TRAIL RUNNING PORTUGAL: MAXI RACE MADEIRA 2018 (25k-68k-103k) EDICIÓN INAUGURAL, DESDE DENTRO. CRÓNICA Y FOTOS, POR MAYAYO.

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La familia Maxi Race ha celebrado la edición inaugural de MAXI RACE MADEIRA con carreras de 25k-68k-103. Los trazados comparten fuertes desniveles y grandes paisajes, arropados dentro de la nueva franquicia global creada por el mega evento Maxi Race Annecy que ya acogió en 2014 el primer mundial ITRA.

Vamos con la crónica, resultados y fotos, con Mayayo desde la propia Madeira, donde completaba un ciclo personal de cuatro carreras de montaña en un mes, enlazando tres continentes: De Madrid, a la Argentina, Israel y Portugal. Arrancamos con la video crónica primero y vamos despues con más detalles y fotos.

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MAXI RACE MADEIRA 2018: 

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Los pasados 8-9 Diciembre de 2018, el pueblecito de Sao Vicente acogió la edición inaugural de Maxi Race Madeira, dentro de una apuesta sostenida de la isla por las carreras de montaña como palanca para lograr un desarrollo sostenible y dar a conocer los grandes encantos de la misma todo el año.  Asi, esta MaXi-Race Madeira se ha llevado a cabo en diciembre de 2018, alternando paisajes de acantilados marinos como el Arco de San Jorge, travesías colgadas por las clásicas levadas (acequias) de la isla y un bosque único de laurisilva situado al norte de la isla.

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La franquicia Maxi Race: Esta primera MaXi-Race Madeira sigue la tradición de las MaXi-Races en todo el mundo: una llamada para viajar y explorar, y descubrir hermosos paisajes y culturas a través de un evento popular que ofrece un desafío personal para todos. Hoy abarca ya: Francia, China, Ecuador, SudAfrica, Madeira y Sicilia.

FICHA TECNICA: Distancias y Ascenso: Arrancaba la cita con tres carreras, valoradas por ITRA como de gran dureza. 

103km y 7900m de subida. 5 Puntos ITRA
68km y 5400m de subida.  4 Puntos ITRA
25km y 1900m de subida. 2 Puntos ITRA

 

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En la parte deportiva, esta primera edición ha contado con unos 200 dorsales en carrera, destacando el importante numero de corredores extranjeros y especialmente, por cantidad y calidad los llegados desde Francia, con elites del nivel de Antoine Guillon o Cyril Cointre, quienes ganarían con autoridad ambas ultras, los 103km y 68km respectivamente.

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MAXI RACE MADEIRA, DESDE DENTRO. POR MAYAYO.

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Descubri la Maxi Race de Annecy en 2015. Durante aquel primer Mundial de Trail ITRA que quisimos fuera un mano a mano Francia-España y se convirtió en una barrida, donde los galos ganaron por goleada. Me gusto ya entonces aquella carrera, arriba y abajo por las montañas que rodean el encantador lago de Annecy. Pero aún me gusto más el estilo de su organización, que aún teniendo entre manos un Megaevento con ocho mil personas, lograba que las cosas fluyeran de forma relajada, casi amistosa, para los corredores en liza. De entonces aquí, cada año volvemos allí, para cubrirla envivo desde CARRERASDEMONTANA.COM.

Paisaje invernal Lago Annecy. Foto: Raul Criado.

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Con el tiempo, la organización Maxirace apostó por no crecer más en Annecy y buscar otros senderos, mundo adelante. Nacieron así Maxi Race Ecuador, China, Sicilia, Sudáfrica…. Así que, cuando hace apenas dos meses me enteré que habría una flamante Maxi Race Madeira no dude en apuntarme. Y es que, al buen rollo compartido de año en año con el equipo Maxi Race se unía ahora la oportunidad de correr por primera vez en la verde isla portuguesa, haciéndolo además por el lado Norte de la misma, el menos habitual para otras carreras, con lugares como el clásico Pico, el espectacular Arco Sao Jorge o el encantador pueblito de Boaventura, epicentro de la prueba.

La primera edición llegaba el 8DIC, con tres carreras bien recias: 25k/D+1900; 68k/D+5400; 103k/D+7100. En mi caso, llegaba con un calendario cargadito todo el mes anterior: Ecotrail Madrid 21k primero, K42 Patagonia después y la Eilat Desert Marathon de postre. Pero los planes lo aguantan todo, así que me apunté a los 68k, con plan de hacerla sin agobios. Conforme iban pasando las citas, ya vimos con mi fisioterapeuta que esa presa era mucho lobo para este cazador. A vuelta de Israel, pedí cambio a los 25km. Fue una buena decisión. Pude disfrutar la prueba corta al tran tran, corriendo sin demasiados dolores ni durante, ni después. Evitamos así sobrecarga y lesión, que ya me ha castigado otras veces al querer morder más de lo que podía tragar mi cuerpo en ese momento. Y oye, cada distancia tiene su aquel….

Plan ajustado, todo listo. Vamos, tira otra vez a Barajas. El aterrizaje en la isla por Funchal me dejó una impresión agridulce. No seáis malos…no es por la “mítica” estatua de Cristiano Ronaldo en el aeropuerto al que da nombre (Ecce homo portugués), sino porque a un prometedor paisaje de montañas altas y verdes desde el cielo, se unía un litoral sur muy construido, casi urbanizado hasta el mar. Ummmm…

Menos mal que la ruta al Norte hacia Boaventura, nos llevó de túnel en túnel hasta otra época: Pueblitos colgados en lo alto de cada acantilado, carreterillas sinuosas, cabras sueltas y viejos caminos empedrados por doquier, que surcaban arriba y abajo las cimas mientras trotábamos los días previos por ellos.

El Pico es sin duda lo más turístico de la isla para los corredores de montaña, por sus crestas rocosas y amplios panoramas. En mi caso, tras conocer a Patricio y Barbara de la organización, preferí perderme por los senderos a ras de costa. Sera por eso de vivir en pleno Guadarrama. En Cercedilla no vamos mal de de picos y cimas, vale. Pero de costa, nada y no nada, claro está. Así que me di el gusto de correr con Simon, encargado del crono, respirando juntos a bocanadas el salitre y viendo a los pescadores buceando al amanecer.

Llegó el día de la carrera, con un sol espléndido y un pequeño gran lujo: Si los 103k salían a las 6AM, nosotros los de la carrera txiki de 25km no lo hacíamos hasta mediodía. Bien! Sin madrugones ni prisas, por una vez. Bus a la salida, tomar un rato el sol tranquilos y por fin……¡vamonos!

La carrera tenía cuatro tramos claros: Arrancamos con una salida espectacular, 6km corriendo a ritmo por las levadas, siguiendo una acequia colgada en la montaña que lleva agua de unos rincones a otros. Piso llano, correr a ritmo y enormes panoramas por delante hasta el mar. ¡Somos ricos!

La siguió una feroz bajada hasta el primer avitu, ya en el ecuador de carrera, alternando sendero y duros tramos de hormigón. Hasta aquí, hora y media justa, bien pues. La subida clave del día llegaba en el tercer tramo, trepando casi 700m en 3km por un bosque húmedo que a las dos de la tarde nos hacía sudar como posesos a la francesa Bocque y a mi, colgados de los bastones mientras compartíamos resoplidos en todo este calvario. Curiosamente, coronar tenia premio pues los primeros tramos de cresteos en lo alto eran por un espeso hayedo. Por unos momentos, llegue a sentirme corriendo en pleno otoño por el Pirineo navarro.

Tras el subidón y algo de cresteo, tocaba una feroz bajada hasta el mar, por las míticas escaleras de la isla. Miles de escalones surcan todas sus laderas, pues el terreno local, embarrado y mojado las hace casi imprescindibles para subir/bajar sin sobresaltos. Bueno, eso si los cuadriceps nos dejan, que en estas lides sufren como condenados.

Al fin, tocamos fondo en un pueblito vecino ya de la meta en Boaventura. Quedan apenas 2km, que serán inolvidables. El primero, discurre por el Arco de San Jorge, un hermoso acantilado cortado a pico sobre el mar. De-li-cio-so. El último kilómetro, duele. Mucho. Veo a Bocwue delante, penando en el subidon del mar a la plaza de la Iglesia en lo alto, donde está emplazada la meta. Nos vamos acercando, pasito a pasito. Camino viejo empedrado, sendero de tierra, tramo de carretera donde mi compañera se descuelga un poco y por fin las escaleras finales, hasta llegar a lo alto. ¡Se acabó!

Han sido 3h51 por el crono oficial: Ha ido bien. Sufriendo en la gran subida, disfrutando todo el resto del día. Buenas sensaciones, pues aún teniendo las piernas muy pesadas tras varias carreras, no hubo calambre alguno ni sobrecarga. Por una vez, funcionó perfecto eso de: “Menos kilómetros, pero más divertidos”.

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El día después: Hoy Lunes, tocó madrugón a las 2AM desde Boaventura para marchar al avión en Funchal, despegando a las 5AM rumbo a los madriles. Por el camino, mientras escribo esto en el aire, pienso que esta primera Maxi Race Madeira me ha dejado muchos buenos recuerdos…y más ganas aún de volver en 2019 a vivir, ahora si, sus 68km. Nos vemos por estas montañas, pues, para la segunda edición.

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MAXI RACE MADEIRA: GALERÍA DE FOTOS, POR MAYAYO.

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