MONTE PERDIDO: 3.355m.
RECORD OIHANA KORTAZAR.
FKT 5H43M TORLA – CIMA- TORLA
Con sus 3.355 metros, Monte Perdido es el techo del macizo de las Tres Sorores y una de las montañas más singulares de Europa: no solo por su carácter alpino, sino por ese misterio geológico que le permite surgir, inmensa y luminosa, desde un territorio donde la caliza reina sin interrupciones.
La ruta clásica Torla–Monte Perdido–Torla, con su severo desnivel y el paso ineludible por las gradas de Soaso y las rampas finales del Lago Helado, ha sido durante décadas un termómetro del montañero español. No es un territorio para correr sin respeto: es un diálogo entre la línea de vida que asciende hacia la cima y la historia colectiva del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, nacido en 1918 y patrimonio Mundial desde 1997.
OIHANA KORTAZAR BATE RECORD MONTE PERDIDO:
FKT 5H43M, TORLA-CIMA-TORLA.
En ese marco solemne, la nueva gesta de Oihana Kortazar encaja como un guante. La atleta guipuzcoana firmó la plusmarca femenina del ascenso–descenso al Monte Perdido con un crono de 5h43’, coincidiendo con el Día Mundial de las Montañas.
Los datos del reto hablan claro: 48 kilómetros y 2.500 metros de desnivel positivo, algo más del itinerario estándar debido a una pérdida de trazado que le costó alrededor de diez minutos. El intento se realizó el 25 de julio, en una mañana que la sorprendió más peleona de lo previsto.

Foto Biel Rafols.
Una ruta casi desconocida para ella.
Oihana afrontaba la ruta casi como un salto al vacío, sin bagaje previo en la zona. Reconoció apenas una visita esporádica de infancia y una única subida de tanteo antes del intento oficial. De ahí que los errores de navegación aparecieran temprano, obligándola a recomponerse en plena ascensión. “El recorrido es precioso, exigente, duro, pero muy bonito”, afirmaría después con esa mezcla de humildad y carácter que la define.
La segunda mitad del ascenso se le atragantó por la inclinación y el terreno roto; la bajada, por su parte, le devolvió la crudeza del Pirineo con un par de caídas y tropezones que no hicieron sino afinar su instinto competitivo. En el tramo final, los guardas del refugio de Góriz, Olatz Azpeleta y Joan Maria Vendrell, le dieron alas con su acompañamiento. Vendrell, histórico conocedor del entorno y poseedor del récord entre 2003 y 2004, no podía elegir mejor momento para transmitirle el testigo simbólico.
La marca llegó en un verano donde el Monte Perdido vivió también la actualización del récord masculino, logrado por Dani Izquierdo el 18 de octubre con 4h16’, casi ocho minutos por debajo de la referencia anterior, en manos de Aritz Egea desde 2016.
Por su parte, Oihana detuvo su ascenso Torla–cima en 3h24’, un tiempo sólido incluso en comparación con registros históricos masculinos. Con ello añadió su nombre a una de esas gestas que perduran más allá de números y parciales.

Foto Biel Rafols.
OIAHANA KORTAZAR: Quince años élite trail running.
El palmarés de Oihana Kortazar desde 2010 hasta 2025 es, en sí mismo, un viaje que explica su grandeza. Aquella irrupción en la élite a partir de 2010, con triunfos tempranos en la Copa del Mundo de Skyrunning, fue solo el preludio de años de dominio técnico en carreras exigentes, donde la mezcla de potencia y descenso fino la convirtieron en referencia internacional. Sin duda, 2011 fue un año mágico para ella, con los triunfos tanto en Sierre Zinal como en Zegama- Aizkorri. El año siguiente firmó otro increíble doblete con su segundo oro en Zegama y la txapela en Behobia – San Sebastián.
Tambien llegaron títulos europeos con la selección española, más duelos memorables en Zegama, oros en pruebas del circuito mundial sin olvidar los regresos tras maternidad que añadieron épica a su trayectoria, y una madurez deportiva que, lejos de apaciguarla, afinó su instinto competitivo.
Entre 2020 y 2025 ha encadenado un segundo esplendor, combinando victorias en carreras de montaña de primer nivel, como Maratón Canfranc o Traveserina, con desafíos personales como los récords del Teide, del Aneto y ahora del Monte Perdido.
Es la historia de una corredora que no se limita a ganar: interpreta la montaña con una sensibilidad única y, al hacerlo, deja una huella que va más allá de los tiempos en un cronómetro.