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MARCO OLMO, BICAMPEÓN UTMB MONT BLANC, CON 59 AÑOS: Leyendas Trail running.
MARCO OLMO, BICAMPEÓN UTMB MONT BLANC 59 AÑOS: Leyendas Trail running, con Mayayo. Nuestra sección LEYENDAS TRAIL celebra hoy el legado del operador de máquinas en cantera que empezó a correr a los 27 años y logró un mítico doblete en UTMB Mont Blanc 2006-2007 coronándose a los 59 años en la meta de Chamonix.
Marco Olmo representa el espíritu pionero de las carreras de montaña: Cuando todo era posible e incluso un veterano obrero italiano podía plantar cara a la élite mundial profesional…y vencer. Si no conoces su historia, no dejes de sentarte a leerla como se merece. Así la vivimos, con Mayayo.
Podcast Radio Trail: Marco Olmo, bicampeón UTMB Mont Blanc con 59 años.
MARCO OLMO, BICAMPEÓN UTMB MONTBLANC 59 AÑOS:
Leyendas Trail running, con Mayayo.
En un mundo deportivo obsesionado con la velocidad y el rendimiento desde jovenes, Marco Olmo llegó para dinamitar todas las certezas. No lo hizo desde el talento precoz, sino desde la paciencia infinita de quien ha vivido duro antes de echar a correr. Cuando cruzó la meta campeón del UTMB 2006 y más aun cuando repitió oro en 2007, ya con 59 años, su figura cambió para siempre mi manera de entender las carreras de montaña. Creo que recordarle ahora es de justicia y tan solo espero sirva para recordarnos esa magia y aquel punto de locura que en su momento nos enamoró de lo que hoy se conoce mundo adelante como «trail running».
MARCO OLMO: MAQUINISTA DE CANTERA.
La historia de Marco no pertenece al ruido del éxito inmediato ni al brillo artificial del deporte moderno, sino a esa categoría donde la épica se construye lentamente, paso a paso, año tras año, sin prisa pero sin pausa. Para entenderle a hay que irse lejos del Mont Blanc, hasta una casa humilde donde nació en 1948 en el Piamonte italiano, donde el deporte no tenía espacio porque lo ocupaba todo el trabajo. Antes de ser corredor, fue campesino, camionero, obrero…un hombre acostumbrado a jornadas largas y silenciosas donde el esfuerzo físico era parte del día a día y no un entrenamiento planificado.
Con el tiempo se centró trabajando como maquinista de cantera manejando maquinaria pesada: Su vida obrera nunca fue fácil. Aquella rutina de ruido y polvo lo saturó y empezó a buscar paz corriendo las montañas al terminar su jornada a las dos de la tarde.
Olmo siempre ha sido de una sobriedad monacal. Durante años, su relación con el cuerpo no tuvo nada que ver con el deporte, sino con la supervivencia. Levantarse temprano, cargar peso, resistir el cansancio acumulado sin quejarse demasiado. Ese tipo de vida, dura y constante, fue moldeando una resistencia invisible que más tarde aparecería en las carreras de montaña.

Marco empezó a correr a los 27 años.
Cuando empezó a correr, a los 27 años, no lo hizo buscando competir ni destacar. Lo hizo por necesidad, como quien necesita respirar o salir a despejar la mente. En ese gesto sencillo, casi instintivo, estaba ya la semilla de todo lo que vendría después. Más allá del atleta, Marco Olmo adoptó el vegetarianismo a los 37 años, como una decisión alineada con su respeto por la naturaleza. Su relación con el entorno no es estética ni deportiva, es vital. La montaña, los caminos, los bosques, forman parte de su identidad. No corre en la naturaleza, vive en ella.
Desde entonces, Marco insiste en que no corre por la gloria mediática, sino por una especie de «venganza» personal contra el tiempo y un sistema que suele descartar a los trabajadores veteranos.
Durante mucho tiempo, Marco Olmo fue un corredor más. Participaba en carreras locales, en pruebas de montaña, sin grandes resultados ni focos mediáticos. Su progresión fue lenta, constante, sin explosiones ni momentos de gloria temprana. Pero en ese anonimato fue construyendo una base de resistencia mental y física que no se improvisa. Mientras otros entrenaban con tecnología y planificación, él acumulaba horas, kilómetros y experiencia, aprendiendo a escuchar su cuerpo y a convivir con el esfuerzo.
Su salto al ultrafondo no fue sino una evolución natural. Era lógico que alguien con su carácter encontrara su lugar en las distancias largas, donde la paciencia vale más que la velocidad y donde el sufrimiento se convierte en un lenguaje común.
MARCO OLMO EN EL DESIERTO.
Antes de conquistar el Mont Blanc, Marco Olmo se curtió en uno de los escenarios más duros que puede enfrentar un corredor: el desierto. Allí participó en pruebas como la Marathon des Sables y otras carreras extremas en condiciones de calor, autosuficiencia y aislamiento total.
Ese mismo desierto que yo he tenido oportunidad de correr con la prueba italina de Los 100km del Sahara, tiene una forma particular de enseñarnos a todos como corredores. Allá entre las dunas solo estás tú, tu cuerpo y tu capacidad para seguir adelante cuando todo invita a detenerse. Esa experiencia creo fue clave en la construcción del veterano Olmo que poco después sorprendería al mundo.
La Marathon des Sables fue su gran escuela africana: En 1996 firmó un podio de enorme valor con el tercer puesto en aquellos 230 kilómetros en autosuficiencia, y repetiría bronce en 1997 y 1999, además de entrar en el top 20 durante quince ediciones más; de hecho, aún en 2014 fue 23º, y siguió compitiendo allí también en 2015, 2016 y 2017, ya con más de 65 años.
Su idilio con la arena no se limitó a Marruecos. También ganó tres veces la Desert Marathon de Libia, enlazó triunfos en la Desert Cup de Jordania y se dejó ver en pruebas extremas como la de los Diez Mandamientos en el Sinaí, ampliando un historial desértico que hoy parece casi irrepetible. No era aún el rey del Mont Blanc, pero ya se estaba forjando en esos años la resistencia feroz que después convertiría al veterano italiano en una anomalía gloriosa del trail mundial.

DEL DESIERTO A LOS ALPES: APRENDIENDO A GANAR EN LA MONTAÑA.
Con el tiempo, Marco fue pasando de las etapas saharianas a las ultras alpinas. Una de las estaciones decisivas en esa transformación fue el Grand Raid de Cro-Magnon, carrera unos 100k/D+4.000m entre Italia y Francia, donde encadenó victorias en 2003, 2004, 2005 y 2006. Esa racha probó que ya estaba listo para mandar también en terreno montañoso continuo, duro y técnico.
Ese dominio alpino actuó como prólogo natural de su desembarco en Chamonix. El UTMB apenas había nacido en 2003 y todavía no era la gigantesca maquinaria global de hoy, pero ya apuntaba maneras como la gran cita de las cien millas europeas. Marco llegó allí con la sabiduría del desierto, la dureza del trabajo manual y una forma de correr tan poco espectacular como tremendamente eficaz: un paso firme, una cabeza fría y una resistencia al desgaste que se volvía insoportable para los rivales con el correr de las horas
MARCO OLMO GANA UTMB MONT BLANC 2006, CON 58 AÑOS.
Su debut llegó en Ultra-Trail du Mont-Blanc 2005 y ya dejó huella. Aquel año terminó tercero tras Vincent Delebarre y Jean-Jacques Jaquerod, donde tan solo esos tres hombres lograron bajar de las 22 horas, con apenas 38 minutos separando a Marco del oro. Tenía entonces 56 años, una edad en la que la mayoría de corredores populares presumen de seguir en activo y él, en cambio, estaba ya codeándose con la élite del planeta ultra
UTMB 2006: Marco Olmo conquista la cima.
Hace casi 20 años que Marco Olmo se presentó en la salida del Ultra Trail MontBlanc en 2006.. Ya era un corredor veterano y respetado pero aún lejos de los nombres que acaparaban la atención mediática. La carrera fue larga, dura, como siempre en el UTMB, pero hubo algo distinto. Mientras otros corredores cedían ante el desgaste, Olmo seguía avanzando con una regularidad casi imperturbable. Sin cambios de ritmo espectaculares, sin momentos de brillantez explosiva, simplemente manteniendo su paso.
Cuando cruzó la meta en primera posición, el mundo del trail tuvo que detenerse a mirar. No era solo una victoria, era una anomalía en el sistema. Un corredor de 58 años acababa de derrotar a la élite mundial en la prueba más prestigiosa del planeta.
UTMB MONT BLANC 2007: Bicampeón a los 59 años.
Si lo de 2006 fue inesperado, el nuevo éxito en 2007 fue definitivo. Porque repetir victoria en el UTMB no es casualidad, es dominio. Y hacerlo con 59 años roza lo inverosímil. Aquella segunda victoria consolidó a Marco Olmo como una figura única en la historia del trail running. Ya no había dudas ni explicaciones fáciles. No era un golpe de suerte, ni una carrera perfecta aislada. Era la demostración de que su forma de entender el deporte funcionaba, incluso al más alto nivel.
Desde ese momento, su nombre quedó ligado para siempre al del Mont Blanc. No solo como ganador, sino como símbolo de algo más profundo: Cuando intento analizar el éxito de Marco Olmo, me resulta evidente que su fortaleza no estaba en las piernas, sino en la cabeza. Su capacidad para gestionar el esfuerzo, para no dejarse arrastrar por el ritmo de otros, para mantener la calma en situaciones límite, fue siempre decisiva.
Esa fortaleza mental se construye con años de vida, con experiencias que van más allá del deporte. En su caso, quizá la dureza de su trayectoria personal extradeportiva fue el mejor entrenamiento posible. Mientras otros competían contra rivales, él competía contra sí mismo. Y en esa batalla, rara vez perdía. Por cierto, su material para disputar y ganar en Chamonix merece una segunda mirada, si no te fijaste antes…genio y figura.

La noche de UTMB 2007. Foto Marco Olmo
Utmb 2008: Una amarga retirada.
Al año siguiente, al llegar a Chamonix Marco estaba ya considerado el mejor corredor de ultras en Europa, tras haber ganando ese mismo año la Transgrancanaria 115k con record 12h24m, rebajando en tres horas la marca del campeón previo. Yo corría aquel año la CCC 2008 de 100km y recuerdo como si fuera hoy saludar al propio Marco y a Renata mientras hacían cola para retirar su dorsal UTMB apenas unos metros delante de mí: tranquilo y silencioso el, más amable y abierta ella.
Una vez en carrera, Olmo comenzó con su habitual calma, dejando que corredores como Kilian Jornet y Nico Mermoud lideraran. Al ser su táctica habitual «cazar» corredores en la segunda mitad de la prueba, no se alarmó por la ventaja inicial de los líderes. Pero esta vez, a pesar de su resistencia legendaria, el italiano no pudo completar el recorrido de 166 km.
La clasificación final de 2008 quedó encabezada por Kilian Jornet (20:56:59), Dawa Sherpa y Julien Chorier. El nuevo mundo que aportaba Kilian rebajó en una hora el récord que poseía el propio Olmo, marcando un cambio generacional drástico en el ultra-trail mundial. El propio Kilian, tras la absurda polémica generada por su inesperada victoria en 2008 volvió en 2009 para ganar de nuevo y dejar clara la nueva época.

Marco Olmo 2026: «La corsa per me é vita»
Tras sus éxitos, Marco Olmo podría haber cambiado radicalmente su vida. El trail empezaba a crecer, las marcas buscaban referentes y su historia era perfecta para el relato mediático. Sin embargo, eligió otro camino. Siguió viviendo de forma sencilla, fiel a sus raíces, sin dejarse arrastrar por la fama ni por las oportunidades económicas. Su relación con el deporte nunca cambió. Para él, correr no era una profesión, sino una forma de estar en el mundo.
Hasta el día de hoy, en pleno 2026, para Marco el correr largo es una forma de «limpiar» la mente de tantos años de trabajo duro y encontrar dignidad en la vejez, demostrando que un hombre común, con una dieta sencilla y una voluntad de hierro, puede ser invencible. Lejos de retirarse tras sus grandes victorias, Marco Olmo ha seguido compitiendo durante estos 20 años.
Para mí, disfrutar de su presencia de nuevo en la Transgrancanaria 2013 o en la Haría Extreme 2015 fue un placer y un privilegio, demostrando que su relación con el trail va mucho más allá del rendimiento. En las últimas temporadas ha participado en diversas pruebas en Italia: A sus 78 años mantiene aun un ranking utmb de 508 puntos, con una presencia constante en el mundillo.

Sin ir más lejos, en 2024 Marco tomó la salida en carreras como el San Vicino Trail o el Valle dei Segni Wine Trail, completando recorridos exigentes con solvencia y manteniendo posiciones destacadas dentro de su categoría. En 2025 ha seguido sumando dorsales en pruebas como Porte di Pietra o el Ceresole Reale Trail, donde su sola presencia ya es parte del espectáculo. Sus tiempos no son los de antaño, obviamente, pero su espíritu competitivo sigue intacto. Y eso, en el fondo, es lo que siempre importó.
Sigue entrenando con naturalidad, sin obsesión por los datos, sin depender de tecnología avanzada. Escucha su cuerpo, respeta sus límites y, al mismo tiempo, mantiene esa determinación que le ha acompañado toda la vida. Porque para él, correr nunca fue una profesión, sino una necesidad interior.

«Il corridore»: La historia desde dentro
Su trayectoria ha sido recogida en el libro y documental Il corridore. Allí se narra su vida desde una perspectiva íntima y honesta, una exploración de lo que significa correr cuando no hay nada que demostrar. En esa obra, a mi entender, se refleja perfectamente su filosofía: correr como acto de libertad, por necesidad personal y una forma de entender la vida más allá de los resultados. Como venganza personal incluso, tal como el mismo lo explica.
Allí recuerda cómo trabajando en la cantera, participó en procesos de demolición y transformación del terreno que afectaban directamente a su entorno vital, en una contradicción brutal entre construir su vida y, al mismo tiempo, destruir parte del paisaje que formaba parte de ella. Su historia nos devuelve a un tiempo donde correr era algo simple, casi primitivo. No había métricas, ni redes sociales, ni presión por rendir. Solo el camino, el cuerpo y la voluntad de seguir adelante. Esa es su herencia hasta el día de hoy.

MARCO OLMO Y EL ESPIRITU DE LAS CARRERAS DE MONTAÑA.
Marco Olmo ganó dos veces el UTMB, pero su verdadera victoria no está en las clasificaciones. A mí me ha enseñado que el deporte puede ser otra cosa, algo más profundo y duradero que un resultado. Su historia nos recuerda que nunca es tarde para empezar, que la constancia puede más que el talento y que el éxito no siempre llega cuando se espera, sino cuando se está preparado para recibirlo.
A estas alturas, en un 2026 donde el trail running se ha convertido en industria, con patrocinadores, circuitos globales y tecnología avanzada, la figura de Marco Olmo me recuerda por qué me enamoré de las carreras de montaña hace más de 20 años. Su historia me devuelve a un tiempo donde correr era algo simple, casi primitivo. No había apenas managers, ni redes sociales, ni streamings siquiera.
Estaban solo la montaña y el sendero frente a los que poníamos el cuerpo y la voluntad de seguir adelante. Creo que es bueno echar la vista atrás, 20 años después y recordar quienes somos hoy…pero también de dónde venimos. Marco Olmo es un pilar clave de la herencia que nos ha traído hasta aquí.

Marco Olmo 2026. Autorretrato.
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Leyendas del trail, por Mayayo.
Nuestra sección LEYENDAS TRAIL celebra hoy el legado de aquel pionero, caído en acto de servicio como bombero el 24 de Junio del 2006. Su legado técnico y humano fue profundo, por ello tras su fatídico accidente hace casi 20 años, su memoria sigue viva.
Su victoria en Zegama en 2003 sigue figurando en los libros de oro de la carrera, recordándonos que antes de la era de los récords mediáticos, hubo un «Tarzán» de Bustarviejo que dominaba las cumbres con la misma humildad con la que servía como bombero. Su carrera deportiva fue corta en el tiempo, pero inmensa en su impacto, siendo quizás el primer gran dominador moderno de la montaña en España.
Fernando, te recordamos. Fernando, gogoan zaitugu.
Podcast Radio Trail: Fernando García Herreros, de Bustarviejo a Zegama.
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Gran crónica Mayayo de un grande!! Hace que no perdamos la ilusión de poder disfrutar todavía muchos años más de nuestro deporte favorito!!
Gràcies
Dennis
Gracias por esos ánimos! Desde luego tuvimos enorme suerte de llegar a las carreras de montaña en una epoca fascinante, cuando todo era nuevo, fresco…