Pecados capitales del Trail: La Ira. #Todoestoeracampo-4, por Luis Arribas @_spanjaard.

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Los Pecados Capitales del trail centran la tercera columna de TODO ESTO ERA CAMPO. Una sección que ofrece las columnas de opinión de un veterano corredor, Luis Arribas @_spanjaard, quien lleva años compartiendo kilómetros con nosotros, una década desde aquellas sesiones con Los Paquetes, como aquellas ediciones compartidas en la Madrid Segovia.

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Luis lleva años viviendo la pasión de escribir, habiendo colaborado en numerosos medios, así como ha publicado ya dos libros. Vamos pues con estas letras, cerrando Enero con #Todoestoeracampo

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Todo esto era campo, por Luis Arribas @_spanjaard

Pecados capitales del Trail: La Ira.

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La Ira. ¡Argh! Nuestro homo brutus más brutus aflora a la superficie porque, uno, somos irascibles por diseño divino y, dos, el mundo vive mirándonos de reojo con el único objetivo de tocarnos las gónadas.

Por fortuna, todo esto no es sino una falacia. El primer punto, el del diseño divino, se ha demostrado falso. Ninguna deidad habría rematado una especie sobre la faz de la tierra con tal cúmulo de defectos. O lo habría hecho como entretenimiento y pocas expectativas de durabilidad. La mala baba que surte de obra, palabra y pensamiento ha de ser, por pelotas, una consecuencia evolutiva.

El segundo, miren, en el mundo del deporte de correr por las montañas se acumula tal cantidad de tensiones que nadie está deseando evaluar si saltas cuando te pinchan. Y por aquí quiero tirar.

La ira domina nuestros malos ratos pero al campo salimos a correr para evitarlos. A lo sumo, un porcentaje de corredores lo utilizan como terapia. En este caso, y he oído y visto comportamientos de mandril a más de 2.600 metros en mitad de un canchal, esa ira incontenida fue apenas una breve espita de escape de una frustración propia. Porque, por fortuna, la mayor parte del mundo trailero está pendiente de que no te mates o pierdas. Por mucho que en casa nos merezcamos una paliza semanal.

Gilipollas te los encontrarás en todos lados. Cierto. La categoría de iracundos persistentes pero de buen fondo es también un grupo numeroso. Tened en cuenta que el pelotón se nutre de la materia prima que hay. No hay otra cosa disponible.

Quizá por debajo de las dos horas de esfuerzo haya aún iracundos intersección gilipollas pero, garantizado, uno de los segundos no aguantará porque sí sesenta kilómetros de pelear contra un enemigo más grande y más tenaz: la senda empinada.

Si nos salimos del espectro del corredor y nos sentamos a jugar a organizadores hay un sesgo de ira que no podemos esconder. Si ayudais o intentais sacar una carrera adelante veréis que las voces y las venas de los cuellos se hinchan con frecuencia. Poneos a ello.

Es como cuadrar una cena para doce personas con un solo taburete y seis patatas cocidas. Dos líneas de cabreo (tres, si contamos al simpático corredor inscrito) son las fundamentales: la logística interna y nuestra querida administración, sea local o autonómica, de índole urbanística o medioambiental.

Me cago en el copón será lo mínimo que se dirá cuando un permiso falte, un palé de bebida energética no llegue a tiempo, el balizado de un tramo de la carrera haya sido arrancado, la talla de las camisetas sea algo muy diferente de lo encargado o la gran nevada del año se adelante, pre-ci-sa-men-te, al fin de semana de nuestra carrera.

Temblor de labio inferior y rechinar de dientes. La presión arterial disparada. Un calor que nace del estómago y brota hacia esa olla exprés que es nuestra cabeza. Por motivos variados y que podrían haberse evitado con una mejor coordinación o voluntad, política o deportiva, en este orden.

Pero el organizador de carreras de montaña tiene que sobrevivir en las taifas administrativas españolas. Alcaldías, hermandades de labriegos, consejerías de política territorial que todavía están desempolvando la palabra territorial de las cajas de embalaje, y bandos. Bandos por todos lados. Ambientalistas que viven en contra del uso del ambiente. Ambientalistas que piensan que mejor correr que sacar las motos. Cazadores ambientalistas que dan ambiente al campo con sus cotos y tradiciones seculares. Y facebook para arriba y abajo. Y broncas en twitter y cabreos monumentales por los que un organizador sopesa si lanzarse al monte como los bandoleros, trabuco en mano.

Dios quiere que nos hayamos armado con herramientas de concordia y diálogo mejor que con trabucos. Pero el pecador, humano como es, ha de tomarse un medicamento antiácido estomacal y contar hasta cinco. La ira tiene que hacerse a un lado porque vivimos en un entorno apiñado. Nadie va sólo por el monte, ni se recomienda, y ya sabes que tu libertad termina donde donde empieza la del otro, que además lleva dorsal, mochila de hidratación y bastones como tú.

Motivos para tirar por un barranco a ese imbécil hay por carretillos. Pero quizá no sea un imbécil de manual y solamente esté poseído por ese momento de no retorno, está cabreado como una mona y necesita que alguien le escuche mientras ponéis rumbo al siguiente avituallamiento. Contra ira, templanza, dicen.

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Info publicada por Mayayo Oxígeno para Carrerasdemontana.com