MONTE ROSA SKY MARATHON: CARRERAS DE MONTAÑA AL GIGANTE ALPINO.

MONTE ROSA SKYMARATHON: CARRERAS DE MONTAÑA AL GIGANTE ALPINO: Nuestra sección MONTE ROSA viaja a los Alpes italianos para repasar porqué el Monte Rosa SkyMarathon volvió a recordarnos ayer 13 de junio de 2026 que algunas carreras de montaña suponen un reto muy peculiar.

La cita de Alagna Valsesia reunió por primera vez cuatro pruebas sobre la misma montaña, todas ellas por encima de los 3.000 metros, con 664 corredores llegados de 34 países. El viento obligó a cortar la SkyMarathon y la SkySummit en el Colle del Lys, a 4.250 metros, dejando para otra ocasión la llegada a la Capanna Margherita de 4.554 metros.

Hillary Gerardi. Foto Jeantet Stefano.


MONTE ROSA SKY MARATHON:

CARRERAS DE MONTAÑA AL GIGANTE ALPINO.

Como corredor de montaña ya he vivido en estos lares citas exigentes como la Ultra Tour Monte Rosa, una prueba muy técnica y hermosa, organizada por la propia Lizzy Hawker. Ahora bien, esta Monte Rosa Skymarathon va un paso más allá, pues es supone abordar una verdadera ascensión alpina con dorsal. Vamos a repasar juntos porqué esta ha sido una ocasión con verdadera mística.

Ultra Tour Monte Rosa, foto Mayayo.

MONTE ROSA (4.634m): LA MONTAÑA IMPONE EL GUION.

El Monte Rosa es el segundo gran macizo alpino por altitud en Europa Occidental y, sin embargo, casi siempre aparece a la sombra mediática del Mont Blanc o del Cervino. Visto desde Alagna Valsesia, la montaña se levanta como una muralla glaciar inmensa sobre el valle walser, con una sucesión de morrenas, campos de nieve y lomos blancos que parecen cercanos desde abajo, pero se alargan después hasta convertir cada referencia en un pequeño engaño visual.

La cima principal del macizo es la Punta Dufour, con 4.634 metros, pero la carrera se dirige a la Capanna Margherita, instalada sobre Punta Gnifetti a 4.554 metros. Ese refugio, el más alto de Europa, supone todo un símbolo alpino donde la frontera entre correr y alpinismo se convierte en una decisión práctica: cómo respirar, pisar, encordarse y bajar sin regalar un solo metro al exceso de confianza.

Para quien ha pasado años combinando carreras de montaña, skimo, trekking y alpinismo, como a mí me pasa, esta carrera de montaña tiene una virtud peculiar. Exige al corredor que acepte la alta montaña como viene, con viento, frío, grietas, cambios de horario y decisiones de dirección de carrera que pueden parecer frustrantes desde la pantalla, pero resultan obvias cuando uno ha visto moverse una nube negra sobre un glaciar o ha tenido que aguantar una tromba de agua a pie firme por estos lares.


MONTE ROSA SKYMARATHON 1993.

La idea era tan sencilla como brutal: salir desde los 1.192 metros de Alagna, remontar hasta Bocchetta delle Pisse, alcanzar Punta Indren, cruzar terreno glaciar hacia el refugio Gnifetti, superar el Colle del Lys y coronar en la Capanna Margherita antes de regresar al valle por el mismo itinerario. Hoy puede parecernos natural porque el trail running ha llenado el mundo de dorsales, geles, rankings y retransmisiones, pero en los primeros años noventa aquello era otra cosa.

La primera edición se celebró en 1992. Ya entonces, como ocurrió ayer el viento obligó a recortar el recorrido y los corredores dieron la vuelta en el Colle del Lys, a 4.250 metros. El trazado original completo, desde Alagna Valsesia hasta la Capanna Margherita y regreso por el mismo camino, quedó consolidado en la edición mítica de 1993.

Para mí, ese origen explica por qué Monte Rosa sigue siendo inclasificable. No cabe del todo en la etiqueta de trail, aunque se corra con zapatillas. No es una prueba de alpinismo clásico, aunque obligue a usar material técnico y moverse encordado. Tampoco es una ultra, porque sus 35 kilómetros engañan al corredor que solo mira la distancia. En fin, creo que la magia de esta Monte Rosa Skymarathon es herencia de aquella familia antigua y recia de carreras donde la montaña pesa más que el cronómetro.

CUATRO CARRERAS DE MONTAÑA POR ENCIMA DE 3.000 METROS

La edición 2026 trajo una novedad importante al reunir cuatro pruebas en una misma jornada, todas ellas por encima de los 3.000 metros. La SkyMarathon mantuvo el formato clásico por parejas hasta la Capanna Margherita, aunque este año quedó recortada por viento en el Colle del Lys. La SkySummit ofreció la versión de ascenso hasta la misma cota máxima, también por parejas y con retorno no cronometrado desde Indren. El AMA VK2 volvió a plantear un doble kilómetro vertical de 9 kilómetros y 2.086 metros positivos hasta la estación de Indren, una salvajada corta de esas que dejan los pulmones haciendo inventario.

La gran novedad fue la Monte Rosa SkyRace, una carrera individual de 25 kilómetros con 2.500 metros positivos y otros 2.500 negativos hasta el refugio Gnifetti, a 3.647 metros. La organización la presenta como un regreso al espíritu de la prueba celebrada en 1996, cuando el mal tiempo obligó a fijar el punto alto en Gnifetti. Es, por tanto, algo más que una distancia nueva. Es una puerta de entrada al ADN de Monte Rosa para corredores con experiencia de montaña que quizá no quieren, o todavía no deben, afrontar la logística más seria de la cuerda y el glaciar superior.

Esa SkyRace tiene mucho sentido deportivo. Mantiene altitud, nieve, terreno técnico y severidad ambiental, pero evita el sector más comprometido hacia Colle del Lys y Capanna Margherita. En tiempos donde demasiadas pruebas crecen por simple acumulación de kilómetros, Monte Rosa ha elegido crecer por capas de compromiso alpino. Ese matiz honra mejor la historia de la carrera que cualquier eslogan.

Marcello Ugazzio. Foto: Jeantet Stefano.


 

2026: ORO BOFFELLI – DE LORENZI Y  GERARDI – NILSSON.

La prueba reina Monte Rosa SkyMarathon tiene 35 kilómetros, 3.500 metros de desnivel positivo y otros 3.500 metros de descenso, lo que suma alrededor de 7.000 metros acumulados entre subir y bajar. La salida está fijada a las 5.30 de la mañana en Alagna Valsesia. El recorrido asciende primero por terreno de montaña y sectores asociados al dominio de esquí hasta la Bocchetta delle Pisse, a 2.396 metros, para continuar después hacia la estación superior de Indren, a 3.260 metros. Hasta ahí todavía puede hablarse de carrera de montaña dura, vertical y muy alpina.

A partir de Indren empieza otra cosa, porque el reglamento obliga a progresar encordados, con microcrampones, arnés, cuerda dinámica, casco, kit de vía ferrata y una mochila que recuerda al corredor que está entrando en un territorio donde la ligereza nunca puede ganarle la partida a la seguridad.

Una edición recortada por el viento en altura.

La SkyMarathon 2026, recortada en el Colle del Lys por viento fuerte, dejó una nueva victoria masculina para William Boffelli, esta vez formando pareja con Roberto Delorenzi. El italiano sumó así su séptimo triunfo en la prueba, un dato que ayuda a medir su relación casi patrimonial con esta montaña. Boffelli y Delorenzi firmaron 4h16’58” en la clasificación del día, por delante de Luka Kovacic y Pascal Egli, segundos con 4h32’25”, y de Kilian Rettensteiner y Silas Walter, terceros con 4h38’50”.

En mujeres ganaron Hillary Gerardi e Ida Nilsson con 5h36’13”, confirmando el vínculo especial de Gerardi con Monte Rosa. Segunda fue la pareja sueca formada por Sanna y Lina El Kott, con 6h17’58”, mientras Melissa Paganelli y Nicole Ruggeri cerraron el podio en 6h30’56”. En categoría mixta vencieron Justyna Kowalczyk-Tekieli y Jan Elantkowski con 5h40’34”, seguidos por Meg Mackenzie y Cody Lind con 5h54’35”, y por Helene Draborg y Nikolaj Dam con 6h28’59”.

William Boffeli. Foto: Damiano Benedetto.

La nueva SkyRace estrenó palmarés con victoria masculina de Daniel Antonioli en 3h10’35”, apenas veintidós segundos por delante de Mattia Bertoncini, mientras Louis Dumas fue tercero con 3h12’49”. En mujeres ganó la galesa Carys Mai Hughes con 4h59’00”, seguida por Sabrina Bendotti con 5h00’01” y Alessia Minazzi con 5h02’31”. El doble vertical AMA VK2 tuvo como vencedores a Marco Magistro en 1h48’30” y Sabine Ehrstrom en 2h12’51”, completando una jornada donde el viento impidió la cima grande, pero no apagó la identidad alpina del evento.


MONTE ROSA SKYMARATHON Y SUS RÉCORDS.

Monte Rosa tiene una doble memoria que conviene ordenar bien. Por un lado están los registros individuales históricos de los años noventa, con Fabio Meraldi firmando en 1994 un 4h24’27” masculino y Gisella Bendotti dejando aquel mismo año un 5h34’40” femenino. Son marcas de otro tiempo y de otro formato, importantes porque pertenecen a la raíz del skyrunning, pero no deben mezclarse Con los récords modernos por equipos.

En el formato actual por parejas, el récord masculino oficial corresponde a William Boffelli y Tadei Pivk, con 4h29’20” en 2023. El récord mixto sigue en manos de Kilian Jornet y Emelie Forsberg desde 2018, con 5h03’56”, una actuación que además tuvo valor simbólico por llegar tras la lesión de peroné sufrida por Kilian en la Pierra Menta. En mujeres, la referencia oficial vigente que consta en el palmarés de la organización es Hillary Gerardi con Holly Page, 5h51’32” en 2018.

La presencia española en esta historia no puede reducirse a una nota al pie: Kilian y Emelie lograron en 2018 el bronce absoluto y el mejor registro mixto, confirmando que el recorrido original seguía siendo un examen magnífico para atletas que vienen tanto del skimo como de la alta montaña. Gisela Carrión aportó después otra referencia de altísimo nivel para el skyrunning español femenino.

Kilian Jornet y Emelie Forsberg en Monterosa Skymarathon. 

 


MONTE ROSA SKYMARATHON: LA LEYENDA CONTINÚA…

Este 2026 el trail running business vive una fase de crecimiento enorme, con circuitos globales, marcas poderosas y carreras que compiten por atraer dorsales de todo el mundo. En ese contexto, Monte Rosa conserva un valor especial porque no intenta parecerse a todas las demás, sino que busca mantener un durísimo cara a cara subiendo y bajado una montaña difícil, en una prueba solo apta para veteranos muy curtidos.

En Monte Rosa no se trata solo de tener vatios, VO2 máximo o una zapatilla con la espuma más moderna del mercado. Todo ayuda, por supuesto, pero allí arriba el material decisivo puede ser una cuerda bien gestionada, unos microcrampones colocados a tiempo, una chaqueta cortavientos que no se queda corta y un compañero que sepa cuándo tirar y cuándo callar. Es la belleza antigua de «la cordada», una experiencia que para quienes llegamos a este mundo desde la montaña será siempre mucho más seria que cualquier moda.

La edición 2026 lo demostró de forma casi pedagógica.

La organización presentó cuatro carreras por encima de 3.000 metros, estrenó una SkyRace que recupera memoria histórica y atrajo corredores de 34 países. Pero cuando el viento ordenó parar en el Colle del Lys, la cima quedó fuera de la ecuación. Esa decisión, lejos de restarle valor, confirmó que la carrera sigue gobernada por la montaña y no por la ansiedad de producir una foto perfecta.

Quizá por eso Monte Rosa sigue emocionando a quienes llevamos muchos años viendo nacer, crecer y a veces perder el rumbo a tantas carreras de montaña. Porque aquí sigue vivo aquel latido original del skyrunning. Salir de un valle alpino, subir hasta donde el aire se afina, encordarse con otro ser humano y aceptar que la cima solo se toca cuando la montaña concede permiso. No hace falta adornarlo más, porque esa verdad ya pesa bastante.

Monte Rosa SkyMarathon es una carrera de montaña, sí, pero sobre todo es una ascensión alpina cronometrada, una pieza viva de la historia del skyrunning y una advertencia contra la simplificación moderna del deporte. Sus 35 kilómetros y D+3.500 metros pueden parecer poca cosa al lado de las grandes ultras de moda, hasta que uno recuerda que la meta lógica está a 4.554 metros y que el descenso se hace con las piernas ya cargadas, la cabeza tocada por la altura y el glaciar todavía bajo los pies.

La cordada en las carreras de montaña:

La edición 2026 quedará marcada por el viento, por la séptima victoria de Boffelli, por el regreso poderoso de Gerardi, por el estreno de la SkyRace y por esa imagen tan propia del alpinismo: una carrera que quería llegar a la cima, pero supo detenerse antes de convertir el deseo en imprudencia. En un deporte que a veces confunde épica con exceso, Monte Rosa recuerda que la verdadera épica no consiste en ignorar la montaña, sino en saber leerla.

Por eso, más de treinta años después de aquella edición completa de 1993, creo que esta Monte Rosa SkyMarathon sigue siendo una cita imprescindible si quieres entender de dónde venimos. No por nostalgia, sino por precisión histórica. Antes de que el trail running llenara titulares y calendarios, ya había corredores subiendo desde Alagna hacia el gigante glaciar con una cuerda en la mochila, crampones en los pies y una pregunta muy sencilla en la cabeza: hasta dónde nos dejará llegar hoy la montaña. Desde Cercedilla, solo me queda desear una larga vida al Monte Rosa Skymarathon. La merece.

Monte Rosa Skymarathon desde dentro, por Xavier Espinal.


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