TRAIL RUNNING EUSKADI: COSTA DE GIPUZKOA, 100KM EN UN DÍA. «GIPUZKOAST 100»

TRAIL RUNNING EUSKADI: Costa de Gipuzkoa, 100km en un día. «GIPUZKOAST 100» El trail running es mucho más que cronómetros y podios; a veces, se convierte en un altavoz vital para proteger las sendas que pisamos. El pasado sábado, nuestro patrón. Jon Aztiria (@jonaztiria) completó con éxito  su reto GIPUZKOAST 100k, logrando conectar de forma continua toda la costa guipuzcoana en una sola jornada.

Desde Hendaya (Lapurdi) hasta Ondarroa (Vizcaya), completó más de 100 kilómetros y superó los 3.100 metros de desnivel positivo con un doble objetivo: demostrar el potencial de la juventud en la ultradistancia y concienciar sobre la urgencia de mantener unos mares limpios. La iniciativa estaba impulsada por el barco museo ecoactivo MATER a través de la red Itsas Zaintza Sarea (IZS) y apoyada por la Diputación Foral de Gipuzkoa, movilizó a decenas de personas bajo el lema: “Cuida tu entorno, haz tu camino”.


TRAIL RUNNING EUSKADI: COSTA DE GIPUZKOA.

100KM EN UN DÍA. «GIPUZKOAST 100», por Jon Aztiria.

El desafío arrancó a las 6:00 de la mañana, aprovechando los días con más horas de luz del año, y se prolongó hasta cerca de las 22:00 de la noche. En total, 13 horas y media de carrera efectiva (16 horas totales incluyendo avituallamientos) donde el corredor tuvo que exprimir sus límites.

La travesía, que el propio corredor definió como «una de las experiencias más salvajes, duras y bonitas de mi vida», se complicó en los kilómetros finales debido a una fuerte molestia en su rodilla izquierda. Sin embargo, el empuje de la comunidad fue clave para superar el muro psicológico de la ultradistancia: hasta 13 corredores —entre amigos y aficionados— se turnaron en diferentes tramos para marcar el ritmo, darle conversación y asegurar el factor anímico.

«GIPUZKOAST 100k demuestra que los corredores jóvenes y desconocidos tenemos mucho que decir en este deporte y en la ultradistancia. Con entrenamiento adecuado todo es posible. Si se lucha, los sueños se hacen realidad», declaraba Jon Aztiria tras cruzar la meta.

El reto GIPUZKOAST 100k es un proyecto nacido en la mente de Jon Aztiria, tras haber probado todos los tramos de la costa uno a uno. El objetivo ha sido alcanzar un hito sin precedentes hasta la fecha: conectar la costa guipuzcoana al completo y de forma continua en un solo día, partiendo desde Lapurdi (Hendaya) y llegando hasta Vizcaya (Ondarroa) para superar la barrera redonda de los 100 kilómetros.

El día del reto, Jon tuvo suerte ya que no hacía las altas temperaturas de días atrás debidas a la ola de calor de finales de junio 2026. Aún así, la hidratación ha sido clave durante todo el transcurso del reto. Para ayudar con el factor psicológico, el recorrido se ha dividido en 3 partes: Hendaya-Donostia (45 km), Donostia-Zumaia (30 km) y Zumaia-Ondarroa (25 km).

Primera parte: Hendaya-Donostia (km 45)

La travesía discurre en la mayoría de tramos por la versión Norte del Camino de Santiago, quitando enlaces como Hendaya-Hondarribia, por ejemplo. Tras empezar pasadas las 6:00 en Hendaya (Francia) con una acompañante, se llega al faro de Cabo Higuer (Hondarribia) en 1h 15’ aproximadamente. Desde ese punto, el sendero se adentra en el monte Jaizkibel (543 m) por el GR, el cual llega a Pasajes San Juan en unos 22 km +800 m (unas 3 horas corriendo tranquilo). Una travesía preciosa con sensación de mar y montaña y unas subidas y bajadas interesantes para la práctica del trail running.

Después se coge el barco para cruzar de Pasajes San Juan a San Pedro y, tras subir las escaleras al Faro de la Plata, se comienza el tramo de Pasajes-Donostia por el monte Ulia en unos 8 km +300 m (1 hora aproximadamente a ritmo cómodo). Esta ruta es la última parte de la carrera Talaia Bidea que va desde Donostia hasta Hondarribia (sentido opuesto al recorrido del reto). Es ideal para senderistas o corredores de montaña para sus rodajes ya que tiene buenas vistas del litoral, está a la sombra y es muy corrible.

Segunda parte: Donostia-Zumaia (km 75)

Una vez llegado a Donostia (mi ciudad natal), el encuentro con varios amigos fue de gran ayuda. Se cruza Donostia pasando por un paraje incomparable de las 3 playas (Playa de Zurriola en el barrio de Gros, Playa de la Concha en el Centro y Playa de Ondarreta en el Antiguo), esquivando a turistas que visitan la ciudad en verano. Este tramo llano de 5 km se hace en un trote ligero en media hora. Hasta este punto, Jon ya llevaba más de una maratón encima (45 km) y comenzaron las primeras molestias en la rodilla izquierda. Primera vez en notar este dolor para el corredor, pero los kilómetros van pasando factura al cuerpo. Nada grave, pero era consciente que había que tirar de “mente fría”, controlar los ritmos y usar bastones en senderos de montaña.

Llegamos al Peine del Viento y, tras hacer el relevo de los corredores acompañantes, nos dirigimos hacia la pequeña localidad colindante de Orio. Se sigue trotando por el GR  por asfalto o carretera de montaña cruzando Igeldo hasta el camping. Después se engancha el sendero del Camino de Santiago Norte hasta el modesto monte Kukuarri (377 m). Desde la cima, se baja hasta la playa de Orio (en el reto se bajó hasta la confusión por confusión en un cruce), donde se sufre de lo lindo por la molestia de la rodilla. Se concluye que este dolor molesta sobre todo en bajadas, ya que en llano deja trotar y en subidas permite andar rápido. El tramo de 15 km +300 m entre Donostia-Orio se completa en unas 2h 15’.

Tras beber y comer algo en el primer avituallamiento en Orio (km 60), se continúa hasta Zarautz (5 km) con otros corredores, localidad famosa por el surf y el restaurante de Karlos Arguiñano. El recorrido discurre por completo por asfalto siguiendo un tramo llano, subida al camping y bajada por escaleras al este de la larguísima playa de Zarautz. Se recorre toda la playa por el bonito paseo de peatones (2,5 km) y se llega hasta el casco viejo. Desde ahí, se comienza la subida siguiendo la ruta del txakoli ya que se pasa por los famosos viñedos que dan denominación al “Getariko Txakolina”. Un total de 7,5 km con poquito desnivel, ideal para senderistas por la accesibilidad y las vistas.

El final se hizo duro porque el calor aprieta un poco hacia las 14:00 pero sobre todo la rodilla empezó a doler hasta el punto de tener que andar cuesta abajo. Sin embargo, la conversación con mi acompañante hizo el recorrido mucho más ameno. En total tardé unas 2h 30’ el recorrido entre Orio-Zumaia (15 km).

Tercera parte: Zumaia-Ondarroa (km 100)

Llegué a Zumaia con 75 km encima y me tomé un respiro. Sabía que había completado 3/4 del recorrido y que el dolor de la rodilla era soportable, pero necesitaba descansar un poco, tratar esa molestia (hielo, crema Voltaren y rodillera) y comer un poco de sólido (arroz y plátano) ya que los polvos y geles a partir de 8-9h de esfuerzo me empezaron a sentar regular al estómago. Además, me cambié de zapatillas (las HOKA Speedgoat 7 me estaban doliendo un poco en el dedo gordo del pie) y cojo los bastones para el último tramo de monte.

Con las tareas previas cumplidas en unos 15-20 minutos, me tocaba afrontar lo que esperaba que fuese la parte más difícil del reto: el Flysch entre Zumaia y Deba (unos 13 km +700 m). De todas formas, ya iba mentalizado y conocía el precioso recorrido, el cual es uno de mis lugares favoritos de la costa del País Vasco.

Salí corriendo (o trotando, mejor dicho) desde Zumaia y a los 4 km se acercó mi familia para verificar que todo iba bien con esa rodilla. Les dije que era un dolor asumible que me dejaba trotar casi todo el rato así que no veía peligrar la continuación del reto. No suelo escuchar música casi nunca en la montaña (sí en la ciudad) porque me gusta sentir la naturaleza, pero en este tramo hice una excepción ya que iba solo y era la parte “crítica” psicológicamente. Cogí los auriculares y me pusé el único álbum que tenía descargado en bucle 2 veces ya que no hay cobertura.

Al final, no sé si fue la preparación mental previa, la ayuda de los bastones, la distracción de la música, el saber que en Deba (ciudad natal de mi madre) me esperaba toda la familia (incluyendo abuela, tíos y primas), pero el tramo Zumaia-Deba por el Flysch se me hizo mucho menos duro de lo esperado y no tardé mucho más de lo estimado (unas 2h 15’). Sin embargo, la última bajada desde Santa Catalina al pueblo me aumentó la molestia de la rodilla.

Llegada a Deba.

Llegué a Deba y saludé a toda la familia. Como me decían, parecía que “iba fresco” y realmente a nivel de piernas y cansancio general me encontraba bien. Descansé y comí un poco, me cambié de zapatillas por unas de asfalto y me tomé un Ibuprofeno recomendado por mi prima médica que me reseteó un poco el dolor. ¡Ya casi lo tenía! Estaba preparado para afrontar la recta final junto con mi prima y su pareja. 

Comenzamos el tramo Deba-Mutriku con 88 km por el paseo suave junto al litoral (al lado de la carretera) hasta llegar al puerto de Mutriku. Desde ahí, subimos hasta el camping por carretera de montaña y, después de un rato, cogimos la bajada por bosque a la playa de Saturrarán. Llegamos aquí con unos 97 km y hasta puerto de Ondarroa que está al final del pueblo puede que haya 3 km, pero debido a las fiestas de Zapato Azule, mi familia me advirtió que era mejor terminar en la Playa de Arrigorri (a unos 500 m de Saturrarán).

Por ello, nos desviamos al polígono de al lado para acumular un par de kilómetros extra para asegurar los 100 km, tocamos el faro de Ondarroa y a la vuelta terminamos en la Playa de Arrigorri (13 km +200 m en 1h 30’ aprox.) casi a las 22:00 con 101,2 km +3.110 m y un tiempo de actividad de 13h 26’. ¡LO CONSEGUIMOS!

Finalmente, una hora más tarde del horario estimado, pero aún así dentro de las horas de luz de los días largos de junio (y como siempre, por sea caso con la frontal en la mochila). Esta diferencia es normal en una tirada tan larga y más con imprevistos de molestias y tiempos de descanso y avituallamiento. 

En resumen, creo que necesitaré tiempo para procesar todo lo vivido, pero puedo decir que estoy muy contento de haber completado el reto. En cuanto al recorrido, animo a todo el mundo a probarlo en una o varias etapas ya que es un tesoro bien guardado del País Vasco. Y quizás muchos vascos no conocen porque hoy en día parece que se visita más fácil Tailandia que el Flysch de Zumaia.


Un esfuerzo colectivo con aroma a trail running

Detrás de las cifras del GPS hay un engranaje humano fundamental. En cuanto a agradecimientos, Jon Aztiria no quiso olvidarse de los corredores acompañantes y el soporte logístico de su familia en los puntos de avituallamiento, clave para asegurar la hidratación y nutrición durante el avance en un reto de esta envergadura, así como la gestión en tiempo real de sus redes para el seguimiento en vivo de la prueba.

La cita cerró con el eco de los versos de Xabat Galletebeitia que inspiraron al corredor durante la preparación de estos seis duros meses de entrenamientos: “Borrokatuz gero egi bihurtzen dira ametsak” (Si se lucha, los sueños se hacen realidad). El litoral guipuzcoano está hoy un poco más limpio, y el trail running regional suma un nuevo nombre a seguir en la larga distancia. ¡Y ojo, porque esto solo acaba de empezar!

Concienciación ciudadana y Plogging: La cruda realidad de nuestros senderos

El reto deportivo era la punta de lanza de una llamada a la acción ambiental directa. Coincidiendo con el paso de Jon por el tramo entre Pasaia y Donostia, la red Itsas Zaintza Sarea organizó una jornada de plogging (correr y recoger basura) en la que se limpiaron 5 kilómetros de costa.

Los datos de la recogida de ciencia ciudadana dejan una radiografía preocupante sobre el impacto humano en el litoral:

Balance de residuos recogidos (Tramo Pasaia-Donostia)

  • Total objetos retirados: 271 objetos.

  • Residuos más comunes: Colillas, pañuelos de papel y microplásticos/envoltorios de alimentos.

  • Alerta Trail: Durante todo el recorrido costero se constató una presencia notable de plásticos de suplementación deportiva (geles y envoltorios de barritas) perdidos por descuido, así como pañuelos de papel abandonados por senderistas.

Desde la organización MATER se recordó la importancia de la responsabilidad colectiva: residuos que dejamos en la montaña acaban, inevitablemente, en nuestros mares.

GALERÍA DE FOTOS, POR JON AZTIRIA.


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