CARRERAS DE MONTAÑA: «Lo importante no es participar, sino cómo lo haces.»

 

CARRERAS DE MONTAÑA:

«Lo importante no es participar, sino cómo lo haces.»

 

Radio Trail: CARRERAS DE MONTAÑA. «Lo importante no es participar, sino cómo lo haces»*

 

Hace más de 20 años que compito en carreras de montaña: De Cercedilla a Patagonia, pasando por Hong Kong, los Alpes, Torres del Paine o las Montañas Rocosas. He cruzado meta en UTMB Mont Blanc, Leadville 100 Miles, Ultra Fiord o Lavaredo Ultra Trail. También las nuestras: Ultra Pirineu, Canfranc Canfranc 100, Zegama Aizkorri, 101 de Ronda o Traveserina de Picos.

Muchos años y montañas gozando de este curioso “deporte”: donde el último en cruzar meta, es sin embargo el más feliz de todos. Donde personas ordinarias, logramos juntos cosas extraordinarias. Y donde no hay nada más falso que aquel tópicazo: “Lo importante es participar” ¡Ni de coña!

Déjame que te cuente porqué lo veo así.

  • Por respeto a la montaña.
  • Por respeto a mí mismo.
  • Por respeto a los demás corredores y voluntarios

Mayayo en Desafio Cainejo. Foto: Angel Sanchez.

Por respeto a la montaña.

Llegué a las carreras de montaña desde el montañismo clásico. Ya sé que hoy son mayoría los que llegan desde el correr en asfalto. Pero a mí, tras muchos años andando, escalando o esquiando por la montaña, me fascinó ver esos “locos” bajando a todo meter del Peñalara. No digamos ya verlos cruzar a la carrera por la Cresta de Claveles. Iba contra todo lo que me enseñaron antes: “Tonterías, ni una: Apoya siempre seguro, tres puntos de anclaje y mueve uno…”

Claro que también sabía que el propio Reinhold Messner clamaba que en la montaña: “Rapidez es seguridad” Sin duda, Kilian ha resultado su discípulo más aventajado en este sentido, con sus travesías al galope por los Pirineos, Alpes o los Estados Unidos.

Un día me apunté a la carreras de montaña de mi pueblo, Cercedilla: Era el  “Maratón Alpino Madrileño”. Cita pionera al sur del Pirineo, cuyos  42k/D+2750m no parecen hoy día especialmente feroces. Aquellla edición resultó invovidable, por la tremenda granizada y temporal que azotó las cimas de Bola del Mundo, Cabezas de Hierro y Peñalara, obligando a cortar las crestas de Claveles y Cabezas de Hierro, por la seguridad de todos. Y yo allí, galopando con pantaloncito y camiseta cortos, más un chalequín como toda protección… Pobre Ana, penando por  los puertos de Navacerrada y Cotos para apoyarme, empapada pese a la chaqueta Gore tex que llevaba.

ME ENCANTÓ. Ya venía hecho al monte, tras coronar la cima del Aconcagua en solo, escalar la Sur del Pico Urriellu o la Piratas del Peñón de Ifach con amigos y de completar alguna Transpirenaica. Pero esto del dorsal en una carreras de montaña me resultó…¡fascinante!

No solo tenía que saber de montaña para triscar por ahí seguro, sino que no valía hacerlo despacio, sino a todo trapo. Y curiosamente, la sensación con todos los demás que hacían lo mismo erá más de “equipo” que de “rival”. Yo me enganchaba a tu rueda y juntos sacábamos lo mejor de los dos: Ahora tiro yo; ahora tiras tú…  Ese debut me grabó a fuego, que aquí también LA MONTAÑA MANDA, SIEMPRE.

Puerto de Cotos, MAM 2007. Foto JCD.

 

Por respeto a mí mismo.

Emocionado por la novedad, mi pasado montañero y experiencia en Maratones de asfalto me llevó, casi sin darme cuenta a completar MAM 2007, 2008..y apuntarme al   Gran Trail Aneto inaugural del 2008. Eran 56km dando la vuelta al Aneto, con la trepada final al Collado de Salenques entre enormes bolos de granito y neveros como postre antes de dejarnos caer desde Aigualluts hasta el pueblo. Allí cayó todo el resto de mi cuadrilla, Sin embargo, pese a la granizada final crucé la meta.

Embalado, un mes después estaba en la salida de Courmayeur para abordar los 101km de la CCC que eran entonces la única carrera txiki del UTMB. Por una vez, tuvimos buen tiempo y correr los senderos de tierra negra me resultó infinitamente más fácil que mis experiencias previas en Guadarrama o Pirineos, donde había tenido que pelear cada kilómetro.

¡Que pase el UTMB Mont Blanc 170km, que yo estoy listo!

Y ahí estaba yo, un año después, en la salida de Chamonix, físicamente fuerte, con el terreno reconocido al completo en salidas previas 2008-2009. Bolsa de vida para cambiarme en Courmayeur y Ana para hacerme el apoyo donde y cómo pudiéramos.

¿Qué podía salir mál? El tortazo fue de órdago. Aquella edición 2009 nos acogió con frío y nieve desde la subida al Col de Balme. Había dejado mi mejor chaqueta y camiseta térmica en Courmayeur para la segunda noche. ¡Error! Pasé un frío mortal aquella primera noche. Aún así, llegué a Courmayeur en tiempo y salí rápido de allí ya al sol de la mañana. Mientras fue de día, aguanté bien. Por desgracia, tras pasar La Fouly llegó la segunda noche y con la bajada de temperaturas decsubrí que mi cuerpo estaba vacío. Había gastado tanta energía para mantenerme caliente la primera noche que ahora un simple soplo de viento me hacía tiritar, pese a ir corriendo.

Correr  dos noches seguidas era para mí un nuevo planeta. Sabía lo que era una hipotermia en pleno monte, claro, ya se ocupó de eso una noche de “viento blanco” solo en una tienda a 5.000m en Aconagua. Quizá por eso  fui consciente de lo que pasaba y al llegar a Champex tras 120km  toqué la campana y me refugié en el “Autobus de los Zombies” donde, con la calefacción puesta, el chofer esperaba a llenarse para llevarnos de vuelta a Chamonix.

Fue un viaje muy triste: Silencio espeso en el autobús, con las ilusiones de todas rotas. Una descomunal lección, para aprender que la belleza de las carreras de montaña  viene de combinar 101 factores, de modo que un fallo en uno solo te deja fuera. Qué bonito, por complicado. Que respeto, porque cuando tu ambición puede más que tu talento, la cosa puede acabar mal, muy mal. Ese día, reconocí a tiempo el riesgo de hipotermia, y supe bajarme de la moto. Pensé que había aprendido a medir bien cada reto antes de lanzarme, pero aún lo haría peor más adelante.

Salida UTMB 2009, todo ilusión. Foto: Pedro Gómez.

Por respeto a mis compañeros.

Por el camino, había ido conociendo mucha de la buena gente que abundaba en los tiempos pioneros de las carreras de montaña. Elites como Salva, Aurelio, Zigor, Miguel, Nerea, Mónica o Emma. Populares como Carmen, Esteban, Miguel, Felipe, David, Chusta…

Fue Felipe quien me dio la siguiente lección clave en Grand Raid Pyrenees 2012. Yo venía entonces de completar la cien millas de Leadville 2010 con éxito, en las Montañas Rocosas a gran altitud, Mi objetivo 2012 eran las 100 millas del Pirineo Francés con los 2.877m del Pic de MIdi du Bigorre como techo de carrera.

Tormentas de última hora forzaron un retraso de tres horas en la salida. La organización decidió de forma pintoresca no cambiar los tiempos de corte previstos: si coronabas el Midi dentro del plazo original, perfecto. Si al salir tres horas más tarde, llegabas fuera del plazo inicial al control a pie de cima, podías seguir en carrera…¡pero con tres horas de penalización!

“Jugador de chica, perdedor de mus” dicen en mi tierra. Llegaba fuerte y además había hecho el reconocimiento completo del recorrido. Aposté por ir a por la cima, por aquello de completar el recorrido auténtico, aunque significaba ir dándole a buen ritmo desde la salida.

Todo empezó de lujo.

Pasé la cima del MIdi con el tercio delantero, dentro del plazo original y al bajar abajo me encontré con varios españoles conocidos con quienes acoplé mi ritmo. Ellos, más prudentes,  habían asumirdo la penalización para cuando llegarámos a meta. Pero eso estaba aún muy, muy lejos, a  más de 100km.  Y allá que seguimos todos juntos, al mismo ritmo.

Llegó la primera noche y, quizá empujado por el frío pasado en Mont Blanc y Leadvile, al llegar al control al pie de la ascensión clave me abrigué esta vez de más. Salí de allí a la par con Felipe Treparriscos, director del Gran Trail Peñalara que yo había corrido en 2010-2011-2012. Subimos los dos a buen ritmo, por un espeso bosque francés. Con la tremenda humedad del bosque y el desnivel, ir abrigado de más me obligó a sudar y sudar. No fui consciente mientras subía, de modo que esa  misma ropa empapada que llevaba, al llegar a las crestas me enfrío el cuerpo de sopetón.

Recuerdo estar charlando al teléfono con mi hermano Marcos, diciendo: “Bien, voy bien. Solo que sudando como un pollo…” Poco después colgar, de repente empecé a tiritar al enfriarse todo el sudor. No había ventisca, ni la temperatura era gélida, pero bastó el relente nocturno propio de estar a más de 2.000 metros en Pyrenees para que el cuerpo se me diera la vuelta, para mal.

GRP 2012: Cima Pic Midi de Bigorre. Foto Mayayo.

Llegué al avitu como el naufrágo que arriba a puerto, boqueando.

Daban caldo caliente, pedí una taza, dos, tres.. que me tomé a todo ritmo hasta sentirme lo bastante “templado” para retomar el camino por lo alto. Y allá que nos fuimos, Felipe y yo de nuevo. Al poco de salir, me empezaron a castañetear los dientes otra vez.  Para entonces, no pensaba con claridad y en mi cabeza solo cabía una idea: “Sigo, sigo…”

Menos mal que Felipe se hizo cargo del problema. A poco más de un cuarto de hora tras salir del avitu, paramos y me dijo: “Si no has entrado aún en calor, esto tiene muy mala pinta y queda demasiado hasta el siguiente. Mejor me vuelvo contigo y te dejo allí, bien arropado”. Abatido, le dí la razón y  de vuelta que fuimos, Allí me dejó, tomando más y más tazas de caldo, con una manta del avitu por encima esperando al 4×4 de abandonos. Felipe volvió a carrera.

Una media hora después me bajaron, y apenas llegar al hotel eché un laaargo rato bajo la ducha hirviendo tratando de entrar en calor. Aún así, bajo la manta ya en la cama tardé un buen rato en dejar de tiritar. Y menos mal que no hubo ventisca ni temporal…

Ese día entendí porque en todo reglamento de carrera de montaña existe la obligación de CUIDAR DEL COMPAÑERO CAÍDO. Sea por lesión, hipotermia, cequera, calambres…la montaña puede dejarnos fuera de juego en plena carrera. Y si entonces no te socorre la primera persona que pase, la cosa puede acabar muy mal muy rápidamente, Gracias, Felipe,

Por las mismas, igual que todos asumimos ayudar a los demás cuando los vemos en riego, creo que toca prepararse para no tener que necesitar esa ayuda: Material de sobra (ahora llevo siempre un par de calentadores químicos en la mochila y una muda completa seca) , entrenamiento adecuado y elegir siempre carreras para las que la experiencia y el momento de forma nos avalen.

¿LO  IMPORTANTE ES PARTICIPAR? ¡NI DE COÑA!

Confío que después de conocer algunas de mis desventuras en estos años, me entiendas ahora un poco mejor. Es verdad que el COMPROMISO que exigen las carreras de montaña  está muy lejos de otros deportes de montaña como la escalada, alpinismo o barranquismo donde un solo error grave puede suponer la muerte, literalmente. En el Trail running, el nivel de riesgo asumido y las medidas de seguridad son otras, corremos  con un margen de seguridad más que razonable.

Pero el riesgo en la montaña siempre está ahí:

Esto no es correr por las avenidas urbanas. Aquí una caída de cabeza bajando Vega Urriellu en Traveserina; una hipotermia en el Roque de los Muchachos por un temporal inesperado en Transvulcania; un tropezón absurdo por no saber moverte en la Cresta de Claveles…pueden acabar mal, muy mal. Y todo eso es parte de este juego.

Por eso, veinte años después de aquel gélido debut en mi pueblo, hoy  pienso que lo importante es pensar las cosas tres veces antes de tomar la salida. Porque en nuestras carreras de montaña no es de recibo salir cuando tu talento no está ese día a la altura de tu ambición; cuando la meteo no está en márgenes de seguridad aceptables (la organización seguro lo sabe mejor que tu);  ni cuando mis condiciones de salud no garantizan que ese día voy a dominar la carrera.

Más allá del tiempo en meta, creo que cuando llego zarandeado y dando tumbos, igual no debía haber salido. Ahora bien, si llego al límite del crono dándolo todo pero dentro del plan, entonces sí, bien hecho. Al menos para mí, vaya,

Recuerdo con enorme cariño Desafío El Cainejo y Canfranc Canfranc 100.

En la meta de Caín apenas me sobraron ocho segundos antes del cierre de carrera, que logré tras un tremendo sprint en los últimos kilómetros, animado y empujado por Blas y Senén  como escobas corriendo a mi vera. Acabé muerto, tirado apenas cruzar meta con la voz de Rubén como un vago eco al fondo y la lente de Angel para retratar el momento.  Había calculado al límite, sí. Pero había calculado bien. Tambien estoy orgulloso de aguantar en carrera bajo el temporal durante la  tremenda Canfranc Canfranc 100 inaugural hasta que la organización neutralizó la carrera por seguridad  y nos declaró finalistas a todos.

Y agí sigo, intentado no ponerme nunca en la salida sin el debido respeto a la montaña, a mí mismo y a esos compañeros que sé que se desvivirán por mí si me equivoco. Por eso, mientras sueño con terminar Travesera de Picos he querido completar antes dos Traveserinas (2024, 2025) que me preparen para la madre de las carreras de montaña,

Esto no va de completar un trazado como sea.

Al igual que en la escalada, lo importante es cómo lo lograste. Así, mientras sueño con esa ballena blanca en Picos de Europa para 2027,  espero podamos vernos en Maratón Canfranc Canfranc el próximo 12SEP. Un paso más en  el camino, pero un paso con entidad propia, que ya me intento currar todo este verano para estar a la altura.

Meta Traveserina tras 8h54m.

MÁS OPINIÓN TRAIL RUNNING:


 

Trail Running técnico o  pistero, en Radio Trail.

 El peligro de renunciar a la montaña real.

Los 30.000 dólares entregados a Philemon Kiriago y Mandalina Florea en la Broken Arrow Skyrace 23K no son una anécdota financiera; sino un potente interrogante sobre el futuro de las carreras de montaña tal y como lo conocíamos. La entrada a golpe de talonario de gigantes del asfalto como Nike o Ironman, tambien en la modalidad Classic del Mundial Trail Running destaca un riesgo presente a corto plazo.

Tomemos hoy las carreras de montaña en Olympic Valley porque creo son el mejor ejemplo del debate entre trail running alpino y pistero: Allí arrancará el próximo finde la Western States 100 miles como perfecto ejemplo del gravel running a gran velocidad propio de EEUU: pero allí se corrió tambien la semana pasada Broken Arrow Skyrace 23k combinando tramos de velocidad con cierta tecnicidad alpina. Si no conoces Broken Arrow, aquí streaming oficial, con nieve y cuerdas fijas incluidas. 

Podcast Radio Trail: Trail running o supercross: El peligro de perder la montaña real.* 

Collado de Salenques (2.807m). Foto Mayayo.

 


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