Lesiones del corredor: Rotura fibrilar, por Angel Morales.

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Las lesiones del corredor son un mundo complejo como pocos, que ademas suele ser por desgracia bastante ajeno en sus necesidades específicas a la medicina general de la Seguridad Social.

Aquí os traemos un resumen sobre una de las más frecuentes y recurrentes en todos los corredores, la rotura fibrilar o “síndrome de la pedrada” como aún se la llama en cierta literatura médica por la sensación física que se produce en el momento de saltar. Gracias a Angel Morales por la exposición.

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Rotura Fibrilar: Qué es y como tratarla. 

Por Angel Morales. 

Nuestros músculos están formados por un gran número de fibras, dispuestas longitudinalmente a lo largo de todo su recorrido, que se contraen o se relajan conjuntamente o por separado, por lo que pueden sufrir más unas que otras. Estas fibras musculares, aunque fuertes, resistentes y muy elásticas, pueden romperse y cuando eso ocurre, estamos frente a una Rotura Fibrilar o Rotura de Fibras.

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Cuando se produce una Rotura Fibrilar, será más o menos incapacitante dependiendo del número de fibras que se hayan roto y del músculo afectado. Si la rotura es microscópica hablamos de agujetas, las cuales se pensó durante mucho tiempo que eran cristales de ácido láctico y, de hecho, de ahí le viene el nombre, de los supuestos cristales que pinchaban como agujas y producían dolor hasta que se descubrió que no eran otra cosa que microrroturas fibrilares, producidas durante la realización de un ejercicio más intenso del que estamos acostumbrados o preparados.

Incluso estando en forma para un deporte como la carrera, y aunque pueda parecer que usamos los mismos músculos que jugando al fútbol, por ejemplo, al hacerlo de un modo diferente y sobre todo al tener que reclutar un mayor número de fibras musculares para un deporte del que no tenemos entrenado su patrón motor o gesto deportivo, es muy probable que también suframos agujetas.

Del mismo modo que con las contracciones excéntricas, más exigentes que las concéntricas para el músculo, realizadas durante un entrenamiento con mucho recorrido cuesta abajo. La zona de unión músculo tendinosa suele ser la más afectada pues es dónde las fibras sufren  más intensamente la tensión de la contracción.

Prevención y recuperación de la rotura fibrilar: Para prevenirlas, solo tenemos que tener esto presente y practicar deporte con cabeza, y para “curarlas”, el agua con azúcar queda claro que no sirve, no se conoce otro método que el de practicar el mismo ejercicio que las provocó pero a una realizado a una menor intensidad, eso nos asegura un aumento del riego sanguíneo local y por tanto del metabolismo en la estructura que limpiará la zona de residuos, disminuirá el edema y acelerará la cicatrización.

La crioterapia (frío local) y los masajes suaves poco profundos ayudarán también en el proceso de recuperación y acelerarán este, pues un músculo con agujetas se encontrará debilitado y lento durante un periodo que puede llegar a las dos semanas, con la consiguiente merma en el rendimiento deportivo.

¿Por qué se produce? Normalmente por un esfuerzo intenso o muy brusco (arrancada, frenazo, salto o cambio de ritmo o de dirección por ejemplo) más allá de la capacidad del músculo, aunque también favorece notablemente su aparición que el músculo esté contracturado, débil y con un metabolismo disminuido ya que va a ser más propenso a “romperse” que uno sano, hidratado y elástico. Claro que un traumatismo directo sobre el músculo también puede romperlo.

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Síntomas: En el momento de la rotura, fase aguda de la lesión, notaremos como síntomas de ésta un dolor muy característico conocido como el Síndrome de La Pedrada y es que sentimos un golpe y un “chasquido”, como si nos hubieran tirado una piedra, y es frecuente que el individuo mire hacia atrás buscando el origen de manera refleja.

Notaremos rápidamente un fuerte dolor y una importante impotencia funcional que hará que detengamos inmediatamente toda actividad deportiva. El músculo se hincha, se inflama, se produce una contractura alrededor de la zona afectada, se nota una depresión a la palpación y, a no ser que la rotura sea muy pequeña o muy profunda, aparecerá un hematoma en las primeras 24 horas.

En una fase más avanzada de la lesión la rotura da lugar a una cicatriz hipertrófica, desordenada y retráctil como todas las cicatrices, y pasaremos de notar en la palpación una depresión a notar un bulto.

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Diagnóstico: Este vendrá por dos vías, por ecografía o resonancia magnética o mediante la palpación y que no encontremos en esta los signos comentados anteriormente no significa que la lesión no exista pues estos pueden verse “camuflados” ante una pequeña o una profunda rotura, o ante una persona obesa.

Tratamiento: Lo primero es parar cualquier actividad física, buscar atención médica con urgencia e intentar no demandar la estructura hasta que nos valore el grado de lesión. Si es una rotura muy extensa el arreglo será quirúrgico pues, al igual que en una fractura ósea, los extremos de la rotura están muy alejados y mediante la operación han de acercarse para que suelden bien.

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En caso de que no sea quirúrgica, empezaremos a tratar la lesión con CRICER (crioterapia, compresión, elevación y reposo) y a partir del tercer o séptimo día, dependiendo de los casos, acudiremos a un terapeuta profesional a que nos trate con sumo cuidado la contractura perilesional mediante masaje decontracturante centrípeto hacia la cicatriz, compresión antiedema y frío local.

A partir de los 10-15 días posteriores, y si la cicatriz se ha empezado a formar,  el masaje aplicado por el terapeuta será poco a poco más fuerte y profundo y así ayudará a evitar adherencias y retracciones propias de toda cicatrización para, finalmente, reelastificar la estructura y que esta no vuelva a darnos problemas pues en caso contrario, aparecerán molestias, contracturas y nuevas roturas provocadas por esas retracciones y adherencias que impidan el correcto funcionamiento del músculo.

Así mismo el terapeuta comenzará un trabajo de estiramientos muy suaves en un principio, muy progresivos, y con sumo cuidado de no abrirnos de nuevo la cicatriz, por lo que es recomendable que nos los realice con esta ya formada para poder estirarla bien y eliminar el acortamiento longitudinal que se habrá producido.

Prevención: Descansar suficientemente, hidratarnos correctamente, llevar una dieta equilibrada, calentando antes y enfriando después del ejercicio, estirar habitualmente y tener claro lo que podemos y no podemos hacer a nivel deportivo nos ayudará bastante a la hora de prevenirlas.

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Info editada por Mayayo Oxígeno para Carrerasdemontana.com