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PERIMENOPAUSIA Y CARRERAS DE MONTAÑA, CON SANDRA YAGUE Y MAYAYO EN RADIO TRAIL
PERIMENOPAUSIA Y CARRERAS DE MONTAÑA, POR SANDRA YAGUE. Nuestra sección TRAIL RUNNING MUJER repasa hoy un tema vital para las corredores de montaña veteranas.
Perimenopausia, menopausia y amenorrea: Tres temas vitales del punto de vista femenino en el trail, que hoy queríamos tratar con nuestra compañera Sandra Yague. Arrancamos con entrevista por Mayayo en radio trail y vamos luego con más detalles escritos.
Podcast: Perimenopausia y Carreras de Montaña.

PERIMENOPAUSIA Y CARRERAS DE MONTAÑA,
POR SANDRA YAGUE
Me llamo Sandra Yagüe Sabido, corro en montaña, tengo 44 años y estoy en perimenopausia, No es nada raro, les pasa a muchas de las mujeres que, como yo, corren en montaña dentro de esta categoría de edad.
¿Qué es la perimenopausia?
La perimenopausia no es la menopausia, sino su antesala: La menopausia, en realidad, es solo un día: el día que te viene la última menstruación. En España, suele ser en torno a los 51 años. Lo que pasa antes, todo lo que muchas estamos ya transitando, es la perimenopausia. Ese gran terreno difuso donde todo cambia, aunque desde fuera parezcas igual.
Y empieza antes de lo que muchas mujeres creen. A partir de los 38 o 40 años, comienza un proceso progresivo que puede pasar desapercibido hasta que el cuerpo lo grita con algún desajuste menstrual. En el caso de las corredoras de montaña como yo —que ya veníamos con irregularidades previas en el ciclo— reconocer esos cambios es todavía más difícil.
Cada mujer nace con un número determinado de folículos, que son como la primera versión del óvulo. A lo largo de la vida se van agotando. Cuando ese número se reduce considerablemente, el cuerpo empieza a cambiar su funcionamiento. A eso se le llama perimenopausia: un proceso de entre ocho y diez años, aproximadamente, en el que el baile hormonal se intensifica y se transforma.
No hay una edad fija. Igual que no todas tuvimos la menarquía a la misma edad —unas a los 12, otras a los 10 o los 11—, cada perimenopausia tiene su ritmo y sus señales.

El ciclo natural
La menarquía, que rima con alegría.
Todos los cuerpos menstruantes —y digo cuerpos menstruantes refiriéndome a aquellas personas que en algún momento de su vida han menstruado, es decir, que han nacido, como yo, con una rajita entre las piernas que no ha sido realizada con un bisturí— son eso: cuerpos capaces de menstruar. Puntualizo esto porque, hoy en día, se le puede llamar “mujer” a cualquier persona que no lo sea en sentido biológico. Partiendo de esa diferenciación, los cuerpos menstruantes, o lo que a mí siempre me gusta seguir llamando mujeres, tienen un inicio: la primera regla, que llamamos menarquía. Y como su nombre dice —y rima— tiene que ver con alegría, porque es la primera vez que aparece la menstruación.
Periodo fértil: ¿le guardas lealtad? ¿lo respetas?
Desde que aparece la menstruación, se inicia un periodo fértil que dura años. En cada mujer es diferente, por múltiples factores que tienen que ver con la idiosincrasia de su cuerpo. Normalmente es una etapa donde la menstruación aparece de forma cíclica, mes a mes, de manera natural y saludable. Pero también es cierto que, en algunos casos, debido a una desconexión con la propia ciclicidad y naturaleza corporal, aparecen dificultades y esa menstruación se interrumpe. A esto se le llama amenorrea. Y aunque la palabra ya suena más fea, con una carga negativa, lo que describe es simplemente la ausencia de menstruación.
Más info: Entrenamiento trail running mujer y ciclos femeninos, por Rodrigo Ladera.

AMENORREA EN LAS CARRERAS DE MONTAÑA
Yo misma he vivido esa experiencia por distintas causas. Nunca se sabe bien cuál es el origen exacto, salvo que lleves un seguimiento médico sistémico y muy cuidadoso. Puede deberse a un entrenamiento mal pautado o excesivo, a una alimentación inadecuada para tus fases hormonales, a estrés acumulado por muchas razones. Si eres profesional, influye el rendimiento, la autoexigencia. Si no lo eres, también. En mi caso, se suma a exigencias laborales, que se mezclan con la exigencia deportiva, con el hacer, con el rendir, con el producir. Todo eso —junto— forma un cóctel que puede llevar, en determinados momentos, a la amenorrea.
Y si esa ausencia de menstruación se repite o se vuelve crónica durante el periodo fértil, puede desencadenar otros problemas que se manifiestan más tarde, en la etapa de la que quiero hablar: la perimenopausia.
Hay algo más que algunas mujeres hacen —muchas veces aconsejadas por médicos, que siguen siendo los legitimados para opinar sobre nuestros cuerpos, y en algunos casos inducidas también por entrenadores, aunque en España esto pasa menos— y es recurrir a métodos hormonales como la píldora anticonceptiva para mantener o mejorar el rendimiento deportivo. Este medicamento hormonal genera ciclos anovulatorios: es decir, no ovulamos. Así, se logra una especie de “control” sobre el ciclo, se suprimen las fluctuaciones hormonales y se adapta el calendario deportivo a una vida cíclica artificial. Para mí no es una verdadera solución, pues el problema es que no adaptamos el entrenamiento a nuestro cuerpo, sino al revés: forzamos nuestro cuerpo a adaptarse al entrenamiento. Y esto puede pasar factura más adelante, sobre todo cuando empieza la perimenopausia.
PERIMENOPAUSIA VS AMENORRA:
Una línea borrosa a veces
He leído estudios y publicaciones que hablan de corredoras como yo, que experimentan períodos menstruales irregulares o incluso la ausencia total de sangrado y ovulación. A eso se le llama amenorrea, y cuando está causada por entrenamiento intenso, déficit energético o estrés, se conoce como functional hypothalamic amenorrhea (FHA).
En la perimenopausia, sin embargo, los ciclos hormonales empiezan a fluctuar de forma natural. El estrógeno y la progesterona suben y bajan de forma irregular, y eso se traduce en ciclos más cortos o más largos —como es mi caso—, manchados abundantes o ausentes, sangrados inesperados, o simplemente ese manchado marrón que llega sin avisar.
La gran dificultad que yo me he encontrado es saber si lo que me pasa es consecuencia del entrenamiento, la alimentación y el estrés… o si es la transición hormonal que ya ha comenzado. O, lo más probable, una mezcla de ambas cosas. Ante la duda, una visita a la consulta de ginecología sería una primera precaución lógica.
Consecuencias de ignorar esa diferencia
Entrenar sin escuchar al cuerpo puede perpetuar esa amenorrea. Y si se cronifica, eso implica mantener bajos los niveles de estrógenos y progesterona, aumentando así el riesgo de pérdida de masa ósea, problemas cardiovasculares, desequilibrios metabólicos y carencias hormonales. Si eres mujer, corres en montaña y tienes 40 años o más —es decir, si estás en perimenopausia o en pleno climaterio—, ignorar estos procesos y seguir “obedeciendo al rendimiento” sin cuestionar puede pasarte factura. Y no pequeña.
Por eso yo lo veo así: prefiero ser leal a mi cuerpo, antes que obediente a una estructura que me desconecta de él.
¿POR QUÉ CONTAROS ESTO HOY?
Aquí podéis ver mi rankjng UTMB: 600 puntos. Como veis, lo hago lo mejor que puedo corriendo e incluso he logrado buenos resultados en alguna carrera mediática, como Puerto Vallarta by UTMB 2024. Pero no me engaño, no soy una corredora de élite que pueda servir de referencia. Lo que sí tengo es un deseo profundo desde el corazón de la montaña femenina de compartir lo que yo no encontré para que otras lo encuentren.
Porque lo visible no siempre muestra toda la verdad. Muchas corredoras siguen compitiendo, sosteniéndose, rindiendo en este período. Pero eso no significa que no estén transitando lo mismo que yo. Simplemente, eligen no compartirlo en público, algo que todos podemos y debemos entender.

En mi caso…
Lo que yo he vivido me lleva a defender una visibilidad real. Sin adornos. Una visibilidad que comparta honestamente cómo la perimenopausia afecta a nuestro ciclo, nuestra energía, nuestra recuperación, nuestra digestión, nuestro ánimo.
Lo que he observado en algunas mujeres que sí se escuchan es esto:
— Visibilidad real: Comparten cómo les cambia la menstruación, la energía, el descanso, el deseo, el foco.
— Adaptación activa: Ajustan su estrategia deportiva —alimentación, entrenamiento, descanso— según su ciclo.
— Visibilización frente al silencio: Demuestran que el alto rendimiento no está reñido con la ciclicidad. Que no hace falta dejar de correr, sino hacerlo desde otro lugar.
Yo quiero eso.
Ciclicidad frente a la rigidez de los calendarios competitivos.
Visibilidad médica y deportiva del cuerpo femenino.
Entrenar con mi cuerpo, no contra él.
Mostrar que muchas mujeres mejoran su rendimiento cuando aprenden a escucharse.
Olvidar ese modelo lineal, masculino, que ignora la biología femenina.
Compartir mi experiencia como semilla para una conversación más grande. Más humana. Más real.
PERIMENOPAUSIA Y CARRERAS DE MONTAÑA:
CORRER DISTINTO
Como dice esa frase tan repetida —pero tan cierta—: la ausencia de evidencia no significa evidencia de ausencia. Que algo no esté publicado, no quiere decir que no esté sucediendo. En el trail running femenino, especialmente entre los 40 y los 50, muchas cosas están pasando… aunque muchas compañeras eligen, con todo el derecho, no hablar de ello en público.
Por eso estoy aquí escribiendo esto: No es más que mi historia personal y seguro hay tantas diferentes como corredoras de montaña. Por mi lado, quiero ayudar en lo que pueda a poner luz sobre este momento precioso de la vida de las mujeres. Porque cuanto más conecto con mi cuerpo, con mi naturaleza salvaje, con el presente —no con lo que fui ni con lo que seré, sino con lo que soy ahora mismo— más viva me siento.
Y sé, con toda certeza, que no se trata de correr menos.
Se trata de correr distinto.
La ciencia apenas está empezando a mirar hacia nosotras. El deporte, aún menos. Pero eso no significa que no haya camino. Lo hay. Y aunque ahora mismo no lo estemos viendo con claridad —al menos en España—, algunas nos animamos a compartir. Yo solo quiero ser una más de ellas, por eso os propongo algunas ideas y experiencias propias.
¿Qué pasa si sigo compitiendo en perimenopausia “como antes”?
Esta es una pregunta profundamente necesaria. Y demasiado poco hablada. Las mujeres corredoras que estamos en perimenopausia y seguimos compitiendo sin escucharnos podemos estar logrando una hazaña silenciosa… o un daño silencioso. Y muchas veces, ambas cosas a la vez.
¿Qué pasa cuando sigo compitiendo ignorando lo que tu cuerpo te dice en perimenopausia?
Durante esta etapa, si mantienes un modelo de entrenamiento lineal —y no cíclico—, sin adaptar volumen, descanso, alimentación o gestión emocional, el cuerpo puede desregularse profundamente a nivel endocrino y metabólico. Aunque desde fuera parezca que sigues “en forma”.

CONOCERME MEJOR
Lo que he ido haciendo es anotar en mi diario de registros. Observarme. Escuchar. Monitorizarme. Insisto, comparto aquí parte de lo que he ido escribiendo, por si te resuena:
Síntomas psicológicos y cognitivos
— “Hay días que me levanto emocional. Lloro por cualquier cosa. O me invade una irritabilidad que no me reconozco. Me cuesta regularme. Paso de la euforia a la tristeza en un segundo.”
— “Hay días que no tengo ganas de correr. Y si me fuerzo, no lo disfruto.”
— “He notado que, a veces, mi mente intenta llenar huecos emocionales con comida. Como si quisiera distraerse para no escuchar lo que me está diciendo el cuerpo.”
Síntomas relacionados con el descanso y el estrés
— “Últimamente me cuesta varios días recuperarme de un entreno que antes asimilaba en 24 horas. Es como si me costara volver a mí. No es solo cansancio. Es agotamiento acumulado.”
— “Siento que no me estoy alimentando mal, pero algo no funciona. Tengo hambre rara, me hincho sin razón y, al mismo tiempo, pierdo fuerza. Como si mi cuerpo estuviera confundido.”
— “Es como si mi metabolismo se hubiese ralentizado.”
— “No recupero igual. Después de una tirada larga, sobre todo si tiene mucho desnivel, tardo días en volver a sentirme bien. Como si el cuerpo necesitara más tiempo del que el calendario permite.”
— “Me siento más lenta. Me inflamo después de entrenar o de comer. Retengo líquidos. Me noto apagada. Y eso me frustra, porque entreno bien.”
— “A veces me levanto ya inflamada por la mañana.”
— “Entreno fuerza muscular entre dos y tres veces por semana, y sin embargo, ya no estoy tan definida como antes.”
Afectaciones en el ciclo menstrual
— “No sé si estoy entrando en la perimenopausia o si otra vez estoy con amenorrea por entrenamientos duros. Llevo tres meses sin regla y ya no sé qué pensar.”
— “Antes sabía con claridad cuándo me iba a venir la regla. Ahora no tengo ni idea. Ni por calendario, ni por sensación. Es una lotería hormonal.”
— “Después de meses sin regla, pensé que era otra vez por la carga de entreno. Pero ahora ya no estoy segura. ¿Y si estoy entrando en otra etapa y nadie me lo ha explicado nunca?”
Si te desconectas del deseo, del placer y del cuerpo —y vuelves el foco solo a lo externo: tiempos, podios, cifras, Garmin—, el instinto se adormece. También el gozo, la sensualidad, la conexión con una misma.
Miedos: ¿qué se me pasa por la cabeza?
A base de escucharme, de conectar con mis sentidos y mi cuerpo, he ido dándome cuenta de algunos miedos. Y quiero compartirlos por si a ti también te acompañan:
— Rechazo a hacerlo de otra forma. Lo que antes llamaba “parar” me generaba miedo. Miedo a perder lo que ya había conseguido. Miedo a no ser la que era.
— Me di cuenta de que me estaba identificando con mi rendimiento. Y pensaba: si rindo menos, valgo menos. Si bajo el ritmo, baja mi autoestima.
— No he encontrado un espacio donde hablar con otras corredoras de montaña sobre estos temas: sobre el ciclo, las dudas, el deseo de hacerlo diferente.
— Sentí que mi cuerpo empezó a hablarme con síntomas… y yo lo callaba con la mente.

REDESCUBRIENDO OTRA FORMA DE CORRER.
Como conclusión al proceso, he cambiado de perspectiva: ahora el placer es el camino. Compito por placer, sin exigencias autoimpuestas. Trato de no compararme con otras, y si lo hago, me lo observo. Sustituyo la comparación por presencia conmigo. No me enfoco en el resultado, sino en el disfrute de correr.
Tengo un mantra que me acompaña desde hace tiempo: “Competir es como un orgasmo. Cuanto más persigues ganar, menos disfrutas de la carrera. Cuanto más buscas el orgasmo durante el coito, menos aparece… y menos gozas del resto.”
He pedido que me adapten las cargas. Priorizar la recuperación para mí es vital. Por ejemplo, me pongo avisadores en el Garmin para recordarme ir a dormir. Tengo también un avisador de “muévete” que uso para hacer una o dos respiraciones conscientes donde esté: en casa, en la oficina, en el monte. Me ayuda a darme cuenta de cuándo mi mente se ha ido lejos del presente.
He adaptado mi alimentación a mis fases del ciclo.
No como igual cuando ovulo que cuando menstruo o estoy en fase premenstrual. Le dedico cada día al menos 30 minutos a conectar la respiración con mi Ser. Respiro con música y movimiento, a mi manera. Es mi forma de volver al centro cuando siento que me he perdido.
No me lleno la agenda. Dejo espacio vacío. Tiempo para mí. Para darme un masaje con aceite de coco, para cocinar despacio, para hacer las cosas con calma.
Registro muchos datos: HRV, temperatura basal, niveles de LH, recuperación… (todo esto da para otro artículo si interesa).
Y lo más importante: sigo compitiendo. Pero ahora, también disfruto. La clave no es parar. La clave es escuchar. Adaptar.
Y honrar este nuevo terreno fértil que se abre en nosotras.
PERIMENOPAUSIA Y CARRERAS DE MONTAÑA:
¿Y AHORA QUÉ…?
Podemos seguir rindiendo a tope ¡Claro que sí! Pero no a costa de silenciar al cuerpo. Creo que el nombrar la perimenopausia en el deporte es el primer paso. Necesitamos entrenamientos y salud que acompañen esta etapa, no que la ignoren. Cada vez somos más las mujeres corredoras de montaña y cada vez se nos reconoce mejor desde fuera: Por eso, puede ser que haya llegado la hora de abrir espacios públicos y científicos que reconozcan estos procesos en nuestras trayectorias.
Porque lo que no se investiga, no existe.
Y ni las mujeres, ni las carreras de montaña, ni la perimenopausia van a desaparecer.

ZAPATILLAS TRAIL RUNNING MUJER, EN RADIO TRAIL
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Gracias a Sandra por compartir abiertamente un tema que es tan complejo. Así vamos aprendiendo todos, lo primero que cada mujer es un mundo y no tiene sentido tomar nada como LA regla general a seguir. Habrá tantos casos como mujeres, seguro.