprendió ver llegar a gente ya bastante tocada y con deshidratación y falta de sales. En ese punto me cambie de zapatillas, calcetines y trate de comer algo de tortilla pero la verdad es que me costaba bastante masticar. Comer se me empezaba a hacer duro, y ya me repetía una y otra vez, si nos comes estás acabado, sin posibilidades, por lo que trataba de esforzarme. Me comí unos bollos de chocolate con esfuerzo y un cantío que me revivió de una manera sorprendente. El tiempo que había ganado allí eran casi dos horas sobre el tiempo de cierre, lo que me hacía no estar nervioso.

Aquí ya deje la riñonera, ya que el equipo de apoyo desde este punto me podía ayudar cada 15 km aproximadamente, además me había hecho unas yagas considerables. El paisaje desde aquí eran carreteras secundarias, plagadas de olivos, y con subebajas ligeros, que hacían que no fuera complicado avanzar. Sin embargo yo no conseguía comer mucho.

El km 93 era la entrada a las ruinas del antiguo Corinto, donde turistas y equipos de apoyo animaban como si fuera el paso del Tour. Maria me puso en ese punto unos ánimos de Paula, mi hija que me pusieron la carne de gallina y me emocionaron hasta el punto de llenarse los ojos de “agua”…

Los siguientes km no tuvieron mucho de especial, mismo control de la carrera y poco más. Es todo muy rutinario. En el km 113 el sol empieza a bajar pero no cojo el frontal ya que aun se veía batante, lo dejo para el siguiente CP donde estaría el equipo. Esto me hizo llegar a la antigua Nemea sin ver un pimiento. Km 123 en 13:46 con unas 3 horas de margen sobre los tiempos de corte. Mitad de carrera. Realmente me veía tan bien que aquí empezaba a soñar con las 28-29 horas de tiempo total de carrera ya que si conseguía mantener el ritmo y aunque perdiera algo, podría con ello. Iluso.

En este punto tenían preparado un gran punto de control, con cena caliente. Traté de comer un planto de arroz, pero fue imposible. Por lo que segui comiendo bollos de cocholate y algún que otro gel. A partir de aquí ya empecé a tomar café en todos los puntos de control y sopa caliente en otros para mantener el calor.

emilio 140k

 

No se muy bien si fue en este tramo ya que tengo muchos recuerdos difusos después del cansancio y de tantas horas, pero entre este CP del km 123 y el del 145 empecé con molestias en el estomago, el liquido que bebía no se absorbía y tenia unas nausea importantes, así que me eché fuera de la carretera y empecé a vomitar todo lo que tenía dentro. Por un lado me hizo encontrarme infinitamente mejor, y esa pesadez me permitía de nuevo correr de nuevo, eso si andando las cuestas, porque las piernas las iba teniendo ya al jerez. Pero me preocuapaba mucho tener el estomago cerrado, ya que sería el final de la prueba.

Desde Lyrkia, km 148 hasta el CP 159 que era la base de la montaña, teníamos una subida importante de unos 500-600 metros por una carretera serpetante. Este tramo lo hice entero andando y aun asi adelantando a muchísimos corredores. Ya en la base me abrigue bien, llevaba 18-19 horas en marcha y el cansancio y falta de energía hacían mella.

El tramo de la montaña es una subida a un monte por un sendero con una pendiente muy dura, pero no es más de media hora de subida. En ese punto el frio era imponente fundamentalmente por el viento. En la cima el grupo de voluntarios ayudaba a los corredores, con café y mantas, algún corredor estaba con hipotermia, habían subido en tirantes, y hacía demasiado frio para eso. Por lo menos desde mi punto de vista.

Yo todavía me encontrada fuerte para llevar 160 km y la bajada del monte por una pista de tierra con piedras muy sueltas, la hice corriendo. Fue uno de mis mayores errores, ya que el ritmo era bajo, pero el desgaste que me supuso fue tal que a partir de ahí mis cuádriceps se resintieron muchísimo. Me empezaron a doler mucho las piernas y empecé a temer por llegar a meta, lo cual era mi único objetivo al tomar la salida. Poder llegar. Tenia unas tres horas y media de margen sobre sl cierre de control, pero desde este momento mi cabeza entro en modo supervivencia y empecé a hacer cálculos de ritmos para llegar en tiempo, lo que te hace ir mucho más controlado y comedido. YA no haces tanto esfuerzo por correr en muchos tramos, y entras en una búsqueda del mínimo desgaste posible.

Los siguientes tramos fueron más o menos llanos, la gente iba cayendo y en los avituallamientos encontrabas corredores que iban abandonando. Al final tu rutina era seguir una luz en el suelo y tratar de no parar de trotar demasiado. Mi ritmo aquí ya decaía mucho. Me paso una Japonesa, que iba muy despistada o dormida y se confundió de camino, suerte que la pude avisar, si no acaba en Atenas.

No me sentía con demasiadas fuerzas y volví a vomitar todo cuanto tenía en el estomago. La comida ya no me entraba, por lo que trataba de ir adelante ya solo con geles que es lo único que no me costaba tragar, acompañado de patatas fritas que comía en los CP para mantaner el nivel de sal.

Al amanecer llegué al CP de TEGEA-ALLEA, donde me cambie de ropa, era el km 193, y aun tenía 50 km por delante. El dolor de piernas era brutal, e intentar correr era ya un suplicio, corria y andaba casi por igual, pero a la vez el ritmo era el mismo corriendo y andando. Me sentía sin fueras probablemente de vomitar y de no comer lo suficiente en las ultimas horas. Además empezaba a sentirme deshidratado, bebía y meaba constantemente pero la sensación de deshidratación era brutal. Mi ritmo no era mayor de 7 km/h en los tramos siguientes.

Además yo pensaba que a partir de ahí el camino sería prácticamente todo cuesta abajo. Segundo gran error. Unas largas subidas de asfalto de 7-8 km me esperaban. Además el arcén era muy estrecho, y me hacía ir con miedo de los coches ya que en las curvas no me veían. Me empezaba a adelantar gente, y yo ya no podía correr prácticamente nada. Me dolían los empeines, pero a tratar de aflojar los cordones casi me quedo enganchado sin poder moverme.

Me estaba viniendo abajo, y empezaba a dudar de mi llegada. Incluso llegué a pensar que alguno de las decenas de perros que había por el camino y ladraban me mordiera para darme la excusa de retirarme. Son fracciones de segundo, pero lo piensas. Mi equipo de apoyo me veía y a pesar de que les decía que iba bien, se que no lo pensaban, y les notaba preocupado. Krisma me dijo- Un infierno verdad?- le asentí y le dije que peor que eso.

En el km 223 Maria me puso otro mensaje de Paula. Emilio estaba blando, le dolía todo y rompió a llorar marchando del avituallamiento rápidamente. Solo pensaba en llegar como fuera, no podía ser derrotado tan cerca de meta, y el tiempo pasaba inexorablemente, y seguía siendo adelantado por corredores. La deshidratación que sentía cada vez era mayor, sin embargo paraba a mear cada 20 minutos, y tomaban sales, no lo podía entender.

Otra tromba de agua, pensaba en una hipotermia, salía el sol, pensaba en recalentarme, el cuerpo ante el mínimo contratiempo ya no repsonde igual, y las plantas de los pies doloridas, sufriendo en cada paso. Mi meta ya no era Spartha, sino cada uno de los CP que tenía en el camino. Aun tenía margen.

Asi hasta el km 237 donde mi equipo me cambia de camiseta para entrar con la del GGM, mi club de toda la vida. Tengo mucho tiempo para llegar, pero me duele todo, me cuesta andar, y tengo calor y sequedad. Me pongo hielo en la cabeza y me despido de todos hasta meta. Siguen pasándome corredores, y por dentro estoy rabioso por no poder correr.

Desde un alto veo Spartha, pero me parece inalcanzable, aun asi lo importante es no parar de moverse. Adelanto a algún otro corredor, que va peor que yo. Llego al CP 73 donde pone que me quedan 4 km. Mis cálculos era 6 y me animo, intento correr y me da miedo romperme en dos. Da igual, seguiré andando.

 

Pasan esos 4 km pero el meta no llega. En realidad ese punto es el rio Evrotas donde si llegas en 36 horas ya no te cortan. Los coches, las motos, la gente que pasa te anima, te llaman héroe, y vas como en una burbuja.

Se acerca un niño en bici, me pregunta de donde soy y me dice que me acompaña hasta meta. Pasan camiones a nuestro lado y yo no hago más que agarrar al niño para que no le pillen. Desearía estar corriendo pero no puedo. La entrada se me hace imposible, interminable, esperaba estar exultante, pero solo quiero llegar, para de andar y sentarme.

A falta de 800 m está Luis de Santiago, que había abandonado en el 123 y que con los nervios de todo el mundo me había ido a a buscar. Me felicita, me anima, me dice que corra pero no puedo. Fue un alivio verlo. Al cruzar la esquina veo la recta de meta. Filipides al fondo, no me lo creo pero estoy llegando. Intento correr, pero tengo que parar, sigo a paso tortuga como un zombie. Me espera Krisma y Mar, me animan y me dan mi bandera de Castilla.

Spartathlon 2014: la recta de meta para Emilio Comunero. Foto: Comunero.

Spartathlon 2014: la recta de meta para Emilio Comunero. Foto: Comunero.

Veo a María corro hasta ella y le doy un beso. Fui llorando toda esa recta, es mucho esfuerzo, muchas horas de entrenamiento, muchas horas de preparación, un gran esfuerzo de mi equipo de apoyo, mucho sentimientos. Iba a conseguir vencer a la carrera. Y por fin llego a los pies de Leónidas, estaba conseguido.

Estas envuelto en una nube en esos momentos, te dan una vasija con agua del rio para beber, te ponen la corona de laurel, te lavan los pies. Es todo tan especial que es difícil describir.

Me quede solo unos segundos en una silla mirando el vacío, me preguntaban si estaba bien, pero estaba como atontado, y no del cansancio, sino de un conjunto muy grande de sensaciones, muchas, indescriptibles, que me guardo para mi. Estoy muy satisfecho, muy contento de la carrera y de haberla superado. Poco entrenamiento, pero los dioses del Olimpo me han dejado besar los pies de Leónidas.

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Es una carrera en la que un fallo te deja fuera, tiempos ajustados, nada de descanso. Ese es su aliciente.

Se que siempre se dicen estas cosas, pero hay tres persona a las que les debo media Spartha. Ya no solo por la ayuda en el material, etc… que es muy importante, a pesar de que la organización te lleva lo que quieras al punto que quieras. Mentalmente saber que los tienes ahí, que tienen lo que puedas necesitar, que se animen, verlos cada x km, para mi ha sido muy importante. Su confianza en que podía hacerlo, te hace poder hacerlo. Son maravillosos, y recordare esas 33 horas como un recuerdo imborrable para toda mi vida. Maria, Mar y Krisma, han hecho un trabajo, impagable. Espero que para ellos esta experiencia haya sido al menos la milésima parte de lo que ha sido para mi. Será mucho.

Manuel gracias por informar en Facebook, mi familia entre otros estaba pendiente de las noticias.

A todos los que habéis leído, animado, alegrado, empujado, etc… muchísimas gracias., os aseguro que me llegaron todos los ánimos.

A todo el grupo de personas que he conocido allí, decirles que ha sido un placer,

Enhorabuena a Eva por su tercer puesto, una abuela que vuela.

Mark Wolley, estuve allí por tu culpa. Espero verte pronto. Eres uno de los mejores ultras que he conocido. No solo por correr, sino por tu mentalidad, eres el tipo que más disfruta con esto. Creo que te equivocaste eligiendo la carrera este año, tu pasión por ella hizo que te apuntaras, y lo del mes pasado fue altísimo Voltaje como tu dices. Descansa un poco y verás todo con otra perspectiva. Eres el mejor.

Al resto de los no llegados, les animo a repetir para llegar. El conocimiento de la prueba creo que será un grado.

 

¿Y LA ORGANIZACIÓN? Acabo hablando de la organización de la Spartha. Donde hace años oí que eran unos tipos que te ponían cuatro gusanitos en los avitullamientos, y poco más. Que la carrera es fea de cojones, etc… Nada más lejos de la realidad. Todo controlado, todo planificado, muchísimos voluntarios a los que agradecer su esfuerzo.

En 246 km te llevan a 75 CP lo que tu quieras, tienen bebida, comida etc… fría, caliente. Lo que quieras. Es una autentica pasada. Autopsitas gratis para los coches de apoyo. No tratan de sacar dinero con la carrera, sino que cuesta mucho más de lo que vale. Y en definitiva es gente enamorada del ultrafondo. En estado puro.

No se si volveré o no. En el km 230 hubiese matado al que lo hubiera insinuado. Pero varios días después, entiendo a quien está colgado de esta prueba. Tiene algo, que quizá la perspectiva me termine de enseñar.

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Info redactada por Mayayo Oxígeno para Carrerasdemontana.com