Bruno Brunod: De los records en Cervino, Kilimanjaro, Aconcagua…al pionero asalto Everest.

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Hace unos meses, compartíamos aquí un video de Valerio Bertoglio en su record de 1990  Cervinia-Cervino-Cervinia de 4h16. Imágenes escalofriantes. Sin embargo, en ese mismo post ya avisamos que BRUNO BRUNOD logró en 1995 la hazaña -histórica- de rebajarlo más de una hora, hasta 3h14. En Mayo de 2012,  Kilian Jornet anunció que asaltará en 2013 el record de Brunod al Cervino (1995- 4h14) y despues los de Aconcagua y Everest. Todo un reconocimiento para Bruno como gran pionero de las carreras de montaña.

En Mayo de 2013 Bruno volvia a la competición, ocho años despues, primero en la ultra trail CSP115 de castellón…como preparación para abordar los 330k del Tor des Geants en Septiembre.  que completaría. Un pionero que sigue en la brecha hoy día. 

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Poco después, Kilian Jornet asaltaba con éxito el récord de ascenso-descenso al Kilimanjaro, otra de las montañas donde también  había brillado el talento de Bruno. Jornet usó una ruta distinta, por lo que no son estrictamente comparables. De hecho, en el hilo sobre el récord que se abrió en el foro de elatleta.com volvíamos a comentar el papel de Brunod y sus referencias inauditas en Cervino, Monte Rosa, Kili, Aconcagua y otras.

Ocho meses despues, en Mayo 2011 han visto la luz un par de videos superlativos, un emotivo homenaje que Kilian y Salomon Running rinden a Bruno como pionero.  Quizá sea este el mejor momento para explicar más en detalle que aportó este legendario corredor que -según el mismo declara- no empezó a correr hasta pasada la treintena =:0

Intento de record al Everest 2005. La meteo forzó su abandono a 8.300m

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Bruno Brunod nació en Aosta el 1o de Noviembre de 1962.  De joven intentó labrarse un destino como ciclista profesional. Destacó como escalador y llegó a correr con figuras como Claudio Chiapucci. Sin embargo, el ambiente del ciclismo de aquel entonces lo desilusionó tanto que lo abandonó y volvió a trabajar como albañil a su pueblo. Fue aquí, ya pasados los treinta, donde su amor por el deporte y la resistencia le llevaron a probar suerte en las carreras por montaña. Había nacido una leyenda.

Corrió y compitió con éxito por todo el orbe, llegando a campeón mundial de Skyrunning y compartiendo dorsal tambien en nuestro querido Maratón Alpino Madrileño. Pero la faceta por la que ha destacado en la historia han sido sus “asaltos” a la carrera a las grandes cimas del mundo.

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Entre ellos, si el record conseguido en el Cervino fue el de mayor compromiso técnico, sin duda el del Everest Vitesse 2005 fue el más ambicioso respecto a la altitud. Allí subió durante 16 horas de lucha sostenida por la vía normal desde el Campo Base hasta los 8.200m de altitud. Sin embargo, una vez allí no consideró que las condiciones de meteo le pudieran permitir culminar la hazaña y se vio forzado a retirarse, sin poder volver luego a intentarlo de nuevo.

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Su palmarés es descomunal: 

  • Record ascenso-descenso al Cervino desde Cervinia  3h14m (1995)
  • Record ascenso-descenso al  Monte Rosa desde Gressoney 4h45 
  • Record ascenso-descenso al Aconcagua desde Plaza de Mulas 5h57
  • Record ascenso al Kilimanjaro por la vía Marangu 5h38
  • Record ascenso al Monte Elbert en 1h54 (Techo de Las Rocosas. Colorado)  
  • Intento de récord al Everest desde Campo Base (2005) Abandono a 8.300m
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Su forma de encarar la vida, como un hijo más de un pueblo de montaña, y su discreción continua no pueden menos que recordarnos a la otra gran leyenda del correr por montaña italiano, el gruista Marco Olmo, doble vencedor del UTMB frisando los 60 años. 
Bruno está casado con Enrica, tiene 4 hijos y aún sale a entrenar en el tiempo que le deja su trabajo: Antes del amanecer, y despues de la puesta de sol. Pero quizá lo mejor sea dejarle explicar su visión del mundo en sus propias palabras, tal como las recogió su compañero de expedición al Everest, Pietro Trabucchi en su libro “Ripensare lo sport” de 2003. 
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” Nací en el Hospital de Aosta en 1962. Mi madre se había quedado sola, eramos yo y cuatro hermanos. Como mi madre era pastora, vivíamos en lo alto de Chatillon, bajo el Monte Zerbion. En casa teníamos celofán en las ventanas porque el cristal era demasiado caro. Hasta la edad de ocho años viví sin electricidad en la casa. Fui a la escuela, pero me gustaba estar solo. Era quizá un poco “salvaje. 
Después de salir de la escuela trabajaba en casa. Me gustaba llevar las vacas a los pastos en el verano. Teníamos los prados a un paseo de media hora de casa, pero siempre en el Zerbion. Yo andaba siempre arriba y abajo con compras desde el hogar a Chatillon, o para bajar la leche. Quizás esta infancia es la que me ha hecho tan fuerte para afrontar cualquier rampa. 
Un día estaba en los pastos y me encontré un viejo periódico que hablaba sobre la rivalidad de Coppi y Bartali. Me llegó como un rayo. Inmediatamente decidí que me convertiría en un campeón. Fuí hacia el valle y me compré una bicicleta. Pero me engañaron, porque me vendieron un perno viejo y pesado, eso lo descubrí despues. Mientras tanto empecé a entrenar solo, pero no sabía mucho de eso. Mi preparación básica era cargar sobre los hombros una cesta llena de ladrillos del trabajo, y luego subir con el perno de Chatillon hasta donde termina la carretera.
Cuando me llamaron al servicio militar me tocaron los alpinos. Fuí enviado a Courmayeur, la sede del Grupo Deportivo, pero no como deportista, sino como un soldado raso más. Un día recibí la orden de cortar el césped de la casa del general. Así que le dije a mi sargento furriel: “Si me permite ir a casa y traer mi guadaña de segar el heno, le haré un trabajo que dejará al general muy contento.”
“¿Y cómo te vas a casa, si no tienes coche?” 
“En bici, mi sargento”
“Y ¿cuántos días te llevará ir desde aquí y volverte de nuevo a pedales?”
“Mire señor, si me deja ir ahora, estoy de regreso esta noche.”
El sargento se rió y me dejó ir. Cuando me vio ya en la tarde, con la guadaña al hombro y dos botellas de vino para él en la mochila, se quedó pasmado.
Me dijo: “Alpino Brunod, eres un talento natural. En diez días se celebra una carrera ciclista reservada a la  élite, y quiero que te inscribas en ella para representarnos con tu bicicleta”
El día de la carrera me presenté con el perno bajo la pancarta de salida. La gente se echó a reír. Los demás lucían hermosas bicicletas y musculosas piernas depiladas. Tenía miedo, pero el sargento me  hizo un guiño de aliento. Al comienzo,  de la pura emoción me tropecé y caí. Los otros desaparecieron tras la primera curva. Entonces me sentí poseído por la rabia, tal vez porque yo era pobre, o tal vez porque me sentía burlado, salté sobre los restos del pelotón, arrastré al grupo y demarré en la primera ascensión. Había ganado con más de un minuto sobre el segundo.
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Mi carrera deportiva comenzó ese día. Me convertí en un ciclista de verdad, con una bicicleta de verdad. Corrí en equipo con Claudio Chiappucci, con quien compartí habitación. Luego el médico me envió a un equipo en Lombardía, donde vi algunas cosas que no me gustaron mucho y dejé de montar en bicicleta. Me fui a casa y estuve callado unos años. Así que empecé a correr en las montañas. Las ascensiones siempre me han gustado, quizás porque se asemejan un poco a mi vida. Poco a poco empecé a correr más rápido en las alturas: Las carreras de montaña normales ya no eran suficiente para mí, y seguí buscando retos para correr en altura. En 1995 conseguí el nuevo record de arriba a abajo del Matterhorn: Subí en 2h 12 ’29”y volví en 1h 02 ’15”.  Había rebajado en más de una hora el récord anterior en poder de Valerio Bertoglio. 
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A partir de ahí me encontré visitando las montañas de todo el mundo: Malasia, Estados Unidos, México, Argentina, Tanzania, Tibet, Nepal …. Gané las carreras del circuito mundial en el ’96 y el campeonato mundial en 1998. Hoy, muchos destacan el historial de mis hazañas. Sin falsa modestia, creo que lo que realmente me ayudó no era mi estilo ni  el tipo de entreno, sino el haber aprendido de niño a amar el esfuerzo y el sacrificio. Creo que esto viene de la vida que llevé. Estoy seguro.
Quizá  algún día escriba un libro para contar mi vida, que estará lleno de trabajo duro, pero hermoso. Porque siempre he peleado por ser todo lo que podía lograr. Siempre he trabajado. Para el record del Cervino, subí a la montaña 30 veces.  Siempre tuve que trabajar muy duro, así que nunca me pareció que el trabajo fuera una maldición, sino todo lo contrario.  Acostumbrarse a hacer sacrificios me endureció, me hizo más fuerte que todos. En las carreras puedo aflojar un poco más y dejar irse a alguien por delante de mí. Alguien se queja de la dureza del trazado: Competir a mí siempre ha parecido un día de fiesta, porque así no estaba abajo para romper piedras. 
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Leí que Sócrates habría dicho algo así como: “Deje que sus hijos siempre tengan un poco de frío y un poco de hambre si quiere que sean felices” El lo escribió, pero yo también lo creo. La fatiga, los sacrificios, me enseñaron a dar el valor adecuado a las cosas. 
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Hoy tengo cuatro hijos que no tienen la vida dura que yo viví. Esto parece algo bueno, pero a veces no estoy seguro. Sin embargo, estoy totalmente decidido a no empujarles a hacer deporte, sino a dejar que ellos hagan lo que les gusta, aunque estaría muy feliz si viera  que llegan a amar el deporte. No puedo soportar los padres que “empujan” a sus hijos en los deportes. Creo que el deporte profesional se debe hacer sólo si uno lo siente en el interior como un gran deseo. Mucha gente me pregunta sobre como  entrenar, pero me gustaría que empezáramos por los jóvenes, incluidos los niños. Enséñale a amar y respetar la montaña, que lleguen a apreciarla como yo lo hice. El resto, si debe llegar, llegará por sí mismo.
Bruno Brunod
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Kilian Jornet & Bruno Brunod

Kilian Jornet & Bruno Brunod. Fotograma Kilian´s Quest.

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Info redactada por Mayayo Oxígeno para Carrerasdemontana.com